אור חורת בקורות לבו של האדם

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miércoles, 7 de mayo de 2014

Matók MiDvásh 13 - Emór 5764

Revista Matok MiDvash, desde Jerusalem

A modo de Editorial
Siempre hablamos en voz alta

Queridos amigos:
solo nos resta verlo, y para ello hay que vivirlo
Comentando nuestra parasháh, trae el Zohar este diálogo singular: Rabi Iosi y Rabi Itsják caminaban juntos y departían. Dijo Rabi Iosi a Rabi Itsják: Está escrito "Y llamarás al shabát deleite para consagrar a D's (...)", y luego dice "lo honrarás, absteniéndote de hacer tus caminos y de hablar palabras profanas".
Rabi Iosi comprende fácilmente la prohibición de realizar trabajos profanos en el día consagrado por D's, comprende que debamos abstenernos de "salir a los caminos" ese día, pero pregunta: "¿Qué prohibición es ésta de hablar palabras profanas? ¿Qué clase de violación podría ello suponer?". Le respondió Rabi Itsják: "Sin duda sería una profanación. Porque no hay palabra del hombre que carezca de voz, y cada voz se eleva a las alturas, y en los mundos elevados despierta otra palabra y otra voz". Y cuando despierta en las alturas, en el día sagrado, una voz de lo profano, sin duda estará profanando la perfección sutil de la consagración.

En nuestra parasháh, el pueblo de Israel continúa su camino de aproximación a la conciencia plena de la Verdad. Al inicio de la parasháh, se nos ofrecen las leyes que regirán el oficio sagrado del Cohen, el Sacerdote. Estas leyes son la cúspide del trabajo sagrado; desde la actividad del Cohen en el Beit-HaMikdásh se delinea hacia nosotros la relación de la humanidad entera con el Creador. Y sabemos que, para el futuro por venir, el pueblo de Israel entero estará llamado a ejercer el sacerdocio; de modo que estas leyes tienden a moldear la conciencia de cada uno de nosotros.
A continuación, una vez que tomamos las reglas que nos vuelven hábiles para la consagración, procede la parasháh a proyectar esta nueva conciencia en las dos dimensiones restantes a cuyo través discurre nuestra vida: el tiempo y el espacio. En primer término, realiza un rápido pasaje por el año judío: las distintas fechas sagradas y su trabajo singular aparecen descriptas aquí con claridad. En segundo término: "Y cuando vengáis a la tierra...."; ésto es, habla de cómo tratar el espacio, cómo consagrar el lugar y los frutos que nos ofrece. Porque de algún modo, en cada verso de Toráh, en cada palabra, en cada letra, se ilumina para quien ahonde en ella la Toráh completa, y cada letra alude a la necesidad de todas las demás.

 
Esta semana, comienza a volverse realidad la segunda etapa de este sueño que compartimos: el proyecto Ieshivah.Net. Nuevos columnistas en nuestra revista, nuevas clases que van poblando la agenda del Beit-Midrásh virtual, nuevos rabaním incorporándose al equipo, aportando sabiduría y puntos de vista. Hoy, damos la bienvenida a Rav Marcelo Krawiec, que comienza un ciclo de clases desde Mexico, de las que se podrá participar todos los martes en http://www.beitmidrash.org/. También inauguramos un nuevo espacio en "Matók MiDvásh": a cargo de Galia Ginerman, la columna dedicada a la mujer judía, con reflexiones que habrán de acompañarnos cada semana al compas de cada parasháh, de cada formulación en que la letra de la Toráh se vuelve arcilla para que con ella construyan nuestras manos.
 
El ordenamiento temático de nuestra parasháh nos habla de Shalóm: de la paz que nace de la plenitud; de la realización completa de lo mejor de cada uno de nosotros. Para arribar al Shalóm -como para arribar a cualquier destino- hay que surcar los caminos del laberinto vital. Mas al Shalóm sólo se arriba cuando los caminos recorridos son los del mapa de la Creación y de la Vida que provee la Toráh. Entonces, nace del arte de preguntar el ejercicio de la respuesta: tiempo y espacio, las circunstancias todas, resultan subordinadas a un propósito trascendental, y plenos y claros, desplegamos en alas blancas lo mejor de nosotros.
Invitándoles a visitarnos en nuestro Beit-Midrásh virtual, y esperando que disfrutéis del material de esta revista, que ha sido preparado con amor,
con vosotros mis brajót, desde una Ierushalaim luminosa,

daniEl I. Ginerman
editor@ieshivah.net

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APRENDIMOS EN LA GUEMARA ESTA SEMANA

...cuando nada le va en ello

Un hombre no peca cuando nada le va en ello

En la hoja 5 del Tratado de Babá Metsía del Talmud Bablí, comienza el tratamiento de un caso de robo de ganado por parte de un pastor que cuida rebaños de terceros. El problema que enfrentamos en cierto punto del debate  consiste en que, si pudiéramos creer en la palabra del demandado, podríamos hacerle jurar su inocencia. Mas no creemos en la palabra del pastor, porque tenemos testigos de que robó al menos una mínima parte de lo que se le reclama. Mas alguien considera que aún antes de todo testimonio debiéramos desechar su palabra: "puesto que sabemos que es pastor, y" como estableció Rabi Iehudáh,  "los pastores tienden a permitir que su ganado pastoree donde están las mejores pasturas", aún si con ello están cometiendo robo, por pertenecer tales pasturas a terceros.

Mas esta tesis es desechada de inmediato, al comprobar que Rabi Iehudáh sólo puede haberse referido a los pastores que procuran alimento para su propio ganado; ¡nunca a los que procuran pasturas para el ganado de terceros!
¿Por qué? Porque quien tiene interés propio en la alimentación de los animales que cuida, se verá tentado de proveerles el mejor alimento aún si para ello debiera transgredir la propiedad privada, porque de ello obtendrá más tarde su propio provecho.
Mas, ¿qué interés podría alentar a quien pastorea el ganado de terceros a cargar con la culpa del robo de pasturas? ¿Con qué objeto lo haría, si no ha de obtener provecho extra alguno a partir de la mejor alimentación de los animales encomendados a su cuidado?

De aquí, la "jazakáh", una condición fija al inicio de todo análisis en que se apoyará un juicio: No presumimos delito en quien de ningún modo obtendrá provecho de él. Un hombre no comete una transgresión que pesará luego sobre él, si nada gana a cambio.


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EL MARAVILLOSO PRIVILEGIO DE CRECER
por Rav Biniamin Cohen
"Un toro o una oveja o una cabra que nazca, estará siete días con su madre, y a partir del octavo día podrá ser ofrecido en sacrificio...", indica nuestra parasháh, entre las reglas atinentes a los oficios del Templo.
Y salta de aquí la siguiente pregunta: ¿por qué escribe la Toráh acerca de "un toro, o una oveja, o una cabra que nazca"? Al nacer, no hay toro sino ternero, ni tampoco oveja, sino cordero. ¿Por qué son referidos al nacer por los nombres de su adultez?
En el Zohar, el tema se explica del siguiente modo: "Dijo Rabi Aba, ven y mira: Un hombre, en el momento de nacer, carece de las energías elevadas hasta que es circuncidado. Con la circuncisión, despierta en él la aptitud para la Toráh. Más tarde, cuando toma mujer en matrimonio y procrea y tiene hijos y los guía por el camino de la Toráh, recién entonces se convierte en un hombre completo".
Pero un animal, una bestia, en el mismo momento de nacer recibe la misma calidad de energías que recibirá durante toda su vida hasta el momento de la muerte. Por eso son llamados los animales, al nacer, con el nombre que les designa luego, en la edad adulta. Para enseñarnos que el hombre es distinto de la bestia, aunque en apariencia resulte que tenemos iguales apetitos y básicamente igual actividad, y aún más: la bestia no sufre de las presiones y las tensiones de los hombres.
Pero los hombres, a diferencia de las bestias, disponemos de todo el tiempo de nuestras vidas para renovarnos, crecer, trascender de etapa en etapa, acercarnos a la completitud de nuestra potencia, y aproximarnos así al Creador hasta convertirnos en hombres completos.

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SERAS SAGRADO Y CONSAGRARAS EL TIEMPO
por Nuriel Cohen
* El versículo (Vaikrá XXII,32) dice: "Y me consagraré dentro de los hijos de Israel, Yo, D's, que los consagra". E inmediatamente de dicho ésto, pasa a las mitsvót concernientes a los "moadím", las fechas sagradas a lo largo del año. La conexión estriba en que una vez que el pueblo de Israel, y cada uno de sus integrantes, se torna sagrado por vía de su propia acción, y recibe en su interior la vitalidad suprema que le provee el Creador, se torna Israel apto para consagrar el tiempo, las fechas del año fijadas por la Toráh como mojones de sacralidad de los que alimentar el tiempo todo, y desde estas fechas, incidir con kedusháh sobre el tiempo y la Creación.

* Tras detallar extensamente todo el tema relativo a las festividades y conmemoraciones del año judío, nuestra parasháh culmina la exposición de los tiempos haciendo referencia al Shabát: "Estas son mis fechas, seis días harás trabajo y en el séptimo será shabát shabatón, no harás trabajo alguno en él" (Vaikrá XXIII, 2-3). Se pregunta el Gaón de Vilna por qué esta contigüidad, y explica que el versículo se refiere también a las fechas festivas, expuestas aquí del siguiente modo: hay seis fechas consagradas por la Toráh en las que está permitido realizar algunos trabajos -los necesarios para la propia alimentación-. Estas fechas son: dos días de Pésaj, un día de Shavuót, un día de Rosh Hashanáh, y dos días de Sucót. De este modo, al decir el versículo "seis días harás trabajo y en el séptimo" no, está indicando que en esos seis días festivos está permitido realizar trabajos para procurar alimento, pero que en el séptimo de los días sagrados, que es Iom Kipúr, está prohibido todo trabajo para toda necesidad de que se trate.


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UN MAESTRO, UN AMIGO, Y LA CAPACIDAD DE JUZGAR PARA BIEN
por Rav Meir Ifraj

Nos dice en su capítulo primero el sagrado libro de "Pirkéi Avót": "Iehoshúa ben-Pirjáia dice: Hazte un Rav -un maestro-, y adquiere un amigo, y juzga a todo hombre para bien".

"Hazte un Rav": que el hombre necesita contar con alguien que disponga del conocimiento de que él mismo aún no dispone, alguien que sepa lo que él ignora. Pues quien adquiere sabiduría todo lo tiene, y rico es quien vive feliz con la porción de mundo que le toca. Y para ser rico, para ser feliz, es imprescindible contar con un referente, un guía, en la sabiduría.

"Y adquiere un amigo": Como dijo el rey Shlomóh -Salomón-: "Mejor son los dos que el uno", porque si uno se cae, su amigo le ayudará a incorporarse. El hombre necesita de un buen amigo con el que afilarse recíprocamente, con el que complementarse en la sabiduría y en la acción, con el que discutir puesto que también la discusión ayuda a crecer. Un hombre que, por el contrario, está solo, podrá permanecer incambiado toda su vida; como expresa la conocida metáfora: "no se afila sólo un cuchillo, sino que necesita de una piedra que lo desgaste".

"Y juzga a todo hombre para bien": Si ves a un hombre de quien no sabes si es un justo o un malvado, y hélo cometiendo una acción prohibida, recae sobre tí la mitsváh de juzgarlo para bien, de presumir su inocencia y decir que seguramente tuvo buena intención, o que acaso se equivocó, o quizá "no comprendí lo que vieron mis ojos". Porque en realidad, ciertamente, no sabemos nosotros qué hay en el corazón de un hombre y cuáles son sus inquietudes y sus intenciones, que sólo el Creador conoce. Y es parte inseparable del camino de bien juzgar para bien al otro, tal como quisiéramos ser juzgados nosotros en todos nuestros actos para bien. Así está escrito en nuestros libros sagrados: que cuando un hombre tiene la oportunidad de juzgar a otro para bien, en ese mismo instante, en los cielos tiene lugar otro juicio en que el juzgado es él a partir de su actitud; y esperan en el Tribunal de las alturas a verificar cuál será su actitud a la hora de juzgar, y tal como él actúe, así actúan respecto de él.

Por eso, amigos míos, debemos fortalecernos en todos estos puntos maravillosos que nos han señalado nuestros sabios, y crecerá en nosotros el provecho del alma y una gran felicidad. Y sea la Voluntad que sepamos merecerlo, Amén.


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REFLEXIONES CAMINO A CASA
por Rav Dorón Rosilio

Queridos hermanos y hermanas:

Quiero conversar con ustedes con la ayuda de D's acerca de Sfirát HaOmer, la cuenta del Omer que son estos días que transcurren desde el momento cúlmine en que salimos de Mitsráim hasta que nos es entregada la Toráh en el Monte Sinai: desde Pésaj hasta Shavuót. Se trata de dos eventos de gran importancia en nuestras vidas, dos eventos enormes y profundamente diferentes entre sí.

La salida de Mitsráim ocurre cuando ya estamos casi completamente perdidos; apenas un instante antes del final, antes de que nuestra situación se tornara irrecuperable, Hashém nos saca súbitamente de allí. Y ésto nos despierta nuevas preguntas: ¿Por qué tuvimos, de por sí, que pasar por esa esclavitud? ¿Por qué tuvimos que esperar hasta el último momento? ¿Por qué el exilio tuvo que ser de tan terrible esclavitud, y justamente en Mitsráim? No voy a proveerles respuestas a todas estas preguntas; antes bien, les regalo la oportunidad de deleitaros con ellas. Porque también hay una oportunidad de deleite en la pregunta sin respuesta, una oportunidad de aproximación y conexión y vivencia y aún de apertura al entendimiento, ¡desde el hecho mismo de enfrentar preguntas para las que no tenemos respuesta!

D's nos saca de Mitsráim con milagros revelados, con maravillas, obrando modificaciones a la naturaleza ante los ojos de todo el mundo. La salida de Mitsráim es una luz enorme, inmensa, máxima, a que accede el pueblo de Israel justo antes de llegar al último escalón en su descenso. Una salvación milagrosa pero temporal, que debe culminar porque el milagro revelado no ha de ser la norma que rija la realidad. Entonces, ni bien culminada la liberación, comienza el viaje, el camino del aprendizaje y la preparación, el entrenamiento, la construcción, el direccionamiento y la guía que nos va convirtiendo lentamente de esclavos en seres libres que llegan al pie del Monte Sinai tras cuarenta y nueve días en que vamos ascendiendo, peldaño a peldaño, alistándonos para el encuentro, para la boda entre el pueblo de Israel y el Creador. Siete semanas; siete veces siete días. Y en este instante, nos encontramos nosotros en medio de este viaje, en la quinta semana, contando los días que restan hasta la recepción de la Toráh bajo el palio consagratorio del Sinai.

Todo quien logra aproximarse a la realidad del Creador, todo quien logra desear la luz de la Verdad, recuerda la salida singular de su Mitsráim privado, y ese destello de luz enorme que se reveló sobre él de pronto, cual un rayo en la oscuridad. Esa sensación sobrecogedora de revelación repentina, fascinante; esa certeza de estar de retorno, volviendo al hogar, de ser el hijo amante y amado que vive la maravilla del reencuentro, y tras el vértigo de los abrazos y la calidez y el amor, comenzar a subir lentamente, paso a paso, por la ladera de la montaña, adquiriendo cada día una nueva dimensión de vida, cada semana, cada año, toda la vida, cada instante un sentido nuevo y la certeza del crecimiento que no cesa.


Matók MiDvásh 12 - Ajarei Mót / Kedoshím 5764


Todo está escrito; y estamos aquí para aprender a leer Editorial de RetornoEntre la Tierra y el Cielo: el trabajo sagrado de los hombres
Queridos amigos:
solo nos resta verlo, y para ello hay que vivirlo
Los días que van desde la segunda noche de Pésaj hasta Shavuót son llamados "Sefirát HaOmer": la cuenta del Omer. A lo largo de 49 noches, contamos el paso del tiempo y, a su través, avanzamos por un camino de crecimiento espiritual. Cuarenta y nueve son los niveles de impureza en que se arrumbó el pueblo de Israel durante su estancia en Mitsráim: simétricamente, cuarenta y nueve serán los niveles de sacralidad y entendimiento que atravesaremos al prepararnos, desde nuestra liberación en Pésaj, para recibir la Toráh en Shavuót.

Cuentan nuestros sabios que Rabí Akiva tenía doce mil parejas de alumnos. Era la suya la mayor academia de Toráh de su tiempo; se estudiaban en ella las enseñanzas que recibiera Moshéh en el monte Sinai, y predicaba Rabí Akiva con su propio ejemplo la necesidad de adoptar vitalmente la Toráh, hacerla parte de uno, encarnarla, "aterrizarla" en la vida real. La tarea de in-corporar la Toráh es ardua: requiere, por un lado, la completa anulación del ego frente a La Voluntad del Creador, y por otro, una clara conciencia de la individualidad, del carácter único e irrepetible de éste que hemos venido a ser desde que nacimos a la vida. Pero sus alumnos, arrobados por la magnitud de la Verdad, llegaron a tal punto extremo de "hitbatlút", de auto-anulación, que se tornaron incapaces de seguir refiriéndose, unos a otros, como individuos dignos de atención y capaces de determinación alguna. Disolvieron las raíces que les mantenían atados a esta vida y se tornaron ajenos a ella; y un año, durante los días que van desde Pésaj hasta Shavuót, dejaron este mundo a manos de una peste que les ultimó súbitamente.

Durante los días del Omer, guardamos luto por ellos. Veinticuatromil luminarias de Toráh que desaparecen de este mundo en pocos días no pueden, más allá del luto, no llamarnos a reflexión. Ante la pregunta inmediata, nos respondía días atrás el Rav Azriel Tauber, en Banaij Tsión: "no murieron como 'castigo' por haberse perdido el respeto, sino como 'consecuencia' directa de haber abandonado" todo punto de vista que pudiera mantenerlos atados a la vida terrena. Trascendieron; antes de su tiempo completaron el camino y se fueron. Y el luto que mantenemos es porque sus almas no volvieron más hasta nosotros, y nos falta la fuerza de su Toráh.

En las parashiót de esta semana, Ajarei Mot-Kedoshím, volvemos a plantearnos el fallecimiento reciente de los hijos de Aharon, el sumo sacerdote hermano de Moshéh. Nadáv y Avihú ingresaron al área más sagrada del Templo, del Mishkán, y quemaron un "ketóret", un incienso, que no había sido expresamente dispuesto en el orden sagrado. El incienso, que muda el aroma y a través de ello cambia por completo la comunicación del alma con el Creador, está sujeto a reglas estrictas, cuya transgresión es penada con la mayor severidad. Mas por fuera de las distintas explicaciones que rastrean las bases del pecado cometido, que les hizo merecer la muerte inmediata, el Or HaJaím explora el móvil que les llevó a exceder su función sacerdotal. Y en su exploración, halla que sencillamente "no pudieron evitar entregarse" a la belleza, la dulzura, el deseo, la proximidad,... en el nivel espiritual al que habían arribado, ya no les fue posible hallar reposo ni sosiego ni placer en la realidad material, y corrieron apasionadamente rumbo a donde sabían que el más alto elixir les aguardaba.

Nos cuenta el Talmud que "Cuatro ingresaron al Pardés", al Prado de la Sabiduría. Uno murió; uno enloqueció; uno se entregó a la herejía. Sólo Rabí Akiva, "entró y salió con shalóm". Los otros tres, se vieron absorbidos por la fuerza del descubrimiento, por el remolino vertiginoso de la verdad que muda todo de sitio repentinamente y saca de quicio al deseo. Rabí Akiva entró con Shalóm, con paz y completitud; entró sabiendo con qué propósito ingresaba, sabiendo que uno no puede quedarse allí y seguir vivo. Preservó su shalóm, y salió, para ser el más grande de nuestros sabios hasta hoy.

Hemos relatado tres casos, que tienen una misma inquietud en su raíz, y que caen en el mismo tropiezo. Leemos en nuestra parasháh (Vaikrá -Lev.- XVI,8) que Aharón, el Sumo Sacerdote, toma dos chivos en Iom Kipúr, y echa suertes sobre ellos: uno será consagrado a D's, y el otro, a Azazél, al ángel que tiene por trabajo someter a prueba al Bien y a la Verdad, intentar derrumbarlos, tentarlos, hacerlos fracasar. El que sale sorteado para su consagración a D's, es sacrificado sobre el altar del Templo en una ceremonia sagrada. Sobre el otro, extenderá Aharón sus manos y confesará todos los pecados de Israel, y lo enviará con ellos, vivo, al desierto, a que expíe y dé ocupación a Azazél, para que éste no pueda sabotear el trabajo sagrado de Israel en el día de la expiación (de este pasaje nace la expresión "chivo expiatorio"). Hecho todo lo cual, se procede ya a la limpieza, a la purificación. Purgado el mal, se da la bienvenida al Bien y a la luz con la mayor dedicación.

Así funciona el trabajo espiritual de Israel: cada paso, cada obra, cada instancia de crecimiento, debe contemplar el "arriba" y el "abajo". Para que haya consagración del alma, se debe atender también al cuerpo, porque hemos venido a vivir sobre la tierra y a lo largo del tiempo, y no nos es propicio abandonar los requerimientos de quienes somos "abajo" para atender solamente a la pasión por el "arriba". Nadáv y Abihú, hijos de Aharón, se sienten compenetrados en su función sacerdotal, en su proximidad al Creador, y olvidan que son hombres sometidos al dictamen de la Toráh. Los discípulos de Rabí Akiva aprenden toda la Toráh, y se anulan a sí mismos ante la magnificencia de la Verdad. No se atreven a caminar otro paso hacia delante y recrear la Toráh desde su propia vida: el éxtasis es más fuerte que la compulsión a actuar, a hacer, que el recuerdo de la propia y humana misión sobre la tierra. Otro tanto, los sabios que ingresan al Pardés, que por vía de meditación sagrada acceden a que les sea develado el enceguecedor brillo de la Verdad: olvidan por completo a qué llegaron hasta allí, olvidan quiénes son, nada quieren saber ya de los zapatos que dejaron allá abajo vistiendo aquellos pies.... y se pierden en su viaje para siempre.

Sólo Rabí Akiva, de todos ellos, aprehende para sí la verdad. Cada mínima porción de sabiduría que adquirimos, tiene aplicación práctica en esta vida que hemos venido a redimir. Comemos, alimentamos al cuerpo, para dar soporte al trabajo del alma. Trabajamos por nuestro pan, para ser capaces del oficio sagrado. Ejercemos el más profundo amor, uniéndonos en matrimonio para dar cumplimiento a la re-unificación, consagrándonos en la Toráh. Todos los oficios del cuerpo y de la mente hallan asidero en el crecimiento espiritual, y nos dirigen hacia la más plena consagración. No; no es por vía de anular quien cada uno es, sino de tornar sagrado cada pensamiento, cada paso, cada acción, que daremos cumplimiento a la verdadera y más completa redención.

"La cabeza en el cielo, y los pies", caminando rumbo a donde la cabeza indica, "sobre la tierra", es la fórmula del quehacer de la Toráh. Desde la más completa autenticidad y sin desmayo, obreros de la Creación, haciendo propicia la construcción del Mikdásh, del Templo que conectará por fin alma y cuerpo, materia y espíritu, tiempo y verdad, en íntima e irrevocable unión. En eso estamos trabajando durante estos días del Omer: en consagrar la acción de cada instante, en tornarnos hábiles en el ejercicio de la Verdad.

Con vosotros mis brajót, desde una Ierushalaim luminosa,

daniEl I. Ginerman, y todo el equipo de Ieshivah.Net
editor@ieshivah.net


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APRENDIMOS EN LA GUEMARA ESTA SEMANA

Shlujo shel Adam kemotó
El "shelíaj", enviado o delegado, de alguien, es para la ley como el mismo que lo envió. O sea, por ejemplo: si A solicita a B ir hasta donde se encuentra la prometida de A y consagrarla en matrimonio para él y B lo cumple, en ese preciso momento, A se transformará en un hombre casado, aún si estuviera a miles de kilómetros de distancia.

Ein sheliaj lidvar aveirah
No se contempla (a la hora del juicio) que una transgresión haya sido cometida por uno, por delegación de otro. Para el cumplimiento de una mitsváh (un precepto), un hombre puede designar un "shelíaj", un enviado u delegado que lo haga por él. En ese caso, la mitsváh será de quien la ordena, y no de quien la hace, que es delegado del primero. Pero si uno solicita a otro la comisión de un delito, de una transgresión, a la hora del juicio será culpable quien efectivamente realizó la acción; porque nadie puede alegar haber recibido de un par la orden de transgredir el mandato de la Toráh, que está por encima de la voluntad de los hombres, y permanecer impune.

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NADAMOS JUNTOS RUMBO A CASA
por Rav Dorón Rosilio

Hermanos amados!

Han pasado largas semanas desde la última vez que les escribí, y estoy muy feliz de retornar y contarles lo que siente mi corazón. Mi corazón se llena de emoción y de vida intensa de saber que es el momento de compartir con ustedes mi sentir y mis pensamientos, porque somos todos un único cuerpo que late y vive y respira; y así lo podemos sentir antes de toda comprensión intelectual: la maravilla del pueblo de Israel, disperso en todo el mundo, chispazos de luz errante con mentalidades distintas, distintos idiomas y hasta aspectos diversos.... y todas las diferencias se tornan insignificantes ante la magnitud de la raíz común que nos une, que me permite escribir aquí, en la sagrada Jerusalem plena del verdor primaveral con que nos bendice Hashém, y hablarles en estos días de la nostalgia del Mikdásh, del Templo Sagrado que añoramos, de la comunicación directa con el Creador, de cuanto ansiamos recuperar en la hora de la GueUláh: la Redención.

Sé de qué estoy hablando. Se trata de una vivencia muy intensa que se encuentra dentro nuestro: el ansia de Redención, la añoranza del Mikdásh implantada en el ADN espiritual de nuestro pueblo. Una vez -recuerda- teníamos a los Cohaním, los sacerdotes que oficiaban, y los profetas que veían y volcaban el sagrado saber y el "Ruaj HaKódesh" sobre nosotros, y había una inmensa luz. Y luego vino la dolorosísima caída. Y aún.... ahora, hay una añoranza que crece y renace en los corazones y en las almas y nos llama al retorno. Y aún si no entiendes plenamente a qué me refiero, aún si la falta de silencio te impide pensar reposadamente, debes saber, hermano mío, hermana mía, que somos como los salmones que comienzan a viajar contra la corriente, remontando el río, rumbo a su raíz, rumbo a donde nacieron, para devolverse al verdadero amor implantado en nuestros corazones. Hashém quiere ésto de nosotros y por ello se hace propicio, y nuestras vidas, si las miramos con atención, se revelan en una auténtica maravilla.


¿COMO SE TORNA SAGRADO UN HOMBRE?
por Rav Israel Meir

Al principio de la parasháh "Kedoshím" (la segunda de las dos que leemos esta semana) está escrito: "Seréis sagrados porque sagrado Soy D's, vuestro Elokím". He aquí que nos ordena Hashém ser sagrados. A primera vista, pareciera que se nos ordena la santidad del justo, del tsadík, que camina por un sendero de rectitud sin mácula y cumple así con la voluntad del Creador. Pareciera que se espera de nosotros algo que está por encima de las posibilidades de casi todos.

En nuestros libros sagrados, se nos dice que debemos asemejarnos al Creador puesto que de acuerdo a su imagen fuimos creados. Que debemos fundirnos en El. ¿Y es posible, acaso, alcanzar tal cumbre? Si D's es, a nuestra visión, un fuego inasible siquiera por el pensamiento, ¿cómo podríamos fundirnos en El, o asemejarnos a El siquiera? Responden nuestros sabios que hay un único camino para lograrlo, y consiste en asemejarnos a El en la acción, en las cualidades que determinan el modo de actuar del Creador respecto de sus creaturas. Así como El manifiesta misericordia, nos cabe ser misericordiosos. Así como es espléndido, revelarnos en esplendor. Así como hace Bien, hacer bien.

Explican nuestros sabios que el Creador actúa incidiendo, entregando, brindando. Todo El es, respecto de nosotros, "tov umeitív", bien que hace bien y brinda bien. Nosotros, por naturaleza, somos esencialmente receptores. Requerimos permanentemente, y recibimos, tomamos, "consumimos" sin cesar. Esa voracidad de recibir, de consumir, de acumular para nosotros mismos, nos aleja del Creador, de la esencia del bien, de la semejanza de D's. Mas está en nosotros aprender a, sin dejar de recibir, hacerlo por voluntad de dar. Ser para hacer. Tomar para brindar, aprender para incidir, estudiar para enseñar.

Entonces, si se esfuerza el hombre en trabajar sobre su naturaleza y aprende a recibir por voluntad de dar, a desear bien para sí por fuerza de su deseo de hacer el bien hacia fuera de sí, se estará aproximando a la imagen del Creador de acuerdo a la cual hemos sido creados. Y entonces, recién, podrá llamarse "sagrado", socio del Creador en la Creación, obrero de la Verdad para la construcción de un nuevo Reinado del Bien y la Verdad sobre la Tierra.


Matók MiDvásh 05 - Shemót 5764

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Matok MiDvash
"Matók MiDvásh"

prensa electrónica de los proyectos Ieshivah.Net & EstudiosJudios.Net,
desde http://www.banaijtsion.com/ y http://www.patrimoniosefardi.org
Edición No. V - Tevet 5764, Parashát Shemót, desde Jerusalem
http://www.ieshivah.net/ediciones/05/
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Nuestras ediciones anteriores: 01 , 02 , 03 , 04
Esta edición es dedicada a la memoria de Hersh Mendl ben-Ioséf z"l
y a la sanación plena de Iehudah ben-Masha, Shlomoh ben-Moshéh y Shelby bat-Laura
Dedica Matók MiDvásh
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Indice:
* A modo de editorial: Unidos recibimos, porque queremos dar
* Anhelar la inocencia y ejercer la Fe, por Rav Dorón Rosilio
*
La bendición del buen nombre, por Rav Lior Iasúr
* La Verdad es la fuente del Shalóm, por Rav Eial Kedmi
* A la medida de quienes somos: de quienes podemos ser, por Rav Israel Rafriat
* Halajáh: Toráh traducida en normas para la vida real: El lavado de manos (II), por Rav Natan ben-Jaím
* Cumplirá el mal su cometido. Y será Bien, por Netanél Mazor
* NUEVA SECCION: Esta semana, en el Foro OrTora-Sefarad:
    * Testimonio: El Camino de la Verdad. El largo camino hacia el ejercicio de la fe.
    * ¿Existen el pecado y la culpa en el Judaísmo? La respuesta del Rav Guideon Muzykansi 
* APOYA ESTE PROYECTO



Parasháh de la Semana: Shemót /  Shemót (Exodo) I,1 - VI, 1
Shemót

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A modo de editorial:
Unidos recibimos, porque queremos dar

Con el ingreso al libro de Shemót, llega la constitución de Israel como "ám", habitualmente traducido por "pueblo". Si ahondamos en la palabra, hallaremos en su raíz la partícula "im", que significa "con".  Con setenta miembros había llegado a Mitsráim la familia de Israel, y logran en nuestra parasháh conformar "masa crítica": 600.000 personas con-formando un colectivo que comparte la fe, la convicción de un sentido que proviene del Creador. Y esa fe, ese fundamento común, les sostiene como pueblo, y les prepara a la redención.

Seiscientas mil almas germinales, fundacionales, de toda la historia de Israel: una por cada letra de la Toráh que se aprestan a recibir. La Toráh que recibirán al día número cincuenta de camino por el desierto, tras caminar un día por cada nivel de mal que los sometiera a prueba durante la esclavitud de Mitsráim. Caminan con seguridad. En el desierto les será provisto el "man", que caerá del cielo, por sólo y completo sustento. Y no dudan.

Venimos de Bereshít, de hablar de seres únicos y paradigmáticos en cantidades pequeñas (uno a uno los patriarcas, los doce hijos de Iaakóv, los setenta miembros de la familia), y pasamos a afirmarnos, ahora, en una experiencia de unidad multitudinaria de la que formamos parte. "Shemót", los nombres de quienes salimos esta semana de Mitsráim, son los de todos quienes tomamos vitalmente el desafío de crecer en dirección a la Verdad, de arribar a una vida plena de sentido. Dejamos atrás la opresión, el bullicio, el embrutecimiento de cada Mitsráim que vivimos, y con la Toráh por mapa y arma, arremetemos a merecer una vida de Verdad.

Desde Banáij Tsión, trabajamos para compartir esta vivencia maravillosa con vosotros: el lujo de la sabiduría rigiendo la propia realidad, el deleite de la verdad ancestral que nos fuera legada por visión y por misión. Sea voluntad que estos contenidos, en los que trabajamos con amor, con amor y Shalóm lleguen hasta vosotros para bien.

Con la brajáh que estáis oyendo en voz de Rav Hagai Mazor, nuestro director,
con las brajót de la Toráh,

daniEl I. Ginerman
editor@ieshivah.net



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Anhelar la inocencia y ejercer la fe

por el Rav Dorón Rosilio,  ravdoron@banayichzion.com


Queridos lectores, hermanos amados: Con la ayuda de D's habremos de continuar en el tránsito de la Toráh, una tras otra parasháh, y llegamos así ahora al inicio del libro de Shemót (Exodo). Estoy lleno ya de nostalgia y añoranzas por el tránsito de Bereshít (Génesis), que acabamos de culminar. Siempre siento añoranza por Bereshít.

Bereshít es un punto de inicio, un punto virgen y completo de inocencia previa a toda prueba, a toda reflexión, a toda costumbre, a toda complejidad de pensamiento. Cuando estamos en Bereshít somos aún cual niños pequeños, sencillamente buenos y verdaderos, amantes y amados; sin quejas ni argumentos ni intereses que defender, ni búsqueda alguna de acomodar la realidad a quienes somos. Bereshít es "el libro de la Fe", el libro que indica los paradigmas de la verdad sobre la tierra (el "derej Erets"): la combinación maravillosa del Jesed -la bondad, la entrega- de Abrahám con la Guevuráh -el rigor y el poder- de Itsják, y la pasión del Emet -de la Verdad- de Iaakóv, nacida en la pureza de su alma y su inocencia.

Llegamos así al inicio de Shemót, con doce hermanos sagrados que toman todo lo suyo y descienden, junto a su anciano padre Iaakóv, rumbo a lo desconocido. Con ellos, la mejor defensa y la más alta garantía: una provisión de Fe, sostenida sobre cimientos poderosos. Son ya la cuarta generación en que se prueba la Fe verdadera y el amor al Creador más allá de toda condición. Les son consustanciales la aceptación de la Ley y del rigor, la comprensión de la realidad desde una plataforma sustentada en la Verdad, la entrega al ejercicio del Bien. Y quien sustenta su camino en tales cimientos, no teme. A quien tiene fe, el miedo le es ajeno.

El miedo nace en la terrible combinación de lo desconocido y la percepción de un desarrollo "casual", azaroso, de los acontecimientos. Quien cree que es él por sí solo quien "mueve" las cosas, quien cree que determina por sí mismo el sentido de la vida, teme sin cesar, porque pesa sobre él el yugo de una responsabilidad insostenible: su propia vida, la de su familia, las elecciones que debe tomar constantemente sin nada consistente en qué basar su decisión. Mas, si vives desde la fe, fluyes como un manantial silencioso y transparente, y con paz y con seguridad pasas feliz las experiencias y pruebas a que la vida
te enfrentará.

Porque hacemos sin cesar, trabajamos, nos esforzamos, desde la conciencia de que en realidad, todo es supervisado por el Creador, y todas las decisiones provienen finalmente de El. Hacemos lo que debemos, lo que nos toca hacer, y percibimos en cada paso la supervisión plena, la providencia que ejerce sobre su Creación el Creador, desde la conciencia completa del propósito vital de todo lo creado.

Esta fe, que halla sitio en la raíz de toda la especie humana, fue "diseñada", se desarrolló y se consolidó en las vidas de nuestros patriarcas sagrados y paradigmáticos, a lo largo de Bereshít. Es una herencia "genética" irrenunciable, sin cuya asunción no hay verdadera vida.


heEmanti ki Adabér

Esta fe trasciende el nivel de la experiencia individual y se proyecta, en Shemót, al nivel de un pueblo, un colectivo completo que sustenta en la fe la superación de la más terrible experiencia del mal. "Mitsráim", el lugar de la opresión y la esclavitud, de la degradación y la muerte, en que Israel es despojado de todo y resta solo y desnudo con su fe por todo escudo, por toda riqueza, por sustento de toda esperanza y de todo esfuerzo. La fe es el fundamento vital y motor de Israel durante su tránsito por las terribles pruebas de Mitsráim, y tal desnudez provee una conciencia clara de que, sin la fe, sólo resta la muerte misma.

El pueblo de Israel se halla hoy disperso en el mundo, parte de él "voluntariamente" desconectado de la esencia motriz del judaísmo: la civilización occidental propone al hombre una vasta gama de ocupaciones, entretenimientos, vanidades, sensaciones.... ¡todo inmediato!, ¡todo "en efectivo"! Y frente a toda esta corriente avasallante de placeres instantáneos, de vida en presente desconectada de todo sentido, se mantiene en pie el punto pequeño (y gigante), el punto inamovible, fijo, de la fe. Basta conectarnos a él con delicadeza, con cuidado y seguridad, con íntima voluntad de paz, para liberarnos de súbito de todo el inútil vértigo de occidente... y entonces, de modo natural, la realidad va cambiando lentamente su significado: la diferencia entre lo fundamental y lo vano se vuelve clara y luminosa. Nos conectamos a nosotros mismos, a nuestra esencia: nos descubrimos. Y entonces, verdaderamente, vivimos.

De ésto aprendemos en Shemót: D's ordena a Moshéh concurrir a salvar a Israel; a un pueblo deprimido, denigrado, arrumbado en la desazón y la tristeza.... ¡¿Cómo hacerlo?!. Moshéh interroga al Creador: "¿Y si no me creen", si no confían en lo que digo?.


Vehen lo iaAminu lí?

Indican nuestros sabios que esta duda de Moshéh, su dudar de la potencia de la fe de Israel, será luego castigado. Y en los hechos, ya en el primer encuentro de Moshéh y Aharón con el pueblo de Israel, subraya la Toráh: "Y creyó Israel". Creyó Israel, despertando su fe desde las profundidades del letargo en que la vida en Mitsráim parecía haberles sumido. Creyó, exteriorizó, proyectó en la realidad la fe que llevaba inscripta en el alma, ni bien le fue revelado el camino hacia la redención. Y entonces, por fuerza de la fe, se hizo merecedor de ella.


VaiaAmén

Esta es la fuerza del cimiento de fe que alberga en el alma todo hijo de Israel. Si le permites manifestarse en tu vida, exteriorizarse, si le abres paso a ocupar el rol que le corresponde en tu vida y la haces crecer en cada paso y cada acción, la verdadera fe ilumina la vida. Y verás -y vivirás- entonces milagros verdaderos e irrefutables, y sentirás sobre tí la supervisión maravillosa del Creador que superpone un camino transparente de inmensa belleza ante tí, superpuesto al caos vertiginoso que colapsa de pronto ante la potencia trascendental de la Verdad.

¡Shabát Shalóm!


Rabi Janania
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¿Dónde estás?


La bendición del buen nombre

por Rav Lior Iasúr ravlior@banayichzion.com


VeEleh shemót bnei-Israel

El libro de Shemót (Shemót es "nombres", en hebreo) se llama así a partir de la frase con que comienza: "Y éstos son los nombres de los hijos de Israel...". Acude en nuestro auxilio Rashi (el mayor exégeta y comentarista de la Toráh), y explica: "Aún cuando ya habían sido contados y nombrados por sus nombres al llegar a Mitsráim" (al final de Bereshít), "vuelve la Toráh a nombrarlos luego de fallecidos, para expresar el amor del Creador por ellos". Los hijos de Israel, consagrados por su fe en D's, son objeto de amor por parte de El; por tanto, aún cuando el lenguaje de la Toráh es parco en palabras, aún cuando no hay en ella una sóla palabra demás, vuelve la Toráh sobre lo ya dicho y llama uno a uno por sus nombres a los hijos de Israel, para expresar el amor que corresponde a cuanto ellos representan.

Intentemos comprender cuál es la relación entre el amor que toca a los hijos de Israel, y la forma en que este amor se manifiesta: llamándoles por sus nombres.

En el Tratado de Avót (Talmud Bablí) está escrito: "Tres son las coronas (que puede llegar a vestir un hombre): la corona de la Toráh, la corona del sacerdocio, y la corona de la realeza; y la corona del buen nombre se eleva  sobre todas ellas". "¿Por qué la corona del buen nombre se eleva por sobre el conjunto de las otras tres?", se pregunta el libro Pele-Ioéts. Y responde: Porque el nombre dice la plenitud de los actos y de las cualidades que puede desarrollar un hombre. El nombre es, entonces, una difusión pública de la esencia íntima de quien lo porta.

Se comprende entonces que, siendo la esencia íntima de los hijos de Israel buena y completa y fundada en la fe en el Creador, se "deleite" el texto de la Toráh en llamarlos por sus nombres otra vez. Puesto que en esos nombres se inscribe el potencial que estará todo Israel llamado a revelar y desarrollar, acude el texto a sentar, en sus nombres, la esencia de la misión y el amor que ésta merece a ojos del Creador.

Esto se proyecta sobre las almas de todos nosotros: todo quien "se llama" (quien responde espiritualmente a la naturaleza y la misión de un) hijo de Israel, porta consigo el testimonio permanente de que su esencia, sus cualidades, y la acción que desarrolla desde tales bases, son proclives al amor del Creador.

Sea la Voluntad que nuestro nombre, Israel, sea expresión verdadera tanto de nuestro interior como de nuestros actos, y que éstos sean dignos del amor de D's, y nos conduzcan al pleno Bien del ejercicio de la Verdad.

 


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La Verdad es la fuente del Shalóm

por Rav Eial Kedmi, raveial@banayichzion.com

A lo largo del proceso de Teshuváh, de retorno a nuestras fuentes y raíces y a nuestra vida de Toráh, muchos conceptos se aclaran de un modo completamente diverso a su significado anterior; se invisten de nueva luz, y sustentan la vida nueva. Repasaremos hoy, tal como lo explica Rabi Najman de Breslev, el concepto de Emét: la Verdad.

Cuando hay "Emét", hay "Shalóm" -aprendemos-.


Shalóm

La Verdad se encuentra siempre bajo la égida del Shalóm. Shalóm es uno de los nombres de D's, y significa "paz en plenitud", la más plena armonía de Todo. El Shalóm es, entonces, la forma más perfecta de manifestación de la Verdad. Y ésta, procedente de D's, que es el  Shalóm supremo, se expresa en la construcción de la máxima armonía, paz, y plenitud posible en nuestras vidas.

¡Shabát shalóm!



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A la medida de quienes somos: de quienes podemos ser


por Rav Israel Rafriat, ravisrael@banayichzion.com


Decimos en la plegaria de Shajarít (matutina) de Shabát: "E ilumina al mundo todo y a sus habitantes, creados en la medida -o cualidad- de Rajamím" ("Rajamím" se traduce por bondad, piedad).

Es sabido que el sol sale cada día, como está ordenado; en verano como en invierno. Tal es así que lo vemos como algo "habitual", como algo que es así por su propia naturaleza, al igual que toda otra realidad, en apariencia constante, del mundo entero.

Pero dicha percepción nos quita perspectiva y capacidad de advertir hasta qué punto es maravilloso el modo en que todo tiene lugar. La luz del sol se despliega cada día sobre nosotros justo al ritmo que nuestros ojos están preparados a absorber el cambio de luminosidad del ambiente; si una sóla vez ocurriera que sale el sol de pronto y la luz del mediodía se expande súbitamente en medio de la noche, nuestros ojos, nuestra capacidad de ver y disfrutar los beneficios de la luz, se arruinaría sin remedio.

Que todo ha sido creado "con la cualidad de Rajamím" significa, entonces, que todo en la Creación es dosificado del modo exacto en que puede aportarnos el mayor beneficio, y al mismo tiempo no nos produce daño. Así sucede con la luz (física) del sol; así, también, con la luz de la sabiduría, con la luz de la Verdad. Cuanto más aptos nos tornamos para comprender (cuanto mejor nos preparamos, en el estudio y en la acción; cuando más nos consagramos), más fluidamente se revela ante nosotros la luz de la Verdad, más claramente percibimos el milagro cotidiano, más influencia de Bien nos es dado ejercer en nuestro mundo.


Arajém


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Halajáh: Toráh traducida en normas para la vida real:
El lavado de manos: "netilát iadáim" (II)


por Rav Natan ben-Jaím, ravnatan@banayichzion.com

En la pasada edición, repasamos los motivos por los que, antes de cada comida que incluirá pan, nos lavamos ritualmente las manos (hacemos "netilát iadáim"). Hoy, hablaremos de cómo y cuándo corresponde.

Tomamos una vasija sin rasgaduras, llena de agua, con la mano izquierda, y la volcamos tres veces sobre la mano derecha. A continuación, la tomamos con la derecha, y volcamos tres veces sobre la izquierda. Como estamos cumpliendo, al hacerlo, con un precepto de la Toráh, bendecimos: "Bendito Tú Hashém,...., que nos consagraste con tus preceptos y nos ordenaste el lavado de manos". Podría en principio resultar extraña la fórmula "y nos ordenaste", por cuanto la mitsváh de "netilát iadáim" proviene de nuestros sabios, y no directamente de la Toráh escrita. Pero es que la propia Toráh refiere a los mandamientos de nuestros sabios cuando nos dice, en Devarím -Deuteronomio- XVII: "De acuerdo al dictamen que ellos te indiquen, harás".

Ashér iorúja

La normativa de "netilát iadáim" rige sobre toda comida que incluya pan de una de las 5 especies de cereales que menciona la Toráh, en cantidad no menor a 30 gramos: toda "seudáh", toda comida que comenzaremos bendiciendo: "..... el que extrae pan de la tierra"; expresando nuestra fe y nuestra experiencia de que de El todo proviene, y sólo del Creador habremos de esperar.



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Cumplirá el mal su cometido. Y será Bien
por Netanél Mazor, netanel@banayichzion.com

En las parashiót que estamos recorriendo, nos ocupamos del descenso de los hijos de Israel a Mitsráim (Egipto); de su esclavización, luego; de la redención por fin. Desde nuestro punto de vista (desde las escasas posibilidades de nuestro punto de vista), buscamos comprender la lógica interna de todo este proceso.

D's, que es el Bien en sí mismo, creó todo el sistema universal dando a cada existencia un propósito positivo, una finalidad de bien.  Todo lo que es creado en el mundo, lo es para bien. No existe nada en la Creación que sea "mal absoluto": lo que tal parece, tiene en realidad un propósito que sirve al bien. El bien que se esconde tras una cáscara -una máscara- de mal, recibe el nombre de "nitsotsót": chispas, destinadas a ser fuego alguna vez. Y cuando tal sucede, cuando el bien oculto tras una apariencia de mal se manifiesta y se realiza, el mal que lo contenía queda despojado de toda otra meta y desaparece.

Lo beiadám

La tierra de Mitsráim estaba en la cima del mal y de la "tumAh", que es lo impuro, lo que en sí mismo es profanación. El "Or haJaím", uno de los grandes exégetas de la Toráh, llama a Mitsráim "el lugar de la cáscara maloliente". Nosotros ya sabemos, por el principio que explicamos antes, que el objetivo vital -aún inconsciente- de Mitsráim era proclive al bien; si bien en este caso extremo la explicación completa sería ardua, desgranaremos algunos puntos fundamentales para facilitar su comprensión:

Toda persona es enviada a esta vida con el objeto de superar algunas pruebas, que le permitirán luego "pasar de nivel". Se ponen a su paso todo tipo de experiencias, y aún tentaciones hacia las que se ve atraída por naturaleza. El trabajo de cada quien es sobreponerse a las tentaciones que contradicen su misión en la vida, y hacerse acreedor a participar del bien superior, del bien eterno, del disfrute más verdadero y más elevado al que es posible acceder. Cuanto más duras las pruebas, más alto se nos está capacitando para llegar; mayor es la oportunidad cuanto más difícil la prueba.

Esto exactamente es Mitsráim: al lugar de mayor impureza y más sofisticado mal debió descender Iaakóv con los suyos, para medirse en las pruebas a que el peor mal les sometería. Porque tras haber superado la prueba, tras sobreponerse al yugo del mal y a las tentaciones de lo impuro, saldrían preparados y dispuestos para recibir la Toráh. Y en ese momento, cumplida ya su misión al servicio del bien, el ejército de Mitsráim perecerá ahogado en las aguas del Mar Rojo (tras haberse abierto éstas al paso de Israel).

Este proceso nos toca -llega directamente- a nosotros hoy. En la continuación de la parasháh, se pregunta el "Or haJaím" por qué, tras un período tan largo en Mitsráim (400 años), se apresuró D's a sacar a Israel de allí, de un instante para el otro, sin preparativos, sin espera. ¿Qué había de particular en ese instante preciso en que debieron salir, y qué en el tiempo que les llevaría luego llegar a recibir la Toráh? Explica, al responder, que existen cincuenta "shaaréi tumAh", puertas de ingreso a lo impuro, al mal: cincuenta niveles en que se agotan todas las pruebas a las que el mal nos puede someter antes de resultar vencido y desaparecer. Mitsráim exhibía los cincuenta todos, listos para vencer a Israel. Y la misión de Israel era superar todas las pruebas, todas las tentaciones, toda degradación y humillación, y salir fortalecido, dispuesto al salto cualitativo hacia el verdadero bien.

A cuarenta y nueve niveles de pruebas fue sometido Israel por parte del mal y lo impuro, y trabajosamente, cuarenta y nueve niveles pasó. Mas no contaba Israel con la herramienta correcta para pasar el nivel número cincuenta, el último, el más terrible, de las pruebas listas en Mitsráim para él. Verse enfrentado a esta prueba, habría implicado la derrota. De modo que, dejando "pendiente" este último paso para la superación definitiva de lo impuro (que haría desaparecer el mal de la Tierra, puesto que éste quedaría ya sin cometido), fue rescatado Israel de Mitsráim rápidamente y de sus pruebas. Israel es salvado para acceder a las armas adecuadas, para enfrentar lo que inexorablemente deberá vencer.

Lekaj Tov

El portal número 50 quedó vigente, y de él se proyecta el mal sobre la Creación. Nos revela el "Or haJaím" que serán los hijos de la última generación (antes del fin de Estos tiempos y el arribo a la gueUláh="redención") quienes deberán enfrentar las pruebas cúlmines, definitorias, y superarlas para dejar al mal sin cometido: para hacer que desaparezca.

Es nuestro trabajo, entonces, avanzar en la lucha que nos quedó pendiente desde que salimos de Mitsráim. A la interrogante respecto de qué armamento es el correcto para esta prueba, responde el "Or haJaím": "La Toráh es el arma. En Mitsráim, antes de recibir la Toráh, no estaban preparados los hijos de Israel para superar esta última puerta, esta última prueba. Salieron de Mitsráim, se consagraron durante cuarenta y nueve días de tránsito por el desierto, y al día número cincuenta, precisamente, recibieron la Toráh".

Como hemos escrito ya, cada uno de nosotros tiene un Mitsráim privado y particular al que ha de descender, para superar las pruebas que le son propias, y entonces salir fortalecido y capaz de más altos niveles de bien en plenitud. El armamento para la lucha es la Toráh; y si se lo usa -se lo vive- cabalmente, uno triunfa en la guerra tras la batalla final, para acceder a los cincuenta portales de la Luz, que son los del verdadero Amor.

Las "nitsotsót", las chispas de bien atrapadas entre las cáscaras de mal, deben ser devueltas a su sitio. Tal nuestro trabajo: llevar al mal a la culminación de su cometido superando las pruebas de cada Mitsráim, con la Toráh por armamento y por defensa, para arribar al Bien verdadero, a la unión íntima con el propósito de la Creación y, a su través, con el Creador. Sea voluntad que lo merezcamos.



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