אור חורת בקורות לבו של האדם

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jueves, 5 de junio de 2014

Matók MiDvásh #33 - Shlaj-Lejá 5765 - Con la mano y con la voz: Ser dignos de llamarnos Israel

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXIII
Siván 5765, Parasha't Shláj-Lejá, desde Jerusalem
Edición dedicada a la Revelación de Luz y Verdad a los ojos de todo Israel
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Con la mano y con la voz: Ser dignos de llamarnos Israel
disfruta la clase "Tefilah (VI): Sin conocimiento, ¿cómo sabría qué agradecer, y qué pedir?" que dimos ayer: 
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Javerím, queridos amigos, Shalóm:
En la parasháh de la semana pasada, Miriam, hermana de Moshéh, es castigada por utilizar mal su capacidad de hablar. Hay castigo, explicación, perdón y moraleja. Tendemos a creer que sobre tales bases, el pueblo de Israel cuenta ya con la formación necesaria para no volver a caer en la profanación del habla, con la que tanto daño puede hacer.
Y sin embargo, al inicio de nuestra parasháh (Shláj-Lejá, Bamidbár -Números- 13:1 a 15:41), hallamos que Moshéh envía "espías", de entre los hombres de más elevada posición dentro del pueblo de Israel, a que investiguen la Tierra que habrán de conquistar: "Y veréis la tierra qué es, y el pueblo que reside sobre ella, si es fuerte o débil, si es poco o mucho (.....)". Algo sucede con estos espías: diez de los doce se manifiestan de un modo que contradice las expectativas de Moshéh. Y mucho han debatido al respecto nuestros sabios.
Diez de los espías expresan que la tierra es "továh", buena, que efectivamente mana leche y miel, que sus frutos son magníficos.... pero -dicen- sus pobladores son gigantes poderosos, están armados y viven en fortalezas, y no tiene Israel oportunidad alguna de vencerles. Diez de los espías apuestan por la decepción y dicen: "no podremos". Los otros dos, Iehoshú'a bin-Nun y Kalév ben-Iefunéh, reponen que la tierra es "továh meOd meOd": "muy muy buena". La Tierra prometida por Hashém no solamente tiene la cualidad de "továh"=buena, sino que es también "meOd".
¿Cuál es la distancia entre "továh" y "továh meOd"?. Cuando la Creación (Bereshít -Génesis- 1), ante cada nuevo elemento que se suma al orden, leemos "vaiár E-lokím ki Tov": "y vio el Creador que Bien", vio Hashém que estaba bien lo creado, y era adecuado; y procedió entonces al paso siguiente. Es recién al cabo de los seis días de creación completos, cuando todo se encuentra ya en su sitio y falta solamente dotarle de luz sagrada, que está escrito (Bereshít -Génesis- 1:31): "(...) vehinéh Tov MeOd (...)": y he que es "muy bueno": es la completitud; es la cúspide de la materia, lista a recibir la presencia de Hashém. Y entonces, comienza el shabát de la Creación.
"Tov MeOd", ahora podemos entenderlo, es la Tierra de Israel, la cúspide de las tierras de la Tierra; lista a que Israel y su Toráh ingresen en ella a completar el tikún, la enmienda de la Creación a que estamos llamados, tornando la materia en herramienta para el trabajo del alma.
Volvamos entonces a nuestro tema. Hay quienes acusan a los diez espías de traición, por haber puesto especial acento en el poderío militar de los pueblos que habitaban nuestra tierra. Mas: ¿no les había sido pedido reportar también la situación militar? Mal se los puede acusar por ello. ¿Dónde se encuentra, entonces, la traición a su misión?
Enseña el Shal"áh haKadósh que la novedad que los espías debían revelar era que "la conquista de la Tierra de Israel no podría ser realizada por medios naturales". Esto es: que sólo contando con la continuación de un discurrir milagroso de la realidad, cual aquél a que estábamos habituados en nuestro tránsito por el desierto, sería posible recuperar la tierra de manos de quienes la habían tomado durante la ausencia de Israel.
De tres modos dirige Hashém la Creación: a través de lo que conocemos por "naturaleza" (el discurrir "natural" de las cosas); a través de milagros "velados" (modificaciones no "naturales" de la realidad, pero que admiten explicación a ojos de los hombres); y a través de milagros "revelados" (cuando inobjetablemente, lo que sucede es milagroso). A través de milagros revelados habíamos salido de Mitsráim, y por milagros revelados se nos daba la vida en el desierto: el mán por alimento, el pozo de agua que nos acompañaba;  la columna de nube y la columna de fuego determinando ritmo y rumbo del viaje. Se nos había anunciado que "una vida sostenida únicamente en milagros" no sería posible ya, una vez que ingresáramos a nuestra tierra.
La novedad que debían portar los espías era (es) precisamente esa: es imposible conquistar, cada día, la Tierra de Israel, contando únicamente con lo atribuible a la naturaleza, con lo que son capaces nuestras manos. Es imposible que arribe Ia'acóv a la condición de Israel, si Hashém no incide de modo manifiesto para que tal ocurra.  Y la Tierra de Israel, que es "Tov MeOd" como la víspera de shabát, nos ha sido prometida. La novedad es ese tercer estrato, intermedio, que ahora sabemos, y que los espías debieron deducir de cuanto vieron: si es cierto que por nuestros propios medios será imposible conquistar la tierra (y se nos ha dicho que, en ella, los milagros revelados dejarán de acompañarnos), entonces, es necesario un estado de la "Hashgajáh", de la Supervisión de Hashém sobre la Creación, que aún no conocemos: ese estado en el que permanentemente ocurren milagros, permanentes maravillas y portentos, todo el tiempo eventos que contradicen el pronóstico natural; mas ocurren de modo tal que sólo el ojo sutil los advierte, y sólo el alma sagrada los goza.
Así, entonces. Así, hoy. Los espías traicionaron al pueblo al responder: "militarmente no podremos"; al bastarse con ello, y no someter la naturaleza a la expectativa de la fe. Así, hoy. Hay quien, ciegamente, cree que es posible vivir en la Tierra de Israel (ser Israel) sin los milagros que se producen en ella cada día. Hay quienes creen que es cuestión de hombres, de fuerzas e inteligencias humanas, la permanencia en esta tierra. Y cada día, cuando los espías traicionan la verdad, lloramos el exilio y la destrucción que producen con sus bocas y sus manos. Y cada día, cuando observamos el milagro cotidiano, nos llenamos de alegría y alabanza, de gratitud y de certeza, y comprendemos más claramente la necesidad de estudiar, de entender bien, y de compartir el amor por la Verdad.

Como aprendimos en la haftaráh de la pasada semana, en Zejariáh -Zacarías- 4:6:  "(...) Pues no con milicia y no con fuerza, sino con Mi Espíritu, dicho Hashém".  Sea Su voluntad que seamos capaces de comprenderlo, de advertirlo, de ejercerlo. De ser dignos de llamarnos Israel.
Con vosotros mis brajót, desde Ieshivah.Net,


daniEl I. GinermanEditor

Matók MiDvásh #32 - Beha'alotjá 5765 - Encender en el suelo las candelas del cielo

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXII
Siván 5765, Parasha't Beha'alotjá, desde Jerusalem
Edición dedicada a la Revelación de Luz y Verdad a los ojos de todo Israel
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Encender en el suelo las candelas del cielo
disfruta la clase que "Tefilah (V): Porque Tú Eres Sagrado, y también yo" que dimos hace pocas horas: 
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Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Comienza diciendo nuestra parasháh: "Habla a Aharon y dile: cuando eleves las candelas hacia el cuerpo de la Menoráh, brillarán las siete candelas" (Bamidbár -Números- 8:2). Comenta al respecto Rabí Aba, en el Zohar: "Cuando el Cohén se disponía a encender las candelas abajo" (o sea, en el mundo material), "y ofrecía el incienso sagrado, al mismo tiempo brillaban las candelas superiores" (en el mundo espiritual), "y ambos mundos se unían y se entrelazaban, y había una gran alegría y belleza en todos los mundos".
Repasemos la situación: El mundo material que conocemos y el mundo superior, espiritual, están en íntima relación. De hecho, toda nuestra misión fundamental en la vida consiste en unirlos, en consagrar la existencia material para hacerla indivisiblemente unida a la existencia espiritual.
Cuando no comprendemos por qué nos "sucede" lo que nos sucede en nuestra vida, tendemos a creer en un determinismo "unívoco", en cierta forma de causalidad en la que Hashém decide por nosotros, y nada queda en nuestras manos por hacer. Tal argumentan, con frecuencia, aquéllos cuya fe se ha debilitado: "Hashém no tiene tiempo para fijarse en cada uno de nosotros", "¿Por qué le importaría mi vida individual a Hashém? El se ocupa de cosas mucho más grandes". Tal he oído que erran. A ellos viene nuestra parasháh a responder: cuando el Cohén (el sacerdote) enciende el candelabro del Templo aquí, en nuestro mundo material, sólo entonces, se encienden las candelas en el Templo Superior. Y el tema exige mayor explicación.
Hemos aprendido (Midrash Tanjuma, Vaietsé, 3) que, cuando realizamos una mitsváh, cuando conectamos nuestro tiempo con lo sagrado a través de "actuar" uno de los preceptos de la Toráh, un ángel "bueno" nace para asistirnos en los mundos superiores. Hemos aprendido que, cuando incurrimos en la ira que nos ciega, en la cólera que pone a todo nuestro mundo de color rojo y nos arde en el corazón, destruimos nuestra propia obra en lo alto. Hemos aprendido también que, cuando el pueblo de Israel tenía tras de sí al ejército de Mitsráim comandado por el propio Faraón, y no tenían escapatoria posible, Hashém les proveyó el milagro de que las aguas del Mar Rojo se partieran a su paso. Mas para que ello sucediera, fue necesaria la circunstancia habilitante, el gesto de invocación de Moshéh, que hundió su cayado en las aguas del mar. Y no sólo ello, sino que nada hubiera ocurrido si Najshón ben-Aminadáv, aún viendo al mar profundo y bravo, no se hubiera atrevido a adentrarse en él, a dejar que el agua le tocara las rodillas, le llegara a la cintura, le cubriera el abdomen y luego el pecho: cuando el agua le llegó al cuello, el mar, por fin, se empezó a partir.
La fe de Najshón venció a la resistencia de las aguas, que no tenían deseo alguno de partirse. Mas cierto es que la fe de un hombre puede mover montañas. Y por eso aprendimos también que, con frecuencia, toca a los justos, a los grandes tsadikím, sufrir lo que individualmente no merecen, para "expiar" las culpas de toda una generación. Preguntaremos: ¿que significa "expiar las culpas"? Y responderemos: cuando un hombre actúa mal, contra la Toráh y contra la enmienda de la Creación, modifica la realidad colectiva: apaga las candelas abajo, y por consiguiente, se apagan las candelasarriba. De igual modo, aprendemos en Ialkút Shim'oní sobre VaEtjanán: ""no pueden, los ángeles del servicio, decir su canto arriba, hasta que Israel dicen su canto abajo". Es la acción de los hombres en su mundo, la que habilita la acción de las existencias superiores en el suyo.
Nuestra parasháh nos enseña el orden vital del pueblo de Israel, unido, cuando el Arón, la estructura que protege y porta las Tablas del Pacto, se encuentra entre ellos; cuando el espíritu de la Toráh se halla en ellos. Durante el día, una nube cubrirá el Arón. Y durante la noche, una apariencia de fuego. Y serán esa nube, y esa apariencia de fuego, las que instruirán también el momento de acampar y el de levantar campamento, y el rumbo a tomar cuando se emprende camino. La bendición de Hashém está concedida, y el camino signado; mas sólo será efectivo si los hombres activan físicamente los mecanismos habilitantes para recibir la bendición.
Gran parte de nuestra parasháh hablará del Arón Sagrado: es a su través que se manifestará Hashém directamente hacia el pueblo de Israel. Ahora en el desierto, saldrá la voz de Hashém de entre los querubím, dirigida a Moshéh. Más tarde, será el mismo Arón el que acompañará a Israel a los distintos campos de batalla, y su presencia producirá el desenlace favorable, una y otra vez, incolucrando a los ejércitos de lo Alto en una guerra que, aún sagrada, tiene lugar en lo bajo.
Leemos, en los comentarios del Ar"í HaKadósh al Zohar de parashát Bereshít, que se esconde un gran secreto entre la palabra "Arón", que denomina al tabernáculo en que se guardan las Tablas del Pacto, y la palabra "Norá", que denomina a la manifestación de Hashém cuando se revela en acción sobre este mundo (he hallado esta cita en el libro "Mima'amakím" de Rav Alexander Arieh Mendelbaum).
En hebreo, "Arón" y "Norá" se componen de las mismas letras, sólo que en orden inverso. La manifestación del "Norá" requiere, para ser recibida, de un recipiente perfecto entre los hombres; requiere que los hombres estemos preparados para recibir y activar la Luz que se vuelca en nosotros. Y el Arón, es el paradigma de esa antena que ha de residir en la acción de los hombres.
"Norá" es manifestación del lazo inquebrantable que une al Creador con su Creación, proyectado en la relación íntima que sostiene Hashém con Israel. Su mayor reflejo es, acaso, el "sueño" de Ia'acóv (Bereshít -Génesis- 28:12): "Y soñó, y he una escalera apoyada en el suelo, y su cabeza" (de la escalera) "llega hasta el firmamento". Esa es la escalera que están, nuestros propios actos, llamados a erigir.
Para terminar: en la clase que dimos esta tarde en el Beit-Midrásh de Ieshivah.Net, hablamos de la tercer brajáh de nuestra principal plegaria: Shemonáh Esréh. Esta tercer brajáh, en la que nos dirigimos a la cualidad de "Norá" del Creador, dice: "Tú Eres Kadósh, y Tu Nombre Es Kadósh, y los Kedoshím..."; para aludir a la condición de "Norá" del Creador, invocamos Su cualidad de "Kadósh", de sagrado, de apartado de lo profano. Y tan importante como ello, hablamos en iguales términos de nosotros mismos, en nuestra vocación de Bien y Verdad, llamándonos "Kedoshím": sagrados.
Y es que, sólo cuando nuestra propia acción nos vuelve "sagrados", tenemos capacidad de recibir el "shefa", el flujo de la Luz de Bien y Verdad que Hashém vierte sobre nosotros, desde su cualidad de "Norá". Sólo cuando somos sagrados, nos volvemos aptos para que Hashém se manifieste ante nosotros y nos bendiga. Sea Voluntad de Hashém que seamos capaces; que la sabiduría de la Toráh ingrese en nuestros corazones; que sepamos sostener, desde el suelo, el pie de la escalera cuya cabeza se afirma en el cielo.
Mi brajáh para vosotros, y el deseo firme de que Ieshivah.Net y toda la labor que allí desarrollamos les sea de crecimiento y disfrute,
daniEl I. GinermanEditor

Matók MiDvásh #30 - Bamidbár 5765 - Excursión al desierto, o cómo descubrir un camino de certezas eficientes

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXX
Iár 5765, Parasha't Bamidbár, desde Jerusalem
Edición dedicada a la elevación del alma de Golda bat-Shraga, y al Shalóm sin mella para todo quien se sabe y se quiere Israel
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Excursión al desierto, o cómo descubrir un camino de certezas eficientes
disfruta la clase que dimos, hace justo un año, en parashát Bamidbár
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Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Hemos culminado el libro Vaikrá -Levítico-, y nos disponemos a ingresar, en nuestra lectura anual de la Toráh, al libro Bamidbár -Números-, la verdadera traducción de cuyo nombre es: "en el desierto". El "midbár" es el lugar en que se cocinará el "davár", la "palabra" y la "cosa": el nuevo discurso vital de Israel, en el verbo y la acción.
Días atrás, escuché el siguiente relato en una clase de Rav Iosef Najum Shtrom: El Admúr de Pittsburgh subió cierto día a un ómnibus y vio con extrañeza que, tal como frente al chofer había un volante, había otro volante frente al asiento que se encontraba a la derecha del chofer. Perplejo, consultó qué sentido tenía que hubiera dos volantes en el ómnibus, cuando sólo un chofer podía conducir. Le respondió el chofer: "Tengo un hijo hiperactivo, que siempre me pide que le permita conducir; a veces, se arroja incluso sobre el volante, y temo que logre desviar el ómnibus. De modo que solicité a un mecánico que me instale ese otro volante. Cuando mi hijo viaja conmigo, se sienta en ese asiento. Yo conduzco el ómnibus. El mueve el volante, también, para uno y otro lado a su antojo; y cree que está conduciendo".
Tal como la del niño hiperactivo en este relato, es la situación de muchos hombres en nuestro mundo. Creen tener potestad y herramientas eficaces para determinar hacia dónde se debe dirigir la realidad, y para conducirla hacia allí; y se aferran a un volante de juguete que mueven frenéticamente hacia uno y otro lado, sin descanso, sintiéndose los conductores del ómnibus.... Cuando el camino es agradable y las estaciones en que descansa son placenteras, el supuesto conductor se enorgullece de sus propias habilidad y fuerza. Cuando, Hashém nos libre, ocurren accidentes, el "conductor" se siente culpable y frustrado, se entristece y se deprime.  Muchos hay que no salen jamás de esa ilusión ciega: "El hombre es guiado hacia el camino que él mismo desea recorrer", citan a Rabí El'azár en el Tratado de Macót 10b, y a quien no desea despertar, el Creador no acude a interrumpirle la ilusión.
No obstante, barúj Hashém, en la historia y en la vida hay puntos de inflexión; y personas y circunstancias cuyo mérito los produce.
Entonces, sucede de pronto que el conductor iluso dobla su volante hacia la derecha, y el vehículo, desobedeciéndole, continúa su camino hacia delante o dobla en sentido contrario. El conductor acelera y el vehículo frena, o viceversa. O aparece una multitud de volantes distribuidos por todas partes, todos iguales, y todos con pretensiones de control. O desaparecen todos los volantes, y no por ello detiene el vehículo su marcha segura rumbo al destino correcto. Entonces, tras el primer instante de estupefacción, la ilusión del hombre evanesce, y tiene una oportunidad única de despertar a la Verdad.
El libro Bamidbár, en que nos adentramos a partir de esta semana, es el eje que nos prevendrá y nos guiará para no caer en la vana ilusión de decir "Mi fuerza y el vigor de mi mano hicieron  para mí esta riqueza" (Devarím -Deuteronomio- 8:17). Hasta ahora, el pueblo de Israel ha vivido únicamente en régimen de milagros: con maravillas y portentos fuimos liberados de Mitsráim, cruzamos el mar Rojo por tierra seca y recibimos toda la riqueza del ejército egipcio por botín; recibimos agua y alimento desde la rutina de un milagro cotidiano; oímos al Creador hablarnos al pie del Monte Sinai; recibimos la Toráh; y de igual modo sorteamos obstáculos innumerables. No cabía modo de dudar acerca de quién Es el verdadero conductor del vehículo... y no había excusa posible para incurrir en la tentación de la duda.
A partir de ahora, la situación comenzará a tornar hacia una vida distinta. En Bamidbár, comienzan los preparativos que nos llevarán por fin a ingresar a la tierra de Israel, donde deberemos empeñar esfuerzo propio para merecer la cosecha de cada año; donde deberemos luchar contra nuestros enemigos empuñando armas en nuestras manos; donde deberemos, por fin, asumir responsabilidad por nuestro destino. Hasta ahora, en la primer etapa de nuestro tránsito por el desierto, fuimos conducidos por un "chofer" que se reveló ante nosotros y nos dijo: "tú, siéntate tranquilo y descansa; yo te llevo a casa y te proveo todo lo necesario para el viaje". A partir de ahora, la situación cambiará.
Acaso ésto suene contradictorio. ¿Es que a partir de ahora sí pasará a estar, efectivamente, el volante en nuestras manos? No; en modo alguno: el Creador dirige la creación, y el destino de cada una de sus creaturas. Mas si bien "sostener el volante" y fijar el rumbo no será nuestra función en la vida, hay en cada instante, en cada palabra, cada pensamiento, cada acción, una herramienta puesta en nuestras manos para incidir en el recorrido: en cómo será el viaje, en cómo arribaremos a destino, y aún, en la determinación de a qué destino nos tocará a cada uno arribar.
Nuestra parasháh dedica gran atención a ingredientes formales y terrenos de nuestra preparación para el cambio. Tiene lugar en ella un censo peculiar del pueblo de Israel. Asimismo, se dispone la formación en que continuarán su camino por el desierto, cada familia unida bajo su propio estandarte y organizada de acuerdo a la función que le corresponde en el contexto del pueblo todo. Comienza, en fin, a dibujarse una estructura que permitirá, a partir de la Toráh, que retengamos la especial supervisión y protección del Creador, y su guía y ayuda permanente.
El sentido último de todo ésto y cuanto le seguirá es enseñarnos la medida correcta de nuestra "hishtadlút", de nuestro esfuerzo. Tal como dijimos más arriba: "El hombre es guiado hacia el camino que él mismo desea recorrer": ahora, debemos aprender cómo manifestar nuestro deseo de recorrer el camino y qué hacer por merecerlo, para que el Creador complete por nosotros la obra que intentan nuestras manos.
Respecto a cómo debemos actuar, en lo sucesivo, para que la tónica milagrosa de la vida se sostenga en nuestros días, acude a decirnos  Rabi Janina (Tratado de Brajót 33b): "Todo está en manos de Hashém, menos el temor (la conciencia Verdadera de) a Hashém". Si aferramos nuestra conciencia a la Verdad y profundizamos en ella cada día, estaremos cumpliendo la porción fundamental del esfuerzo que se requiere de nosotros, por medio de expandir la Luz de la Verdad, y acercar el mundo material a su consagración espiritual. Tal, el primer indicador de camino.
A propósito de nuestra parasháh (Bamidbár -Números- 3:38) dice Rabí Iosi, citado por el Zohar haNigléh: "En el sitio destinado a los ba'aléi-teshuváh -a quienes recuperaron y retornaron a la Respuesta- en el Mundo PorVenir, ni aún los tsadikím -los justos completos-  tienen autorización de pararse. Porque quienes (estuvieron fuera y) tomaron el camino de la consagración, están más cerca del Rey que nadie más, y atraen sobre sí el Flujo Supremo (la luz más plena, que se traduce tanto en bien material como espiritual) con la voluntad de su corazón, y con una fuerza superior a cualquier otra se aproximan al Creador".
Me adelanto a los comentarios: es un camino duro y difícil hoy, el primer tramo del camino de la fe; los primeros pasos hacia la "Teshuváh", hacia la recuperación de la Respuesta plena y verdadera. Es un camino difícil en el ritmo vertiginoso en que vivimos, cavando cual topos frenéticos bajo nuestros pies para sorprendernos luego de habernos caído. No en vano reclaman las bisabuelas que, en nuestros días, se han perdido "las formas", los "buenos modales"; y la palabra "honor" se arrumba en los diccionarios de arcaísmos. Pero no hay felicidad plena ni duradera en este ritmo y este modo de actuar, ni más que indolencia vana en la libertad de quien camina sin rumbo.
Bamidbár llega este año para decirnos, elocuentemente: aún en las etapas de oscuridad, cuando todo parezca depender de las fuerzas que no tienes, cuando dé la sensación de que el Orden se desarma y de que no quedan garantías, aún en esos momentos terribles para el alma y agotadores para la razón, existe una puerta que espera ser atravesada por tí, y un camino de certezas eficientes se dibuja diáfano tras ella. Y entonces, por fin, ya no necesitarás la ilusión engañosa de que puedes dirigirlo y abarcarlo todo, y tampoco estarás ya más desnudo. Porque sabrás de la forma correcta, y dispondrás de guía y de respuesta, y la maravillosa Luz reservada a lo sagrado nos alumbrará a todos a tu través.
Mis brajót para vosotros, desde Ierushalaim,
daniEl I. GinermanEditor

Matók MiDvásh #28 - Behár 5765 - No hay quien esté realmente solo, porque sólo te queda lo que has dado

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXVIII
Iár 5765, Parasha't Behár, desde Jerusalem
Edición dedicada al pronto encuentro del alma gemela de Lea Tamara bat-Aliza Rajel, y a su plena felicidad
y a la elevación del alma de Meier ben-Iaacov, de sagrada memoria
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
No hay quien esté realmente solo, porque sólo te queda lo que has dado
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Pocos días atrás, oí de labios de Rav Shlomo Levinstein el siguiente relato: Un hombre fue, viernes por la mañana, con su hijo pequeño a adquirir panes para shabát. Volvían rumbo a su hogar con el paquete en las manos, y preguntó el padre a su hijo: "Dime, ¿cuántos panes llevamos con nosotros?". El hijo abrió la bolsa y contó trabajosamente, con los dedos: uno, dos, tres...., ¡diez!
"Muy bien", ratificó su padre: "Hay diez panes en esta bolsa". Unos metros más adelante, se acercó a ellos un pordiosero suplicando algo de comer. El padre metió la mano en la bolsa, tomó tres de los panecillos, y los entregó al pobre hombre. Ni bien éste se fue, volvió a preguntar el padre a su hijo: "Dime, ¿cuántos panes tenemos ahora?". El hijo volvió a contarlos, y respondió a viva voz: "¡Siete!". "Respuesta errada", dijo su padre. "Tenemos sólo tres. Los siete que están en la bolsa, están provisoriamente con nosotros. Dentro de un rato los habremos comido, y nada quedará de ellos. Pero esos tres panecillos que le dimos a este pobre hombre, quedarán con nosotros para siempre, y estarán con nosotros ante Hashém, como prueba de quiénes somos. Sólo tenemos esos tres".

En parashát Emór, que leímos la pasada semana, se nos dice (Vaikrá -Levítico- 23:10): "... cuando vengan a la tierra que Yo les Doy, recogeréis SU cosecha, y traeréis las primeras gavillas de VUESTRA cosecha al Cohén". Se pregunta Rav Levinstein: ¿cómo explicar esta contradicción, en medio de un mismo versículo?: "Su cosecha" alude a que la cosecha pertenece a la tierra. Pero inmediatamente, "Vuestra cosecha", la coloca en el dominio de los hombres. E inmediatamente responde: la cosecha, el fruto de la tierra, pertenece en principio a la propia tierra. Los hombres tenemos "permiso" de recogerla; un permiso que rige hasta tanto demostremos qué planificamos hacer con lo que se nos ha autorizado a recoger.
¿Cuándo se torna "nuestra" la cosecha? Cuando nos desprendemos de ella, cuando participamos a otros de lo bueno que obra en nuestras manos, cuando llevamos las primeras gavillas al Cohén, y con ello, demostramos nuestra conciencia cabal de que todo lo recibimos de Hashém, y que la abundancia, la riqueza, está en nuestras manos en custodia, para que hagamos con ella el bien. Entonces, "vuestra cosecha". ¿Cuál es la verdaderamente nuestra para siempre? La que damos: el bien que cosechamos merced a la acción de dar.
Esta semana leemos parashát Behár (Vaikrá -Levítico- 25:1-26:2). En su comienzo, habla del año de "shmitáh", el séptimo año (cada año múltiplo de siete desde la Creación), que es el shabát de la tierra. En este año, prohibe la Toráh tanto plantar como cosechar. En el año de shmitáh, el producto de la tierra se torna "hefker", sin dueño, y todos, ricos y pobres, amos y siervos, disponen por igual de él.
Mas no bien recibida la mitsváh, es de esperar que los hombres protesten: "si no vamos a plantar ni cosechar el séptimo año, ¿qué vamos a comer?". A esta pregunta se adelanta la Toráh (Vaikrá 25:21): "Y ordenaré mi bendición para ustedes en el año sexto...": la causalidad del Creador no responde a lo que los hombres saben, y la propuesta es clara: si Israel cumple la mitsváh, el sexto año producirá una cosecha suficiente para tres años enteros: el propio sexto, el séptimo en que no se cosecha, y el octavo, en que no habrá cultivos del año anterior a cosechar.

En segunda instancia, trae nuestra parasháh la mitsváh de "Iovél": cada siete septenios, cada año número cincuenta debe ser consagrado, "y proclamaréis libertad en la tierra para todos sus habitantes; Iovél será para ustedes, y retornará cada hombre a su parcela, y cada hombre a su familia volverá" (Vaikrá 25:10). En este año sagrado, así como se ha soltado el yugo de la tierra en la shmitáh, se libera ahora el yugo de los hombres: quien se haya visto obligado a expropiar su parcela de tierra, o aún a someterse a servidumbre por razón de deudas u otras desgracias, en el año de Iovél recupera su libertad, recupera su tierra. Recupera la dignidad y la vida, y la oportunidad de comenzar otra vez.

Restan las condiciones morales para recibir la brajáh de parte de Hashém. Inmediatamente a estas dos mitsvót, nos dice la Toráh (Vaikrá 25:14): "Y si vendieras a tu prójimo" tu tierra, "o compraras de él: no estaféis uno al otro". Dado que en el año de Iovél la tierra vendida habrá de retornar a manos de su dueño original, la tasación de la misma debe realizarse a partir de calcular de cuántas cosechas podrá disfrutar el comprador, hasta que deba devolver la tierra a quien se la vende hoy. De ese modo: "no estafes" ha de entenderse como "no le induzcas a error", de modo tal que él salga perjudicado y tú te beneficies de su yerro. La mitsváh de no estafar se extiende, tal como explican nuestros exégetas, a todas las áreas del quehacer material.

"Y no estafaréis uno al otro, y temerás a tu E-lokím, porque Yo, Hashém, (soy) vuestro E-lokím", completa en Vaikrá 25:17. El principio y el fin de toda la actividad vital del hebreo están enraizados en la fe, en la conciencia clara y proactiva de su contacto íntimo con la realidad del Creador. La Toráh viene a responder a quien tiene sed de Verdad, y nos enseña cómo ha de conducirse, en los quehaceres mundanos, quien desea ser apto de recibir la más sublime respuesta. La Verdad, en su dimensión más completa, no está al alcance de nuestra comprensión; pero sí nos ha sido concedido practicarla, realizarla (ésto es: hacerla real), aplicarla sobre la realidad de cada instante para enmendar al mundo en que vivimos, que es enmendarnos a nosotros mismos.

"El hombre no fue creado para sí mismo, sino para su prójimo", dice terminantemente Rav Jaim de Vóloyin, discípulo y continuador del Gaón de Vilna. No hay quien esté realmente solo, si adquiere conciencia de la inmensa y maravillosa responsabilidad que tiene para con los demás. Nuestra parasháh trata aún de varios aspectos más de esta ética perfecta en que somos llamados a vivir: en la continuación, se prohibe cobrar interés sobre préstamos de dinero; se prohibe la "mordida" que toma ventaja de quien está en condición inferior; se ordena la protección honesta del desamparado. Y a la hora de las conclusiones, nos promete Hashém: si vuestras vidas son conducidas de acuerdo a todos los principios del verdadero Bien, "moraréis sobre la tierra con seguridad", con tranquilidad, con armonía de esa que tanto nos falta hoy, cuando tanto nos queda por enmendar desde el centro de nuestros corazones hasta la acción de nuestros labios y nuestras manos.

"Labétaj", dice en el idioma sagrado de la Toráh, donde hemos traducido "por seguridad". El valor numérico de la palabra "labétaj" es 49: los siete septenios que debemos contar hasta el Iovél, los 49 niveles de impureza a que habíamos caído mientras fuimos esclavos en Mitsráim, y los 49 de sacralidad que nos toca recuperar en los 49 días del Omer que estamos contando ahora, desde la libertad de Pésaj hasta la gran revelación de Shavuót, cuando deberemos ponernos de pie, a los pies de un Monte Sinai oculto a nuestras miradas profanas, y decir "Na'aséh veNishmá", haremos y nos dispondremos a comprender, desde la acción de bien sin vacilaciones ni temor, el maravilloso milagro de esta vida, que puede ser feliz y plena si así optamos, en nuestro tiempo, en nuestra tierra.

Con mis brajót para todo quien se afirme con nosotros al bien, desde Ierushalim
daniEl I. GinermanEditor


miércoles, 7 de mayo de 2014

Matók MiDvásh 14 - Behár / Bejukotái 5764

A modo de Editorial:
Que soy capaz de recibir, de vivir, y de brindar
PARA QUE SEA TESTIMONIO DE LA VERDAD
Queridos amigos:
solo nos resta verlo, y para ello hay que vivirlo

Entre los temas tratados en parashát Behár, se encuentran las leyes relativas a "shvi'ít", el séptimo año, en que prohibe la Toráh cultivar, cosechar, tomar provecho de la tierra. Tras establecer ésta y otras leyes, hallamos una instancia de prueba, de comprobación de la verdad. Y dice así, en Vaikrá XXV, 20: "Y si decís (si os preguntáis) qué comeremos en el séptimo año, si no plantaremos y no recolectaremos nuestra cosecha". A este versículo, refiere Rabi Iehudáh un versículo de Tehilím (Salmos XXXVII,3), cuyo sentido intentamos traducir así: "Confía en D's, y haz bien; mora (halla asiento en) la tierra, y alimenta la fe".

Cuatro son las etapas del trabajo del hebreo en esta vida. La primera: "Confía en D's". A cada paso hallarás desafíos y pruebas frente a los cuales la lógica te indicará un camino ajeno a la Toráh. Confía, ten fe. El ejercicio de la fe sabe mudar la realidad. Debes saberlo y hacerlo parte de tí. Una vez que estás cierto en ello, una vez que sabes que no hesitarás en hacer lo correcto por más que no responda eventualmente al dictamen de nuestra lógica insignificante y mezquina, estarás en condiciones de oficiar correctamente la segunda etapa: "haz bien". Hacer el bien es conducir la propia vida de acuerdo a la Toráh, a las mitsvót, a la sabiduría de la verdad. Es tomar la Toráh por mapa de tu laberinto, y conducirte por los caminos que la Toráh te muestra en cada orden de la vida. Explica el Zohar en este punto que, cuando haces el bien en el mundo material, despiertas bien y bendición en el firmamento: abres las puertas de la brajáh, de la bendición, para que ésta penda sobre tí. De ese modo, el ejercicio del bien en todas sus formas incide en los órdenes material y espiritual de la vida de modo directo, y atrae bendición.

Gracias a la realización armónica de estas dos primeras etapas (asentar la confianza en D's, y a partir de ella, obrar bien), es posible arribar a la tercera: "Mora (halla asiento en) la tierra". En la explicación de Rabi Iehudáh, "la tierra" aquí es expresión de ambas dimensiones: material y espiritual. A través del ejercicio del bien "abajo", despiertas la respuesta, el reflejo, del verdadero bien, que proviene de "arriba". Y con ello, se constituye en tí una armonía única, sólida, que se proyecta en hallar tu sitio, el espacio físico-mental-espiritual que te es propio, en el que podrás desarrollar todo tu potencial. Hallar verdaderamente asiento en la tierra es acceder a la vida que hace propicio todo el bien y toda la belleza que soy capaz de recibir, de vivir, y de brindar.

Y cuando ésta se hace realidad, automáticamente se cumple la instancia final: "alimenta la fe". El verbo original que hemos traducido por "alimenta" es de sentido mucho más amplio y preciso; es "lir'ót", traducible también por "pastorear". Y la metáfora no podría ser mejor, puesto que un pastor que lleva a su rebaño a pastar, procura para él las mejores pasturas. Tales pasturas no son alimento para consumo humano: nadie que no los animales lo comería. Mas a través de buscar, para sus animales y de acuerdo a lo que ellos están aptos y dispuestos a comer, las mejores pasturas, el pastor está procurando para más tarde el sustento de más elevada calidad para los hombres: la mejor carne, la mejor leche, la mejor lana, el mejor cuero; alimento y abrigo que brindará luego el animal a los hombres, gracias a la dedicación del pastor que procuró las pasturas.

Tal es el proceso que lleva a alimentar la fe, a alentarla, a expandirla: a activar la bendición del Creador sobre sus creaturas desde el ejercicio feliz de la Toráh. No está en nuestras manos producir la carne, la lana, el cuero: está en nosotros, sí, procurar las pasturas; generar las causas que darán por resultado la bendición, la felicidad, el bien. Y esas "causas" que resultarán en tales efectos son el ejercicio propio de la fe, el trabajo de las mitsvót, el amor y la entrega desde la plena convicción de verdad y bien que nos enseña la Toráh.

Entonces, tras proponer la Toráh: "Y si decís (si os preguntáis) qué comeremos en el séptimo año, si no plantaremos y no recolectaremos nuestra cosecha", así responde Hashém al desafío en el versículo siguiente: "Y ordenaré mi bendición para vosotros en el año sexto, y se hará la cosecha para tres años". Esto es: si confiáis, y hacéis bien, y halláis entonces vuestro lugar en la tierra y expandís la fe, de modo natural regirá la bendición para vosotros. Y desde que la finalidad del proceso es la expansión de la fe, la afirmación del lazo que une al Creador con sus creaturas por vía de hacer manifiesta y visible en la realidad Su majestad y presencia, no dice: "os daré cosecha suficiente para tres años", ni "cosecharéis el triple de lo habitual". En su lugar, dice: "y se hará la cosecha para tres años". Porque habrá de ser como en el milagro de Janucáh, en que la vasija de aceite suficiente para un único día duró ocho (y fue "esa" única vasija; no ocurrió que de la nada aparecieran siete vasijas más, sino que el contenido de esa única vasija rindió ocho veces lo previsto): la cosecha será normal, como cada año, mas rendirá, en un milagro revelado permanente, el triple de lo habitual. Para que sea testimonio de la verdad. Para que cada momento de la vida, cada orden, cada área del quehacer de nuestros días, sea testimonio de la verdad.

Por ello, también el capítulo XXXVII de Tehilím continúa diciendo, tras el versículo que analizamos: "Y deléitate en Hashém, y te dará lo que pida tu corazón". Porque del deleite en el bien, del deleite en la Toráh y su estudio y ejercicio permanente, nace el deseo certero, capaz de volverse realidad.
Les invito a visitarnos en nuestro Beit-Midrásh virtual, a disfrutar del estudio, a cooperar con este proyecto creado para vosotros.  Esperando que disfrutéis del material de esta revista, que ha sido preparado con amor,
con vosotros mis brajót, desde una Ierushalaim luminosa,

daniEl I. Ginerman


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APRENDIMOS EN LA GUEMARA ESTA SEMANA

Qué dice la paloma


¿Qué dice, qué canta, la paloma al Creador? Así le dice:
"Amo del mundo: Así sean mis alimentos amargos como la oliva mas vengan de tu mano, y no que sean dulces como la miel dependiendo de los hombres".
Talmud Bablí, Tratado de Eruvín 18,2

Toen

No argumenta un hombre si no tiene razones en su mano.
Esto es: si alguien defiende ante un tribunal su derecho, se debe presumir que tiene razones que respaldan su pretensión. No es razonable pensar que alguien va a defender ante un tribunal una posición que caiga sola ante un ataque sencillo.
Talmud Bablí, Tratado de Shvuót 40,2



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AMANTES DEL SHALÓM
por Rav Meir Ifraj
Está escrito en Pirkéi Avót I,12: "Dice Hilel: Sé de los discípulos de Aharón el Cohén, amante del Shalóm, y que persigue el Shalóm, que ama a las creaturas y las acerca a la Toráh".

Hilel nos indica aprender de los caminos de Aharón, que amaba a todas las personas y buscaba establecer entre ellas la paz. Cuando se enteraba de una pelea o un litigio dentro del pueblo, se dirigía a una de las partes y le contaba cuánto el segundo lamentaba la situación y cuánto se arrepentía de haberle lastimado. Luego iba donde el otro, y repetía iguales palabras. Y cuando se encontraban ambos contendientes por fin, se abrazaban y besaban y recuperaban entre ellos la paz. Y así hacía también entre los maridos y sus esposas en todo el pueblo de Israel.

Está escrito en la mishnáh que hay acciones que el hombre realiza en este mundo, y su aura y su mérito permanecen para el mundo venidero. Y entre ellas, se encuentra atraer la paz entre las personas. Vaya si es necesario que nos fortalezcamos y aprendamos a atraer la paz, el Shalóm, entre los hombres, y principalmente dentro del propio hogar, los hombres con sus mujeres y sus niños, porque nada hay más dulce y más bello que el Shalóm, la paz de la plenitud.

Porque el Shalóm es uno de los nombres de D's, y cuando hay Shalóm en el hogar se evidencia en él la presencia del Creador, y la providencia, y la bendición se hace patente. Y tenemos el privilegio de la Toráh y de las enseñanzas todas de nuestros sabios, que nos indican infinidad de caminos para arribar y asegurarnos el verdadero Shalóm dentro y fuera del hogar, el Shalóm sobre el que se apoya toda verdadera bendición, como está escrito: "Hashém fuerza dará a su pueblo, Hashém bendecirá a su pueblo con Shalóm".

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EL SENTIDO DE LAS MITSVOT
por Rav Natan ben-Jaím
Se pregunta el Rambám: "¿Qué tienen en común el shabát y la shevi'ít (el séptimo año de la tierra, sobre cuyos frutos está prohibido el lucro), que hace que para ambos esté escrito que son "leshém Hashém" (en nombre de D's), advertencia que no se menciona para ningún otro evento temporal?

El Rav Leivovich explica el comentario de Rashi del siguiente modo, en base a una lectura del Raabád: "La intención de las mitsvót es que el hombre sepa que tiene un Creador que reina sobre él". Tras que el Creador entregara la tierra a los hombres, éstos podrían pensar que la tierra les pertenece, que ellos son sus dueños.... y nadie más; y olvidar así al Creador; y tal olvido traería consigo la disolución del propósito sagrado de la Creación. El Raabád menciona varios ejemplos para ilustrar su explicación: Si D's le da al hombre la posibilidad de poseer un campo, viene junto con dicha posesión el conjunto de leyes relativas al arado, a la siembre y la cosecha; las normas relativas a la prohibición de labrar la tierra utilizando especies disímiles en yunta (por ejemplo, un buey y un burro uncidos juntos); la prohibición de cultivar "kiláim", o la obligación de dejar "peáh": una esquina del terreno para que su cosecha quede a disposición de los necesitados. Durante la recolección, la cosecha que cae de manos del dueño del campo debe quedar abandonada para que la recojan los necesitados, y lo mismo sucede con lo que resulte olvidado en el campo tras completar la faena. Y aún entonces, realizada ya la cosecha, se debe descontar de ella el maasér (el diezmo) y la trumáh. Tras moler el trigo y hacer harina, cuando tenemos ya la masa para hornear, tenemos el deber de quitar "jaláh" para alimento del Cohén. Y por último, antes de comer el pan y tras satisfacernos con él, tenemos un orden de bendiciones-consagraciones que pronunciar. Tal sistema se proyecta a todos los órdenes de la vida: a la vestimenta, al ganado, a las plantaciones; a cada instancia de la vida, a cada momento del año.

Dice nuestra parasháh: "Y será cuando vengan a la tierra que dispuse para ustedes..."; y remarca: "que Yo les di". Debemos mantener conciencia clara de que nada nos pertenece de por sí: todo cuanto poseemos, no está en nuestras manos sino para cumplir con un propósito sagrado. Por eso, cuando estamos en nuestra tierra, cada séptimo año debemos suspender toda labor y abstenernos de sembrar y cosechar. Y aquí se encuentra el paralelismo que halla Rashi entre el Shabát y la Sheviít: ambas instancias hacen propicio que anulemos la sensación de ser "amos" de la Creación y de la vida, y nos guían hacia la finalidad que señala el Raabád para todas las mitsvót: que sepa el hombre que el Creador gobierna sobre la Creación, y a El pertenecen (y a Su arbitrio se encuentran) la Tierra y cuanto ella contiene.



Matók MiDvásh 06 - VaErá

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Matok MiDvash
"Matók MiDvásh"

prensa electrónica de los proyectos Ieshivah.Net & EstudiosJudios.Net,
desde http://www.banaijtsion.com/ y http://www.patrimoniosefardi.org
Edición No. VI - Tevet 5764, Parashát VaErá, desde Jerusalem
http://www.ieshivah.net/ediciones/06/
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Nuestras ediciones anteriores: 01 , 02 , 03 , 04 , 05
Esta edición es dedicada a la memoria de David ben-Ioséf z"l
y a la sanación plena de Iehudah ben-Masha, Shlomoh ben-Moshéh y Shelby bat-Laura
Dedica Matók MiDvásh
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Indice:
* A modo de editorial: El milagro en nuestras manos
* La armonía judía de razón y corazón, por Rav Dorón Rosilio
*
Los diez golpes (o plagas) y los Principios de la Fe, por Rav David Meir
* El descenso como mecanismo de elevación, por Rav Eial Kedmi
* Incidir en el propio destino: manual de instrucciones, por Netanél Mazor
* Los Trece Principios de Fe, sintetizados por Rambám (Maimónides)

* NUEVA SECCION: Esta semana, en el Foro OrTora-Sefarad:
    * Acerca del lavado de manos al empezar el día, una respuesta de Rav Guideon Muzykanski

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Parasháh de la Semana: VaErá /  Shemót (Exodo) VI,2 - IX, 35
VaErá

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A modo de editorial:
El milagro en nuestras manos

Como cada semana sucede y con cada parasháh, son muchas las enseñanzas a extraer de cada faz del texto de la Toráh. Y deseo compartir con vosotros un elemento que es leit-motiv de todo el proceso iniciado con el libro Shemót, y que habla de quiénes tenemos verdadera capacidad de ser.

Al inicio de nuestra parasháh, transmite D's a Moshéh las promesas que él deberá comunicar al pueblo de Israel: "vehotséti", y os sacaré del sufrimiento de Mitsráim; "vehitsalti", y os salvaré del trabajo y el culto ajeno; "vegaAlti", y os redimiré con señales inobjetables y maravillas; "velakajti", y os tomaré por pueblo para ser conmigo. El propósito de todo el proceso es la conexión entre el Creador y su pueblo: "Y seré para vosotros E-lokim, y conoceréis...". Asentado ésto desde la definición de "pueblo" (en hebreo "am", de la raíz de "im" que es "con"), viene la quinta promesa: "vehevéti", y os traeré a la tierra señalada para vuestros ancestros, y os la daré en heredad. Mas se dirige Moshéh a su pueblo, y éste no se encuentra preparado para atender a grandes palabras ni al enunciado de propósitos trascendentales. El pueblo sufre en presente: está "corto de espíritu" y endurecido por el trabajo. Lo que habrá que reparar previo a una verdadera redención es, entonces, esa condición del pueblo que todo lo filtra por la cortedad presente de su espíritu, por el embrutecimiento a que lo ha sometido la esclavitud, la opresión, la humillación constante.

Sólo teniendo presente la necesidad de corregir al propio pueblo, de salvarlo de ese ensimismamiento en que se encuentra sumido, entenderemos una característica inherente a todo el desarrollo posterior de la parasháh, que trata de la "negociación" de Moshéh (en nombre del Creador) con Faraón: negociación que incluirá los golpes o "plagas" que habrán de abatirse sobre todo Mitsráim previo a la liberación.

En primer término, los cayados de Moshéh y de Aharón, al ser arrojados al suelo frente a Faraón, se convierten en serpientes, que devoran a los cayados -también convertidos en serpientes- de los brujos y adivinos egipcios. Luego, el cayado de Moshéh golpeando las aguas del río Nilo es la señal que éstas recibirán para mudar de naturaleza y volverse sangre. Y es Aharón quien extenderá su mano sobre las aguas de Mitsráim, y emergerá de éstas la invasión de ranas; extenderá nuevamente su mano sobre la tierra golpeándola con su cayado, y el polvo se convertirá en piojos. La invasión de fieras salvajes se frenará sólo ante el pedido de Moshéh frente al Creador; la langosta llegará, por su parte, y se irá más tarde, sin su intervención. Moshéh y Aharón arrojarán hollín con sus manos hacia arriba, y provocarán así el golpe de las llagas y úlceras en la piel de los egipcios y sus animales. Y el granizo con fuego dentro de sí recibirá la "señal de largada" al estirar Moshéh su mano hacia el cielo.

Al leer esta sucesión, ¿no surge inmediatamente preguntar para qué es necesaria esa mínima intervención humana -estirar una mano, golpear el suelo con un bastón- para dar inicio a un proceso que revertirá instantáneamente toda la naturaleza, por encima de cualquier causalidad? ¿Es que necesita el Creador del gesto de un hombre para mudar la creación toda?

La respuesta negativa es obvia. ¿Por qué, entonces, se exige la intervención de Moshéh y Aharón para la producción de éstos, y de tantos subsiguientes milagros? Planteemos al menos sólo una faz de la respuesta: el Creador rige toda la creación, pero las "reglas de juego" indican que, para la realización de los milagros que vencen a la causalidad y producen maravillas al servicio de los hombres, es imprescindible que éstos realicen aunque sea un mínimo gesto, un mínimo esfuerzo, que los torne socios del Creador en su ejecución. No hay proporción alguna "razonable a nuestros ojos" entre estímulo y reacción: un cayado toca el agua en un punto del río, y todo el río se convierte en sangre. Pero ese gesto es fundamental, porque asienta la voluntad del hombre y su disposición de obedecer al designio, de ser socio y partícipe de la maravilla, de tomar sobre sí el resultado de la acción.

Esto es válido para todos, en todos los tiempos. El resultado de nuestros esfuerzos en la vida material no se encuentra en proporción directa a la cantidad de los mismos: basta observar en derredor para saberlo. Antes bien, es quiénes somos y a qué estamos llamados; y es la fuerza de nuestro compromiso con el Bien y la Verdad, con el manual de instrucciones que provee la Toráh, lo que nos agraciará a ojos del Creador, lo que fijará la calidad de lo que hacemos, y en consecuencia, de las herramientas con que nos tocará contar para nuestro trabajo en esta vida.

Espero que os sea de enriquecimiento y disfrute el material que hemos producido para vosotros con amor. Mientras escucháis la brajáh que os brinda, esta semana, Rav Dorón Rosilio, y deseándoos un luminoso inicio del mes de Shvát, me despido de vosotros con brajót,


daniEl I. Ginerman
editor@ieshivah.net



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NUEVO! FORO POR E-MAIL PARA LOS LECTORES Y PARTICIPANTES DE MATÓK MIDVÁSH!
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La armonía judía de razón y corazón

por el Rav Dorón Rosilio,  ravdoron@banayichzion.com


Honorables lectores, queridos amigos:

Nos encontramos esta semana ya en Mitsráim: en la cúspide de la opresión, de la esclavitud, la oscuridad, la desesperanza, la degradación.... todas vivencias, éstas, reunidas en una única encrucijada de espacio y tiempo: nuestra permanencia en Mitsráim.

El nombre de Mitsráim sale de la palabra "metsár", que es el límite opresivo: ese máximo de opresión angustiante que obliga a desear con fuerza sobresaliente el retorno de la luz. Es al final de la noche cuando llega la oscuridad a su punto máximo; nunca está más oscuro que justo cuando empezará el amanecer. Así como el lucero del alba marca el inicio de la iluminación, hay un paralelo en las señales que el espíritu recibe en vísperas de la gran Redención.

El pasado, el presente y el futuro son herramientas para nuestra comprensión. No es el tiempo otra cosa que una forma que adopta la Creación, para hacernos posible el fluir a su través. Mas en realidad, no hay tiempo: lo que fue es lo que será; de modo tal que el pasado es guía y paradigma del futuro, y éste, proyección y oportunidad a partir de lo que fue.

Mitsráim es la opresión de la tempestad que se abate sobre nosotros con horribles vientos, rayos, lluvias inclementes, frío atroz.... tras la cual, sólo podrá venir el fluir calmo y silencioso hacia el más amplio y bello horizonte. No habríamos sabido de  tal horizonte ni de tal calma feliz, sin la previa tempestad: ¡era forzoso atravesarla!. Tal como tras los dolores de parto en que la parturienta puede aún sentirse agonizar, viene, por fin, toda una vida nueva a este mundo.

Mitsráim es la opresión en la garganta y en la nuca, ejercida por Faraón, por Paróh, que se resiste a liberar al pueblo de Israel: él sabe que el proceso de la verdadera Redención, del pueblo de Israel y del mundo entero, hallará inicio en esta liberación, y busca retrasarla todo lo posible: evitar que Israel pueda izar la bandera de la fe y que la verdad del Creador, del D's único atento y regente de toda la creación, sea progresivamente aceptada por todos, ya por amor o aún contra la propia voluntad. Pero no está en sus manos evitarlo, y contra su voluntad, con una gran carga de sufrimiento que serviría a la difusión de la Verdad, la liberación tiene lugar, y la Redención de todos ingresa por fin a su proceso de gestación. 
Las dolorosas contracciones aceleran el parto.

Así, también, sucede en nuestras propias vidas, hermanos míos queridos.
Tenemos una mente que piensa, compleja, aún brillante con frecuencia.
Y tenemos un corazón enorme, lleno de sentimientos y deseos.
Y ambos se conectan a través del estrecho conducto del cuello.
Si esa conexión no existe, la mente y el corazón operan por separado, y nuestra personalidad se divide, se desintegra: aún somos capaces de pensar y hablar acerca de cuestiones elevadas, sublimes, y no obstante, ser en nuestros actos bestias que se revuelcan en un pantano de apetitos dementes.
Pero si articulamos la conexión, armónica y correcta, entre ambos extremos, nos volvemos completos, capaces de plenitud, bellos, verdaderos, y fluimos con felicidad sin contradicciones ni conflictos internos. ¡Esta es la conexión que quiso Faraón estrangular!

Así como requerimos de una composición musical completitud, "que cierre" armónicamente, también de nuestras propias vidas debemos exigir la plenitud. Y disponemos de las herramientas hábiles para merecerla y construirla. No tendremos respiro si no caminamos hacia la completa plenitud del alma.
¡Debemos salir de Mitsráim hacia el espacio abierto!
Y no hay felicidad como la de la resolución de todas las dudas; no hay felicidad como la que se vive desde la verdadera certeza.

El corazón es la madre de nuestra vida: opera la piedad, el afecto, la emoción; y es por tanto el fundamento silencioso y amable del hogar, en el que todo lo rige con dulzura y sutileza. La mente es el padre: la administración y la dirección cerebral necesaria también en nuestra vida.

Esto no es imaginación, hermanos queridos: ¡somos nosotros!
Es tiempo de salir al camino, unir cerebro y corazón, verdad y deseo, camino a la plenitud.
Salid de la opresión rumbo a la libertad, al espacio abierto, desde el que se ve claro el horizonte.
Basta ya de conflictos internos, de argumentos íntimos rebuscados, de multiplicidad de valores contradictorios. Basta de hacer pactos con la supuesta "realidad". No a la muerte. Sí, a la verdadera vida. Como está escrito: "Y elegirás la vida", y se nos enseñó cómo se hace, cómo felizmente hacerlo y ser lo mejor que podemos ser.

¡Shabát Shalóm!


Rabi Janania
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Los diez golpes (o plagas) y los Principios de la Fe

por Rav David Meir ravmeir@banayichzion.com

En la parasháh de esta semana, VaErá, tienen lugar las diez plagas o "makót" (cuya mejor traducción es "golpes") que D's aplica a Mitsráim previo a liberar al pueblo de Israel de la esclavitud. Acerca de ellas, leemos en la Hagadáh de Pésaj que Rabí Iehudáh las nombraba por sus iniciales, divididas en tres grupos del siguiente modo: detsá"j adá"sh beajá"b.

Detsa"j Ada"sh beaja"b

Y vale la pena hurgar en el sentido de este peculiar modo de agrupar y clasificar los diez golpes que precedieron a la redención, referidos a tres principios fundamentales de la fe judía, que encabezan los "Trece Principios de Fe" sintetizados por Rambá"m (Maimónides).

Empecemos por analizar el primer grupo, que incluye los tres primeros golpes o "plagas": dam (sangre), tsfardéa (ranas), kiním (piojos). El denominador común de todos ellos está en su capacidad de reflejar el primero de los principios de nuestra fe: D's, el TodoPoderoso, creó el mundo ex-nihilo (a partir de la nada), y renueva su creación a cada instante y cada día, y sólo por ello el mundo tiene existencia hoy. D's recrea el mundo en todo el tiempo, de modo tal que las características de cada componente de la creación dependen de Su exclusivo arbitrio, y las maneja de acuerdo a Su decisión.  Al anunciar la sangre, dice la Toráh: "con ésto sabrás que yo soy D's", tras lo cual, llega el golpe: el agua muda completamente de naturaleza para adoptar la de la sangre, con glóbulos rojos y blancos, sin relación alguna con su naturaleza anterior.

Lo mismo sucederá durante el golpe de las ranas o "tsfardéa". Dicen nuestros sabios acerca de la expresión "y subió el tsfardéa" (que aparece en singular en la crónica de la Toráh), que cuando mataban a una salían de ella grandes cantidades de nuevas ranas, de modo completamente ajeno a la naturaleza reproductiva de la especie, representando otra demostración de creación ex-nihilo de una realidad nueva que escapa a toda lógica causal. Otro tanto vemos en el golpe de los "kiním" (piojos), donde es el mero polvo de la tierra el que cambiará de naturaleza para tornarse multitud de estos pequeños animales asolando la tierra toda. Tres operaciones que vienen a afirmar el mensaje único del primer principio de fe de la Toráh: el Creador es Uno, todo lo puede, y renueva la Creación de acuerdo a su arbitrio; dueño de la naturaleza, nada escapa a Su supervisión y determinación.

Tras las primeras tres, llega el segundo grupo definido por Rabí Iehudáh: "aróv" (mixtura de animales salvajes), "déver" (peste que afecta al ganado y animales domésticos), y "shjín" (llagas y úlceras en las personas). Cuando las fieras salvajes, dice D's en la Toráh: "Y distinguiré en ese día la tierra de Goshen" (en que residía el pueblo de Israel), que no será afectada por las fieras, "para que sepas que yo Soy D's en la proximidad de la tierra" (o sea, que "afecto directamente a la tierra"). Así sucede con la peste del ganado: "Y distinguió D's el ganado de Israel del ganado de Mitsráim"; y así también con la siguiente: sólo la piel de los egipcios se vería afectada por las úlceras y las llagas terribles.

Tres instancias que vienen a enseñar la continuación del principio de fe ya estudiado, a través de señalar que el Creador rige efectivamente el destino de todas sus creaturas, incide, dictamina y supervisa directamente la existencia global y la de cada quien, desde una lógica sólo penetrable desde la sabiduría de la Toráh.

Llega entonces la tercera serie: "barád" (granizo combinado con fuego), "arbéh" (la langosta), "jóshej" (oscuridad), y "bejorót" (la muerte de los primogénitos), que vienen a completar el primer principio de fe: "sólo El hizo, hace y hará", en definitiva, "todo lo que tiene lugar en la Creación". Dice D's al anunciar el granizo: "para que sepas que no hay" otro "como Yo", sentencia que se repetirá ante la langosta y ante la oscuridad, y en su cúspide, en la muerte de los primogénitos de Mitsráim.

Viene la lectura de Rabí Iehudáh a enseñarnos que, antes de la gran Redención, procede el Creador a refutar, anular de modo incontestable, hasta el último vestigio de la idolatría de Mitsráim, enseñando para la posteridad que es en la Toráh donde se hallará la verdad, porque no hay otra potencia verdadera a la que acudir que no el Creador, Sagrado, Bendito sea, que nos ha concedido el conocimiento de Su Ley y Su Verdad para todas las generaciones.

 


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El descenso como mecanismo de elevación

por Rav Eial Kedmi, raveial@banayichzion.com

Toda persona sabe que en su vida se alternan los ascensos y los descensos; todos podemos percibir fácilmente que así funciona la naturaleza del hombre, y "subimos" y "bajamos" sin cesar. Y muchas veces, la magnitud de los descensos es tal que pone en riesgo nuestras certezas, nuestra fe, nuestra solidez, nuestra armonía.

Explica Rabi Najman de Breslev que todo ascenso exige un descenso previo. Que para todo ascenso, para todo crecimiento, para todo cambio positivo de etapa, es imprescindible el retroceso, el descenso, la caída previa, que concederá la fuerza y el mérito para la "subida" que le sigue.

Debemos saber, por tanto, que no descendemos, no caemos, sino por requisito del nuevo progreso, de la nueva ascensión. Sólo para recibir bien nos vemos forzados, a veces, a sufrir en propia carne formas del mal. De tal modo, explica Rabi Najman que toda caída, toda dificultad extra, todo precio vital que nos sabe desmesurado, debe ser tomado como herramienta de adquisición de un bien mayor, una luz más alta, que ha dictaminado D's para nosotros.

Si "trabajamos" nuestra vida desde la actitud que la Toráh nos indica, de toda experiencia de apariencia negativa saldremos reforzados en nuestra fe, y hallaremos la sintonía correcta para tomar la oportunidad de "ascenso", de crecimiento, de recomposición -tikún- superior a que el aparente mal hace lugar. Y no habrá ya experiencia alguna de este mundo a cuyo través uno pueda no enriquecerse y hacer más fuerte y evidente la conexión que le une, en cada instante, a través de la Verdad al Creador.

¡Shabát shalóm!



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Incidir en el propio destino: manual de instrucciones
por Netanél Mazor, netanel@banayichzion.com

La realidad del Creador es inasible a sus creaturas, desde que nuestras limitaciones nos tornan incapaces de percibir el Absoluto. Por consiguiente, D's se revela ante el mundo desde sus distintas "bejinót" o cualidades perceptibles. Entre estas "bejinót", se encuentran los opuestos complementarios de "Rajamím" (la entrega, la misericordia, la piedad) y "Dín" (el rigor, el juicio); a cada una de ellas corresponderá, entonces, uno de los nombres que atribuimos al innombrable Creador.

En nuestra parasháh, nos ocuparemos de la presencia de los nombres correspondientes a estas dos bejinót: el nombre E-lokim, correspondiente a la bejináh de Dín, y el nombre de cuatro letras que leemos Adon-i, que refiere a la bejináh de Rajamím.

Al inicio mismo de la parasháh, aparece D's revelándose desde el Dín; desde el juicio, el rigor: "Y habló E-lokim a Moshéh". A la culminación del mismo versículo, no obstante: "y le dijo Yo soy Adon-i", manifestándose en la piedad y la bondad de Rajamím. Ante esta peculiaridad, vale preguntarnos: ¿Qué está expresando el Creador en su mensaje a Moshéh?

El "Or HaJaím" explica este versículo como respuesta a la pregunta que formulara Moshéh en la parasháh de la pasada semana: "¿Por qué hiciste (pasar) mal a este pueblo?". A esta pregunta, una respuesta que indica de qué modo es conducido el mundo, y cada una de sus creaturas, a manos del Creador.  Releyendo el primer versículo de nuestra parasháh, parece venir el Creador a decir: "¿Cómo refieres a mí toda actitud que produzca mal a los hombres?  ¿No ves que soy el Bien, que es a través de la Piedad que me manifiesto?". Con el inicio de la frase, está aclarando que es desde el rigor que debe funcionar todo en un inicio; con el final, que en la misericordia y la bondad se funda en realidad la conducción del mundo.

El "Or HaJaím" no se contenta aún, y trae aquí distintos ejemplos del Taná"j (de la Toráh, los Profetas y los Escritos), desde los que demuestra que en cada ocasión en que recibe alguien un castigo, hay un mal originado en sí mismo, que le precede. De algún modo, todo mal que alguien sufre, tiene origen en sus propios actos; o es necesario por alguna cualidad que le es propia, y se trata de una prueba a pasar para hacerse acreedor a su más elevada porción de bien.

Dice a Moshéh el Creador: El mal, el sufrimiento, los atrae el hombre hacia sí, ya con sus actos, o con lo que habrá de corregir en su naturaleza, en sus inclinaciones, para hacerse acreedor al Bien que, éste sí, nace de mí. Es el hombre el que se hace zancadillas a sí mismo y atrae sobre sí el mal, y no puede protestar ante D's por ello.

Del otro lado, si tomamos el "manual de instrucciones" de que disponemos, si cumplimos la voluntad del Creador y, desde la Verdad, ejercemos el Bien; si nos conducimos desde el amor al Creador y la verdadera sujeción a la sabiduría superior que El puso en nuestras manos, nos tornaremos aptos para recibir de retorno el Bien, no ya desde su Piedad, sino también desde el Dín, desde el Juicio superior que dictamina nuestra vera condición.

De acuerdo a estas bases funciona, seamos o no conscientes de ello, lo aceptemos o no, la vida; con ella, la construcción de nuestro destino. Como la sombra, que proyecta a nuestros ojos nuestros propios movimientos, así también nuestras acciones, pensamientos, dichos y aspiraciones, proyectan desde nos nuestro destino.


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Iud"guimel Ikarim
"Los Trece Principios de Fe",
fijados por Rabi Moshé Ben Maimón -Maimónides-

Versión en español: Daniel I. Ginerman


Yo creo con fe absoluta que el Creador, Bendito sea Su Nombre:

1 ... Es creador y rector de toda la Creación y solo El hizo, hace y hará todos los actos de la Creación;
2 ... Es Uno y no hay de ningún modo ninguna otra unidad más que la de El; y sólo El es nuestro Dios y fue, es y será;
3 ... No tiene cuerpo ni puede ser concebido en términos corporales y no tiene ninguna semejanza con nada;
4 ... Es anterior a todo lo creado y existirá posteriormente a todo;
5 ... Sólo El es digno de que le dirijan plegarias y fuera de El no hay quien sea merecedor de plegaria;

Yo creo con fe absoluta que:

6 ... Todo lo que han dicho los Profetas es verdad;
7 ... La Profecía de Moshé, nuestro Maestro, que en paz descanse, fue verdadera y que él fue el mayor de los Profetas, tanto respecto de los anteriores como de los posteriores a él;
8 ... Toda la Torá que se halla actualmente en nuestras manos es la misma que fue dada a Moshé, nuestro Maestro, que en paz descanse;
9 ... Esta Torá no será  cambiada jamás y que no habrá otra Torá del Creador, Bendito sea Su Nombre;

Yo creo con fe absoluta que el Creador, Bendito sea Su Nombre:

10 ... Conoce todos los actos de los seres humanos y todos sus pensamientos, como está dicho: 'El que ha creado juntamente sus corazones conoce todos sus actos';
11 ... Recompensa a quienes observan Sus preceptos y castiga a quienes violan Sus preceptos;

Yo creo con fe absoluta:

12 ... En la venida del Mashíaj y aún cuando se demorase, de todos modos lo esperaré hasta el día que llegue;
13 ... Que los muertos resucitarán cuando sea la voluntad del Creador, Bendito sea Su Nombre, y se exaltará Su recuerdo para siempre y por toda la eternidad.








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