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,
03 , 04 , 05
Esta
edición es dedicada a la memoria de David ben-Ioséf z"l
y a la
sanación plena de Iehudah ben-Masha, Shlomoh ben-Moshéh y
Shelby bat-Laura
Dedica
Matók MiDvásh
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Indice:
* A modo de editorial: El milagro
en nuestras manos
* La armonía judía de razón y
corazón, por Rav Dorón Rosilio
* Los
diez golpes (o plagas) y los Principios de la Fe, por Rav David Meir
* El descenso como mecanismo de elevación,
por Rav Eial Kedmi
* Incidir en el propio destino: manual de
instrucciones, por Netanél Mazor
* Los Trece
Principios de Fe, sintetizados por Rambám (Maimónides)
* NUEVA SECCION:
Esta semana, en el Foro OrTora-Sefarad:
* Acerca del lavado de manos al empezar el día,
una respuesta de Rav Guideon Muzykanski
* APOYA ESTE PROYECTO
Parasháh de la
Semana: VaErá / Shemót (Exodo) VI,2 - IX, 35

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A modo de editorial:
El milagro en nuestras manos
Como cada semana sucede y con
cada parasháh, son muchas las enseñanzas a extraer de
cada faz del texto de la Toráh. Y deseo compartir con vosotros
un elemento que es leit-motiv de todo el proceso iniciado con el libro
Shemót, y que habla de quiénes tenemos verdadera
capacidad de ser.
Al inicio de nuestra parasháh, transmite D's a Moshéh las
promesas que él deberá comunicar al pueblo de Israel:
"vehotséti", y os sacaré del sufrimiento de
Mitsráim; "vehitsalti", y os salvaré del trabajo y el
culto ajeno; "vegaAlti", y os redimiré con señales
inobjetables y maravillas; "velakajti", y os tomaré por pueblo
para ser conmigo. El propósito de todo el proceso es la
conexión entre el Creador y su pueblo: "Y seré para
vosotros E-lokim, y conoceréis...". Asentado ésto desde
la definición de "pueblo" (en hebreo "am", de la raíz de
"im" que es "con"), viene la quinta promesa: "vehevéti", y os
traeré a la tierra señalada para vuestros ancestros, y os
la daré en heredad. Mas se dirige Moshéh a su pueblo, y
éste no se encuentra preparado para atender a grandes palabras
ni al enunciado de propósitos trascendentales. El pueblo sufre
en presente: está "corto de espíritu" y endurecido por el
trabajo. Lo que habrá que reparar previo a una verdadera
redención es, entonces, esa condición del pueblo que todo
lo filtra por la cortedad presente de su espíritu, por el
embrutecimiento a que lo ha sometido la esclavitud, la opresión,
la humillación constante.
Sólo teniendo presente la necesidad de corregir al propio
pueblo, de salvarlo de ese ensimismamiento en que se encuentra sumido,
entenderemos una característica inherente a todo el desarrollo
posterior de la parasháh, que trata de la "negociación"
de Moshéh (en nombre del Creador) con Faraón:
negociación que incluirá los golpes o "plagas" que
habrán de abatirse sobre todo Mitsráim previo a la
liberación.
En primer término, los cayados de Moshéh y de
Aharón, al ser arrojados al suelo frente a Faraón, se
convierten en serpientes, que devoran a los cayados -también
convertidos en serpientes- de los brujos y adivinos egipcios. Luego, el
cayado de Moshéh golpeando las aguas del río Nilo es la
señal que éstas recibirán para mudar de naturaleza
y volverse sangre. Y es Aharón quien extenderá su mano
sobre las aguas de Mitsráim, y emergerá de éstas
la invasión de ranas; extenderá nuevamente su mano sobre
la tierra golpeándola con su cayado, y el polvo se
convertirá en piojos. La invasión de fieras salvajes se
frenará sólo ante el pedido de Moshéh frente al
Creador; la langosta llegará, por su parte, y se irá
más tarde, sin su intervención. Moshéh y
Aharón arrojarán hollín con sus manos hacia
arriba, y provocarán así el golpe de las llagas y
úlceras en la piel de los egipcios y sus animales. Y el granizo
con fuego dentro de sí recibirá la "señal de
largada" al estirar Moshéh su mano hacia el cielo.
Al leer esta sucesión, ¿no surge inmediatamente preguntar
para qué es necesaria esa mínima intervención
humana -estirar una mano, golpear el suelo con un bastón- para
dar inicio a un proceso que revertirá instantáneamente
toda la naturaleza, por encima de cualquier causalidad? ¿Es que
necesita el Creador del gesto de un hombre para mudar la
creación toda?
La respuesta negativa es obvia. ¿Por qué, entonces, se
exige la intervención de Moshéh y Aharón para la
producción de éstos, y de tantos subsiguientes milagros?
Planteemos al menos sólo una faz de la respuesta: el Creador
rige toda la creación, pero las "reglas de juego" indican que,
para la realización de los milagros que vencen a la causalidad y
producen maravillas al servicio de los hombres, es imprescindible que
éstos realicen aunque sea un mínimo gesto, un
mínimo esfuerzo, que los torne socios del Creador en su
ejecución. No hay proporción alguna "razonable a nuestros
ojos" entre estímulo y reacción: un cayado toca el agua
en un punto del río, y todo el río se convierte en
sangre. Pero ese gesto es fundamental, porque asienta la voluntad del
hombre y su disposición de obedecer al designio, de ser socio y
partícipe de la maravilla, de tomar sobre sí el resultado
de la acción.
Esto es válido para todos, en todos los tiempos. El resultado de
nuestros esfuerzos en la vida material no se encuentra en
proporción directa a la cantidad de los mismos: basta observar
en derredor para saberlo. Antes bien, es quiénes somos y a
qué estamos llamados; y es la fuerza de nuestro compromiso con
el Bien y la Verdad, con el manual de instrucciones que provee la
Toráh, lo que nos agraciará a ojos del Creador, lo que
fijará la calidad de lo que hacemos, y en consecuencia, de las
herramientas con que nos tocará contar para nuestro trabajo en
esta vida.
Espero que os sea de enriquecimiento y disfrute el material que hemos
producido para vosotros con amor. Mientras escucháis la
brajáh que os brinda, esta semana, Rav Dorón Rosilio,
y deseándoos un luminoso inicio del mes de Shvát, me
despido de vosotros con brajót,
daniEl I. Ginerman
editor@ieshivah.net
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La
armonía judía de razón y corazón
por el Rav Dorón
Rosilio, ravdoron@banayichzion.com
Honorables lectores, queridos amigos:
Nos encontramos esta semana ya en Mitsráim: en la cúspide
de la opresión, de la esclavitud, la oscuridad, la desesperanza,
la degradación.... todas vivencias, éstas, reunidas en una
única encrucijada de espacio y tiempo: nuestra permanencia en
Mitsráim.
El nombre de Mitsráim sale de la palabra "metsár", que es
el límite opresivo: ese máximo de opresión
angustiante que obliga a desear con fuerza sobresaliente el retorno de
la luz. Es al final de la noche cuando llega la oscuridad a su punto
máximo; nunca está más oscuro que justo cuando
empezará el amanecer. Así como el lucero del alba marca el
inicio de la iluminación, hay un paralelo en las señales
que el espíritu recibe en vísperas de la gran
Redención.
El pasado, el presente y el futuro son herramientas para nuestra
comprensión. No es el tiempo otra cosa que una forma que adopta
la Creación, para hacernos posible el fluir a su través.
Mas en realidad, no hay tiempo: lo que fue es lo que será; de
modo tal que el pasado es guía y paradigma del futuro, y
éste, proyección y oportunidad a partir de lo que fue.
Mitsráim es la opresión de la tempestad que se abate
sobre nosotros con horribles vientos, rayos, lluvias inclementes,
frío atroz.... tras la cual, sólo podrá venir el
fluir calmo y silencioso hacia el más amplio y bello horizonte.
No habríamos sabido de tal horizonte ni de tal calma feliz,
sin la previa tempestad: ¡era forzoso atravesarla!. Tal como tras
los dolores de parto en que la parturienta puede aún sentirse
agonizar, viene, por fin, toda una vida nueva a este mundo.
Mitsráim es la opresión en la garganta y en la nuca,
ejercida por Faraón, por Paróh, que se resiste a liberar
al pueblo de Israel: él sabe que el proceso de la verdadera
Redención, del pueblo de Israel y del mundo entero,
hallará inicio en esta liberación, y busca retrasarla todo
lo posible: evitar que Israel pueda izar la bandera de la fe y que la
verdad del Creador, del D's único atento y regente de toda la
creación, sea progresivamente aceptada por todos, ya por amor o
aún contra la propia voluntad. Pero no está en sus manos
evitarlo, y contra su voluntad, con una gran carga de sufrimiento que
serviría a la difusión de la Verdad, la liberación
tiene lugar, y la Redención de todos ingresa por fin a su proceso
de gestación.
Las dolorosas contracciones aceleran el parto.
Así, también, sucede en nuestras propias vidas, hermanos
míos queridos.
Tenemos una mente que piensa, compleja, aún brillante con
frecuencia.
Y tenemos un corazón enorme, lleno de sentimientos y deseos.
Y ambos se conectan a través del estrecho conducto del cuello.
Si esa conexión no existe, la mente y el corazón operan
por separado, y nuestra personalidad se divide, se desintegra:
aún somos capaces de pensar y hablar acerca de cuestiones
elevadas, sublimes, y no obstante, ser en nuestros actos bestias que se
revuelcan en un pantano de apetitos dementes.
Pero si articulamos la conexión, armónica y correcta,
entre ambos extremos, nos volvemos completos, capaces de plenitud,
bellos, verdaderos, y fluimos con felicidad sin contradicciones ni
conflictos internos. ¡Esta es la conexión que quiso
Faraón estrangular!
Así como requerimos de una composición musical
completitud, "que cierre" armónicamente, también de
nuestras propias vidas debemos exigir la plenitud. Y disponemos de las
herramientas hábiles para merecerla y construirla. No tendremos
respiro si no caminamos hacia la completa plenitud del alma.
¡Debemos salir de Mitsráim hacia el espacio abierto!
Y no hay felicidad como la de la resolución de todas las dudas;
no hay felicidad como la que se vive desde la verdadera certeza.
El corazón es la madre de nuestra vida: opera la piedad, el
afecto, la emoción; y es por tanto el fundamento silencioso y
amable del hogar, en el que todo lo rige con dulzura y sutileza. La
mente es el padre: la administración y la dirección
cerebral necesaria también en nuestra vida.
Esto no es imaginación, hermanos queridos: ¡somos nosotros!
Es tiempo de salir al camino, unir cerebro y corazón, verdad y
deseo, camino a la plenitud.
Salid de la opresión rumbo a la libertad, al espacio abierto,
desde el que se ve claro el horizonte.
Basta ya de conflictos internos, de argumentos íntimos
rebuscados, de multiplicidad de valores contradictorios. Basta de hacer
pactos con la supuesta "realidad". No a la muerte. Sí, a la
verdadera vida. Como está escrito: "Y elegirás la vida", y
se nos enseñó cómo se hace, cómo felizmente
hacerlo y ser lo mejor que podemos ser.
¡Shabát
Shalóm!
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Los diez golpes (o plagas) y los Principios
de la Fe
por Rav David Meir ravmeir@banayichzion.com
En la parasháh de esta semana, VaErá, tienen lugar las
diez plagas o "makót" (cuya mejor traducción es "golpes")
que D's aplica a Mitsráim previo a liberar al pueblo de Israel de
la esclavitud. Acerca de ellas, leemos en la Hagadáh de
Pésaj que Rabí Iehudáh las nombraba por sus
iniciales, divididas en tres grupos del siguiente modo: detsá"j
adá"sh beajá"b.
Y vale la pena hurgar en el sentido de este peculiar modo de agrupar y
clasificar los diez golpes que precedieron a la redención,
referidos a tres principios fundamentales de la fe judía, que
encabezan los "Trece
Principios de Fe" sintetizados por Rambá"m
(Maimónides).
Empecemos por analizar el primer grupo, que incluye los tres primeros
golpes o "plagas": dam (sangre), tsfardéa (ranas), kiním
(piojos). El denominador común de todos ellos está en su
capacidad de reflejar el primero de los principios de nuestra fe: D's,
el TodoPoderoso, creó el mundo ex-nihilo (a partir de la nada), y
renueva su creación a cada instante y cada día, y
sólo por ello el mundo tiene existencia hoy. D's recrea el mundo
en todo el tiempo, de modo tal que las características de cada
componente de la creación dependen de Su exclusivo arbitrio, y
las maneja de acuerdo a Su decisión. Al anunciar la sangre,
dice la Toráh: "con ésto sabrás que yo soy D's",
tras lo cual, llega el golpe: el agua muda completamente de naturaleza
para adoptar la de la sangre, con glóbulos rojos y blancos, sin
relación alguna con su naturaleza anterior.
Lo mismo sucederá durante el golpe de las ranas o
"tsfardéa". Dicen nuestros sabios acerca de la expresión
"y subió el tsfardéa" (que aparece en singular en la
crónica de la Toráh), que cuando mataban a una
salían de ella grandes cantidades de nuevas ranas, de modo
completamente ajeno a la naturaleza reproductiva de la especie,
representando otra demostración de creación ex-nihilo de
una realidad nueva que escapa a toda lógica causal. Otro tanto
vemos en el golpe de los "kiním" (piojos), donde es el mero polvo
de la tierra el que cambiará de naturaleza para tornarse multitud
de estos pequeños animales asolando la tierra toda. Tres
operaciones que vienen a afirmar el mensaje único del primer
principio de fe de la Toráh: el Creador es Uno, todo lo puede, y
renueva la Creación de acuerdo a su arbitrio; dueño de la
naturaleza, nada escapa a Su supervisión y determinación.
Tras las primeras tres, llega el segundo grupo definido por Rabí
Iehudáh: "aróv" (mixtura de animales salvajes),
"déver" (peste que afecta al ganado y animales
domésticos), y "shjín" (llagas y úlceras en las
personas). Cuando las fieras salvajes, dice D's en la Toráh: "Y
distinguiré en ese día la tierra de Goshen" (en que
residía el pueblo de Israel), que no será afectada por las
fieras, "para que sepas que yo Soy D's en la proximidad de la tierra" (o
sea, que "afecto directamente a la tierra"). Así sucede con la
peste del ganado: "Y distinguió D's el ganado de Israel del
ganado de Mitsráim"; y así también con la
siguiente: sólo la piel de los egipcios se vería afectada
por las úlceras y las llagas terribles.
Tres instancias que vienen a enseñar la continuación del
principio de fe ya estudiado, a través de señalar que el
Creador rige efectivamente el destino de todas sus creaturas, incide,
dictamina y supervisa directamente la existencia global y la de cada
quien, desde una lógica sólo penetrable desde la
sabiduría de la Toráh.
Llega entonces la tercera serie: "barád" (granizo combinado con
fuego), "arbéh" (la langosta), "jóshej" (oscuridad), y
"bejorót" (la muerte de los primogénitos), que vienen a
completar el primer principio de fe: "sólo El hizo, hace y
hará", en definitiva, "todo lo que tiene lugar en la
Creación". Dice D's al anunciar el granizo: "para que sepas que
no hay" otro "como Yo", sentencia que se repetirá ante la
langosta y ante la oscuridad, y en su cúspide, en la muerte de
los primogénitos de Mitsráim.
Viene la lectura de Rabí Iehudáh a enseñarnos que,
antes de la gran Redención, procede el Creador a refutar, anular
de modo incontestable, hasta el último vestigio de la
idolatría de Mitsráim, enseñando para la posteridad
que es en la Toráh donde se hallará la verdad, porque no
hay otra potencia verdadera a la que acudir que no el Creador, Sagrado,
Bendito sea, que nos ha concedido el conocimiento de Su Ley y Su Verdad
para todas las generaciones.
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El descenso
como mecanismo de elevación
por Rav Eial Kedmi, raveial@banayichzion.com
Toda persona sabe que en
su vida se alternan los ascensos y los descensos; todos podemos percibir
fácilmente que así funciona la naturaleza del hombre, y
"subimos" y "bajamos" sin cesar. Y muchas veces, la magnitud de los
descensos es tal que pone en riesgo nuestras certezas, nuestra fe,
nuestra solidez, nuestra armonía.
Explica Rabi Najman de Breslev que todo ascenso exige un descenso
previo. Que para todo ascenso, para todo crecimiento, para todo cambio
positivo de etapa, es imprescindible el retroceso, el descenso, la
caída previa, que concederá la fuerza y el mérito
para la "subida" que le sigue.
Debemos saber, por tanto, que no descendemos, no caemos, sino por
requisito del nuevo progreso, de la nueva ascensión. Sólo
para recibir bien nos vemos forzados, a veces, a sufrir en propia carne
formas del mal. De tal modo, explica Rabi Najman que toda caída,
toda dificultad extra, todo precio vital que nos sabe desmesurado, debe
ser tomado como herramienta de adquisición de un bien mayor, una
luz más alta, que ha dictaminado D's para nosotros.
Si "trabajamos" nuestra vida desde la actitud que la Toráh nos
indica, de toda experiencia de apariencia negativa saldremos reforzados
en nuestra fe, y hallaremos la sintonía correcta para tomar la
oportunidad de "ascenso", de crecimiento, de recomposición
-tikún- superior a que el aparente mal hace lugar. Y no
habrá ya experiencia alguna de este mundo a cuyo través
uno pueda no enriquecerse y hacer más fuerte y evidente la
conexión que le une, en cada instante, a través de la
Verdad al Creador.
¡Shabát shalóm!
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Incidir en
el propio destino: manual de instrucciones
por Netanél Mazor, netanel@banayichzion.com
La realidad del Creador es inasible a
sus creaturas, desde que nuestras limitaciones nos tornan incapaces de
percibir el Absoluto. Por consiguiente, D's se revela ante el mundo
desde sus distintas "bejinót" o cualidades perceptibles. Entre
estas "bejinót", se encuentran los opuestos complementarios de
"Rajamím" (la entrega, la misericordia, la piedad) y "Dín"
(el rigor, el juicio); a cada una de ellas corresponderá,
entonces, uno de los nombres que atribuimos al innombrable Creador.
En nuestra parasháh, nos ocuparemos de la presencia de los
nombres correspondientes a estas dos bejinót: el nombre E-lokim,
correspondiente a la bejináh de Dín, y el nombre de cuatro
letras que leemos Adon-i, que refiere a la bejináh de
Rajamím.
Al inicio mismo de la parasháh, aparece D's revelándose
desde el Dín; desde el juicio, el rigor: "Y habló E-lokim
a Moshéh". A la culminación del mismo versículo, no
obstante: "y le dijo Yo soy Adon-i", manifestándose en la piedad
y la bondad de Rajamím. Ante esta peculiaridad, vale
preguntarnos: ¿Qué está expresando el Creador en su
mensaje a Moshéh?
El "Or HaJaím" explica este versículo como respuesta a la
pregunta que formulara Moshéh en la parasháh de la pasada
semana: "¿Por qué hiciste (pasar) mal a este pueblo?". A
esta pregunta, una respuesta que indica de qué modo es conducido
el mundo, y cada una de sus creaturas, a manos del Creador.
Releyendo el primer versículo de nuestra parasháh, parece
venir el Creador a decir: "¿Cómo refieres a mí toda
actitud que produzca mal a los hombres? ¿No ves que soy el
Bien, que es a través de la Piedad que me manifiesto?". Con el
inicio de la frase, está aclarando que es desde el rigor que debe
funcionar todo en un inicio; con el final, que en la misericordia y la
bondad se funda en realidad la conducción del mundo.
El "Or HaJaím" no se contenta aún, y trae aquí
distintos ejemplos del Taná"j (de la Toráh, los Profetas y
los Escritos), desde los que demuestra que en cada ocasión en que
recibe alguien un castigo, hay un mal originado en sí mismo, que
le precede. De algún modo, todo mal que alguien sufre, tiene
origen en sus propios actos; o es necesario por alguna cualidad que le
es propia, y se trata de una prueba a pasar para hacerse acreedor a su
más elevada porción de bien.
Dice a Moshéh el Creador: El mal, el sufrimiento, los atrae el
hombre hacia sí, ya con sus actos, o con lo que habrá de
corregir en su naturaleza, en sus inclinaciones, para hacerse acreedor
al Bien que, éste sí, nace de mí. Es el hombre el
que se hace zancadillas a sí mismo y atrae sobre sí el
mal, y no puede protestar ante D's por ello.
Del otro lado, si tomamos el "manual de instrucciones" de que
disponemos, si cumplimos la voluntad del Creador y, desde la Verdad,
ejercemos el Bien; si nos conducimos desde el amor al Creador y la
verdadera sujeción a la sabiduría superior que El puso en
nuestras manos, nos tornaremos aptos para recibir de retorno el Bien, no
ya desde su Piedad, sino también desde el Dín, desde el
Juicio superior que dictamina nuestra vera condición.
De acuerdo a estas bases funciona, seamos o no conscientes de ello, lo
aceptemos o no, la vida; con ella, la construcción de nuestro
destino. Como la sombra, que proyecta a nuestros ojos nuestros propios
movimientos, así también nuestras acciones, pensamientos,
dichos y aspiraciones, proyectan desde nos nuestro destino.
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Iud"guimel Ikarim
"Los Trece Principios de Fe",
fijados por Rabi Moshé Ben Maimón -Maimónides-
Versión en español:
Daniel I. Ginerman
Yo creo con fe absoluta
que el Creador, Bendito sea Su Nombre:
1 ... Es creador y rector de toda la Creación y solo El hizo,
hace y hará todos los actos de la Creación;
2 ... Es Uno y no hay de ningún modo ninguna otra unidad
más que la de El; y sólo El es nuestro Dios y fue, es y
será;
3 ... No tiene cuerpo ni puede ser concebido en términos
corporales y no tiene ninguna semejanza con nada;
4 ... Es anterior a todo lo creado y existirá posteriormente a
todo;
5 ... Sólo El es digno de que le dirijan plegarias y fuera de El
no hay quien sea merecedor de plegaria;
Yo creo con fe absoluta que:
6 ... Todo lo que han dicho los Profetas es verdad;
7 ... La Profecía de Moshé, nuestro Maestro, que en paz
descanse, fue verdadera y que él fue el mayor de los Profetas,
tanto respecto de los anteriores como de los posteriores a él;
8 ... Toda la Torá que se halla actualmente en nuestras manos es
la misma que fue dada a Moshé, nuestro Maestro, que en paz
descanse;
9 ... Esta Torá no será cambiada jamás y que
no habrá otra Torá del Creador, Bendito sea Su Nombre;
Yo creo con fe absoluta que el Creador, Bendito sea Su Nombre:
10 ... Conoce todos los actos de los seres humanos y todos sus
pensamientos, como está dicho: 'El que ha creado juntamente sus
corazones conoce todos sus actos';
11 ... Recompensa a quienes observan Sus preceptos y castiga a quienes
violan Sus preceptos;
Yo creo con fe absoluta:
12 ... En la venida del Mashíaj y aún cuando se demorase,
de todos modos lo esperaré hasta el día que llegue;
13 ... Que los muertos resucitarán cuando sea la voluntad del
Creador, Bendito sea Su Nombre, y se exaltará Su recuerdo para
siempre y por toda la eternidad.
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"Matók MiDvásh" es el
primer paso hacia la puesta en marcha del proyecto
"Ieshivah.Net / EstudiosJudios.Net", del que comparten
responsabilidad las instituciones Banáij Tsión de Jerusalem y Patrimonio
Sefardí. Nacido de la vocación de expandir y
compartir la belleza de la Toráh y la fuerza de la verdad, se
apoya puramente en trabajo voluntario.
Hoy, llegamos con este material a casi 8.000 lectores registrados, y la
cifra crece cada día. Crecen también el foro, la
producción de contenido, la dedicación de un grupo
creciente de rabinos y hombres de Toráh que se comprometen con el
proyecto. Mañana, nos proponemos dictar clases online en tiempo
real, crear aulas virtuales, producir espacios de radio y un fondo
editorial; seguir creando herramientas de apoyo al crecimiento
espiritual de todos, desde nuestra cotidianeidad dedicada al estudio y
el goce de la verdad.
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vocación de bien por primera inmediata respuesta.