אור חורת בקורות לבו של האדם

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jueves, 5 de junio de 2014

Matók MiDvásh #29 - Bejukotái 5765 - Ser uno, ser todos: Terminemos el exilio de Israel

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXIX
Iár 5765, Parasha't Bejukotái, desde Jerusalem
Edición dedicada a la completa recuperación en cuerpo y alma de Miriam bat-Tsví y de Mordejái ben-Shéndl, y al Shalóm sin mella para todo quien se sabe y se quiere Israel
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Ser uno, ser todos: Terminemos el exilio de Israel
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
"Si camináis con mis estatutos, y preserváis mis preceptos, y los hacéis", son las condiciones que explicita Hashém, al inicio de nuestra parasháh, para que la bendición destinada a Israel se haga realidad.
Una lectura profunda de las condiciones nos indicará que:
1. caminar "con" los estatutos (jukót), implica estudiarlos, estudiar la Toráh y profundizar nuestro conocimiento de la Verdad cada día, aún cuando las circunstancias no propicien el estudio y la investigación;
2. "preservar" los preceptos: como consecuencia de "caminar con los estatutos", de dedicarse al estudio de la Toráh, la práctica de las mitsvót no se hará pesada ni difícil (dice el Creador a Israel: Yo aseguro que todo quien crezca en sabiduría, su Toráh le salvará de caer en la tentación del Mal). En segundo término, "preservar los preceptos" hace referencia a cumplir todas las mitsvót de "contención", de abstención; todas aquellas mitsvót que requieren abstenernos pasivamente de tal o cual acción o circunstancia;
3. "y los hacéis" refiere, por fin, al cumplimiento de todas las mitsvót "activas", las que requieren acción positiva de parte del hombre.
Hasta aquí, algo de cómo comprenden el "Or HaJaím" y el "Zohar haNigléh" las condiciones del Creador para despertar la bendición sobre Israel, imprescindible para la enmienda y la redención, en un halo de Luz, sobre toda la Creación. Como enseña Rabi Ishma'El (Tratado de Avot 4:5): "Quien estudia para aprender y enseñar, le es dado aprender y enseñar. Quien estudia para ejercer, para llevar a la acción, le es dado aprender y enseñar, preservar y hacer", y a través de todo ello, dar existencia a la Toráh en este mundo. Tal el camino a recorrer.
Intentemos comprender ahora la dinámica del proceso: qué está en nuestras manos, qué debemos hacer, de qué modo producirán consecuencias nuestros actos.
La Toráh describe y jerarquiza la bendición prometida. La bendición es un proceso paralelo al cumplimiento continuo de las condiciones que acabamos de ver. Y cuanto mencionaremos en "plural", en relación al colectivo de Israel, es aplicable idénticamente a la vida particular e individual de cada uno de nosotros.
En una primera etapa, el estudio de la Toráh, la precaución que nos impedirá incurrir en el Mal, y la acción positiva de Bien, atraerán sobre Israel un flujo de riqueza material (abundancia y sanidad de cosechas, y su procesamiento propicio). Pero ya sabemos: a mayor riqueza, mayor tentación. De suyo, cuando vive en abundancia, el hombre tiende a olvidar a la fuente de todo bien, y cae con facilidad en la traición a sus principios. De allí, que no existe una posición "estanca" en el camino de crecimiento espiritual: si uno deja de crecer, comienza a caer. Y el esfuerzo debe ser continuo.
Una vez concedida la abundancia, si Israel persiste en su crecimiento, venciendo las tentaciones que intentarán desviarle del camino, se abre desde lo Alto la bendición del Shalóm: vivir en paz y plenitud; vivir sin miedo. Más que nunca debemos esforzarnos por persistir en la Verdad; tal hemos aprendido en el Tratado de Sucáh 52a: "cuanto más grande se es en Toráh, mayor fuerza cobra en uno el instinto" capaz de desviarnos hacia el Mal. Y lo mismo se potencia con la prosperidad material. ¿Eres rico? ¿Eres sabio? Sé valiente.
Esta prosperidad, la paz, y la belleza de una vida sin miedo, nos habilitarán a recibir la bendición del poder, de la victoria sobre todos los enemigos; y la multiplicación del pueblo, traducida en familias agraciadas con prole numerosa. También vendrá con esta nueva etapa un despertar del instinto, un aluvión cada vez más fuerte de tentaciones del "ietser" que deberemos vencer creciendo en Toráh con más ahínco cada vez. "¿Quién es el fuerte?", se preguntan nuestros sabios en el Tratado de Avót 4:1: "Quien doblega a su instinto".
Y de esta base sólida: de un pueblo viviendo en armonía con el Orden del Creador, en abundancia y seguridad, respetado dentro y fuera de sus fronteras, y creciendo en cantidad y calidad, nace la etapa siguiente, el verdadero salto adelante rumbo a la más alta redención, rumbo a la enmienda cósmica del Orden Sagrado: "y Edificaré Mi Pacto con vosotros" (Vaikrá -Levítico- 26:9), un pacto renovado a partir de la acción de Israel, que nos tornará aptos para recibir la Shejináh, Su Presencia manifiesta y la Providencia entre nosotros: el discurso milagroso de la vida revelado a nuestros ojos, revelado en nuestras manos.

El pacto entre el Creador e Israel se manifiesta de dos modos que, a primera vista, resultan opuestos: bendiciones y maldiciones. Esta semana, viene la Toráh a enseñarnos la necesaria complementariedad entre ambos modos de relacionarse el Creador con nosotros. No está en nuestras manos modificar el rumbo trascendental de la Creación. Pero está en nuestras manos vivir una vida plena de Verdad, o una vida irrelevante, y aún, una vida sumida a la mentira y los pantanos de todo mal. La acción sagrada de cada quien atrae enmienda y redención al mundo. La acción que profana lo sagrado, sólo puede atraer la oscuridad en que hoy vivimos. Que no debe ser entendida meramente por "castigo" sino, antes bien, por provocación, por presión que nos impulsa a comprender. "Todo está en manos de Hashém, menos la irAh, la actitud de temeroso respeto a Hashém" de parte de los hombres, dice Rabí Janinah en el Tratado de Brajót 33b. Si nos conducimos en el camino de la irAh, percibiremos y oficiaremos maravillas.

Como adelanté muchas líneas atrás, cada dicho de la Toráh referido al colectivo, al pueblo entero, ha de ser comprendido también a nivel individual. Sobre cada individuo que tiene conciencia de lo sagrado, que aprende cada día su misión sobre la tierra y se esfuerza en tomar para sí, comprender, practicar y transmitir la profunda guía de la Toráh, recae la responsabilidad de Israel. Tal aparece insinuado, por fin, en el último versículo de nuestra parasháh (Vaikrá -Levítico- 27:34), con el que se cierra el libro Vaikrá: "Estas son las mitsvót que ordenó Hashém a Moshéh, para los hijos de Israel, en el monte Sinai". "Estas" son "las mitsvót": la palabra "hamitsvót", tal como se encuentra escrita aquí (hei-mem-tsadi-vav-tav), tiene el mismo valor numérico en hebreo -la misma "guematria"- que la palabra "Israel". Porque el estado del alma que lleva por nombre Israel, nace del "formatear" la propia vida en la pauta de las mitsvót, y atraer así, Luz de verdad y bendición sobre la Creación entera.
Jazák Jazák VeNitjazék! Despertemos la fuerza, y seremos fuertes.
Mis brajót para vosotros, desde Ierushalaim,


daniEl I. GinermanEditor

miércoles, 7 de mayo de 2014

Matók MiDvásh 14 - Behár / Bejukotái 5764

A modo de Editorial:
Que soy capaz de recibir, de vivir, y de brindar
PARA QUE SEA TESTIMONIO DE LA VERDAD
Queridos amigos:
solo nos resta verlo, y para ello hay que vivirlo

Entre los temas tratados en parashát Behár, se encuentran las leyes relativas a "shvi'ít", el séptimo año, en que prohibe la Toráh cultivar, cosechar, tomar provecho de la tierra. Tras establecer ésta y otras leyes, hallamos una instancia de prueba, de comprobación de la verdad. Y dice así, en Vaikrá XXV, 20: "Y si decís (si os preguntáis) qué comeremos en el séptimo año, si no plantaremos y no recolectaremos nuestra cosecha". A este versículo, refiere Rabi Iehudáh un versículo de Tehilím (Salmos XXXVII,3), cuyo sentido intentamos traducir así: "Confía en D's, y haz bien; mora (halla asiento en) la tierra, y alimenta la fe".

Cuatro son las etapas del trabajo del hebreo en esta vida. La primera: "Confía en D's". A cada paso hallarás desafíos y pruebas frente a los cuales la lógica te indicará un camino ajeno a la Toráh. Confía, ten fe. El ejercicio de la fe sabe mudar la realidad. Debes saberlo y hacerlo parte de tí. Una vez que estás cierto en ello, una vez que sabes que no hesitarás en hacer lo correcto por más que no responda eventualmente al dictamen de nuestra lógica insignificante y mezquina, estarás en condiciones de oficiar correctamente la segunda etapa: "haz bien". Hacer el bien es conducir la propia vida de acuerdo a la Toráh, a las mitsvót, a la sabiduría de la verdad. Es tomar la Toráh por mapa de tu laberinto, y conducirte por los caminos que la Toráh te muestra en cada orden de la vida. Explica el Zohar en este punto que, cuando haces el bien en el mundo material, despiertas bien y bendición en el firmamento: abres las puertas de la brajáh, de la bendición, para que ésta penda sobre tí. De ese modo, el ejercicio del bien en todas sus formas incide en los órdenes material y espiritual de la vida de modo directo, y atrae bendición.

Gracias a la realización armónica de estas dos primeras etapas (asentar la confianza en D's, y a partir de ella, obrar bien), es posible arribar a la tercera: "Mora (halla asiento en) la tierra". En la explicación de Rabi Iehudáh, "la tierra" aquí es expresión de ambas dimensiones: material y espiritual. A través del ejercicio del bien "abajo", despiertas la respuesta, el reflejo, del verdadero bien, que proviene de "arriba". Y con ello, se constituye en tí una armonía única, sólida, que se proyecta en hallar tu sitio, el espacio físico-mental-espiritual que te es propio, en el que podrás desarrollar todo tu potencial. Hallar verdaderamente asiento en la tierra es acceder a la vida que hace propicio todo el bien y toda la belleza que soy capaz de recibir, de vivir, y de brindar.

Y cuando ésta se hace realidad, automáticamente se cumple la instancia final: "alimenta la fe". El verbo original que hemos traducido por "alimenta" es de sentido mucho más amplio y preciso; es "lir'ót", traducible también por "pastorear". Y la metáfora no podría ser mejor, puesto que un pastor que lleva a su rebaño a pastar, procura para él las mejores pasturas. Tales pasturas no son alimento para consumo humano: nadie que no los animales lo comería. Mas a través de buscar, para sus animales y de acuerdo a lo que ellos están aptos y dispuestos a comer, las mejores pasturas, el pastor está procurando para más tarde el sustento de más elevada calidad para los hombres: la mejor carne, la mejor leche, la mejor lana, el mejor cuero; alimento y abrigo que brindará luego el animal a los hombres, gracias a la dedicación del pastor que procuró las pasturas.

Tal es el proceso que lleva a alimentar la fe, a alentarla, a expandirla: a activar la bendición del Creador sobre sus creaturas desde el ejercicio feliz de la Toráh. No está en nuestras manos producir la carne, la lana, el cuero: está en nosotros, sí, procurar las pasturas; generar las causas que darán por resultado la bendición, la felicidad, el bien. Y esas "causas" que resultarán en tales efectos son el ejercicio propio de la fe, el trabajo de las mitsvót, el amor y la entrega desde la plena convicción de verdad y bien que nos enseña la Toráh.

Entonces, tras proponer la Toráh: "Y si decís (si os preguntáis) qué comeremos en el séptimo año, si no plantaremos y no recolectaremos nuestra cosecha", así responde Hashém al desafío en el versículo siguiente: "Y ordenaré mi bendición para vosotros en el año sexto, y se hará la cosecha para tres años". Esto es: si confiáis, y hacéis bien, y halláis entonces vuestro lugar en la tierra y expandís la fe, de modo natural regirá la bendición para vosotros. Y desde que la finalidad del proceso es la expansión de la fe, la afirmación del lazo que une al Creador con sus creaturas por vía de hacer manifiesta y visible en la realidad Su majestad y presencia, no dice: "os daré cosecha suficiente para tres años", ni "cosecharéis el triple de lo habitual". En su lugar, dice: "y se hará la cosecha para tres años". Porque habrá de ser como en el milagro de Janucáh, en que la vasija de aceite suficiente para un único día duró ocho (y fue "esa" única vasija; no ocurrió que de la nada aparecieran siete vasijas más, sino que el contenido de esa única vasija rindió ocho veces lo previsto): la cosecha será normal, como cada año, mas rendirá, en un milagro revelado permanente, el triple de lo habitual. Para que sea testimonio de la verdad. Para que cada momento de la vida, cada orden, cada área del quehacer de nuestros días, sea testimonio de la verdad.

Por ello, también el capítulo XXXVII de Tehilím continúa diciendo, tras el versículo que analizamos: "Y deléitate en Hashém, y te dará lo que pida tu corazón". Porque del deleite en el bien, del deleite en la Toráh y su estudio y ejercicio permanente, nace el deseo certero, capaz de volverse realidad.
Les invito a visitarnos en nuestro Beit-Midrásh virtual, a disfrutar del estudio, a cooperar con este proyecto creado para vosotros.  Esperando que disfrutéis del material de esta revista, que ha sido preparado con amor,
con vosotros mis brajót, desde una Ierushalaim luminosa,

daniEl I. Ginerman


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APRENDIMOS EN LA GUEMARA ESTA SEMANA

Qué dice la paloma


¿Qué dice, qué canta, la paloma al Creador? Así le dice:
"Amo del mundo: Así sean mis alimentos amargos como la oliva mas vengan de tu mano, y no que sean dulces como la miel dependiendo de los hombres".
Talmud Bablí, Tratado de Eruvín 18,2

Toen

No argumenta un hombre si no tiene razones en su mano.
Esto es: si alguien defiende ante un tribunal su derecho, se debe presumir que tiene razones que respaldan su pretensión. No es razonable pensar que alguien va a defender ante un tribunal una posición que caiga sola ante un ataque sencillo.
Talmud Bablí, Tratado de Shvuót 40,2



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AMANTES DEL SHALÓM
por Rav Meir Ifraj
Está escrito en Pirkéi Avót I,12: "Dice Hilel: Sé de los discípulos de Aharón el Cohén, amante del Shalóm, y que persigue el Shalóm, que ama a las creaturas y las acerca a la Toráh".

Hilel nos indica aprender de los caminos de Aharón, que amaba a todas las personas y buscaba establecer entre ellas la paz. Cuando se enteraba de una pelea o un litigio dentro del pueblo, se dirigía a una de las partes y le contaba cuánto el segundo lamentaba la situación y cuánto se arrepentía de haberle lastimado. Luego iba donde el otro, y repetía iguales palabras. Y cuando se encontraban ambos contendientes por fin, se abrazaban y besaban y recuperaban entre ellos la paz. Y así hacía también entre los maridos y sus esposas en todo el pueblo de Israel.

Está escrito en la mishnáh que hay acciones que el hombre realiza en este mundo, y su aura y su mérito permanecen para el mundo venidero. Y entre ellas, se encuentra atraer la paz entre las personas. Vaya si es necesario que nos fortalezcamos y aprendamos a atraer la paz, el Shalóm, entre los hombres, y principalmente dentro del propio hogar, los hombres con sus mujeres y sus niños, porque nada hay más dulce y más bello que el Shalóm, la paz de la plenitud.

Porque el Shalóm es uno de los nombres de D's, y cuando hay Shalóm en el hogar se evidencia en él la presencia del Creador, y la providencia, y la bendición se hace patente. Y tenemos el privilegio de la Toráh y de las enseñanzas todas de nuestros sabios, que nos indican infinidad de caminos para arribar y asegurarnos el verdadero Shalóm dentro y fuera del hogar, el Shalóm sobre el que se apoya toda verdadera bendición, como está escrito: "Hashém fuerza dará a su pueblo, Hashém bendecirá a su pueblo con Shalóm".

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EL SENTIDO DE LAS MITSVOT
por Rav Natan ben-Jaím
Se pregunta el Rambám: "¿Qué tienen en común el shabát y la shevi'ít (el séptimo año de la tierra, sobre cuyos frutos está prohibido el lucro), que hace que para ambos esté escrito que son "leshém Hashém" (en nombre de D's), advertencia que no se menciona para ningún otro evento temporal?

El Rav Leivovich explica el comentario de Rashi del siguiente modo, en base a una lectura del Raabád: "La intención de las mitsvót es que el hombre sepa que tiene un Creador que reina sobre él". Tras que el Creador entregara la tierra a los hombres, éstos podrían pensar que la tierra les pertenece, que ellos son sus dueños.... y nadie más; y olvidar así al Creador; y tal olvido traería consigo la disolución del propósito sagrado de la Creación. El Raabád menciona varios ejemplos para ilustrar su explicación: Si D's le da al hombre la posibilidad de poseer un campo, viene junto con dicha posesión el conjunto de leyes relativas al arado, a la siembre y la cosecha; las normas relativas a la prohibición de labrar la tierra utilizando especies disímiles en yunta (por ejemplo, un buey y un burro uncidos juntos); la prohibición de cultivar "kiláim", o la obligación de dejar "peáh": una esquina del terreno para que su cosecha quede a disposición de los necesitados. Durante la recolección, la cosecha que cae de manos del dueño del campo debe quedar abandonada para que la recojan los necesitados, y lo mismo sucede con lo que resulte olvidado en el campo tras completar la faena. Y aún entonces, realizada ya la cosecha, se debe descontar de ella el maasér (el diezmo) y la trumáh. Tras moler el trigo y hacer harina, cuando tenemos ya la masa para hornear, tenemos el deber de quitar "jaláh" para alimento del Cohén. Y por último, antes de comer el pan y tras satisfacernos con él, tenemos un orden de bendiciones-consagraciones que pronunciar. Tal sistema se proyecta a todos los órdenes de la vida: a la vestimenta, al ganado, a las plantaciones; a cada instancia de la vida, a cada momento del año.

Dice nuestra parasháh: "Y será cuando vengan a la tierra que dispuse para ustedes..."; y remarca: "que Yo les di". Debemos mantener conciencia clara de que nada nos pertenece de por sí: todo cuanto poseemos, no está en nuestras manos sino para cumplir con un propósito sagrado. Por eso, cuando estamos en nuestra tierra, cada séptimo año debemos suspender toda labor y abstenernos de sembrar y cosechar. Y aquí se encuentra el paralelismo que halla Rashi entre el Shabát y la Sheviít: ambas instancias hacen propicio que anulemos la sensación de ser "amos" de la Creación y de la vida, y nos guían hacia la finalidad que señala el Raabád para todas las mitsvót: que sepa el hombre que el Creador gobierna sobre la Creación, y a El pertenecen (y a Su arbitrio se encuentran) la Tierra y cuanto ella contiene.