אור חורת בקורות לבו של האדם

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martes, 17 de junio de 2014

MM #37 - Matót 5765 - Se ha desatado la guerra dentro de tí mismo

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXVII
Tamuz 5765, Parasha't Matót, desde Jerusalem
Edición dedicada a la generación de mérito colectivo para la Redención con Shalóm
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Ultimo Momento:
Se ha desatado la guerra dentro de tí mismo
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Lecturas imprescindibles para parashát Matót (Bamidbar -Numeros- 30:2 a 32:42)Parashát Matót-Masa'éi: clase de daniEl I. Ginerman en el Beit-Midrásh virtual 
Matók MiDvásh #19 a b c d e f
Parashát Matót, por Rav Shlomo Wahnon en Mesilot.Org
Parashát Matót-Masaéi, por Rav Shimon Elituv
Parashát Matót, por Rav Pynchas Brener
Tratamos de comprender qué es lo que nos pasa. Caminamos un largo camino de exilio: 400 años desde que Ia'acóv descendiera a Mitsráim; 40 desde que salimos. Un camino que incluyó etapas de prosperidad y de esclavitud, de desesperación y de certeza; un camino en el que perdimos a gran parte de nuestros hermanos (¡apenas un 20% del pueblo de Israel salió de Mitsráim!) y continuamos caminando, con firmeza, con los ojos ahítos de maravillas y señales verdaderas, rumbo a una realización que sabemos cierta desde siempre.

Y entonces, en este último tramo de camino que nos va trayendo de retorno a casa desde cada dimensión de nuestro exilio, una y otra vez desviamos la mirada. El camino se enrarece; se llena de tentaciones extrañas, ajenas. Cuanto más cerca nos encontramos de la meta, más neones nos encienden por doquier, más coreografías baratas que marean, más ruido del que impide que escuchemos el silencio. Ora son ejércitos armados, ora brujos malignos; las memorias de la carne o las túrgidas princesas midianitas: todos buscan desviarnos, para derribarnos. Porque nada tenemos para hacer en este mundo sin Toráh, y ningún destino tienen nuestros pasos sino la tierra de Israel. Valor hay que tener para merecerlo, y hay que demostrar valor para lograrlo.

Tratemos de comprender qué es lo que nos pasa. Caminamos un largo camino de exilio: casi 2.000 años desde que fuera destruido el segundo Beit-HaMikdásh. Un camino que incluyó etapas de prosperidad y de esclavitud, de desesperación y de certeza; un camino en el que perdimos a gran parte de nuestros hermanos a manos de los enemigos de Israel. Y continuamos caminando, con firmeza, con los ojos ahítos de maravillas y señales verdaderas, rumbo a una realización que sabemos cierta desde siempre. En el último siglo, desde el tobogán del exterminio se alumbró la salvación, y nos vimos de pronto retornando, juntos, por todas las rutas del mundo hasta nuestra tierra. Rumbo a la libertad de ser, otra vez, por entero, nosotros mismos.

Y entonces, en este último tramo del camino hacia el verdadero camino, arrecia la tentación de desviarnos
. ReUbén y Gad, primogénitos de LeAh, tienen vocación de sacralidad, de ser buenos, de hacer lo correcto a ojos del Creador. Son poderosos, e inmensamente ricos en ganado. Y descubren que en el lado oriental del río Iardén, antes de entrar a la tierra sagrada de Israel, se encuentran las pasturas que sus rebaños necesitan: el potencial que habrá de multiplicar y perpetuar su riqueza.

¿Para qué quieren ser ricos? Quieren ser ricos para sostener a los pobres de Israel, pues han hallado que tal es su misión para con el resto del pueblo. Están dispuestos incluso a sacrificar su porción de tierra sagrada y permanecer fuera, junto a ésta, con tal de desempeñar correctamente tal misión. Van y se pronuncian ante Moshéh (Bamidbár -Números- 32:4): "La tierra que azotó Hashém ante la congregación testimonial de Israel es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado". Moshéh sabe que sus intenciones son sagradas. Y no obstante, reacciona (32:14): "Y he aquí que os habéis levantado tras vuestros padres, tarbút Anashím jataIm", con una cultura, un aprendizaje, "de hombres pecadores; para agregar más a la furia de Hashém sobre Israel".

¿Por qué semejante reacción de Moshéh, cuando las intenciones de ReUbén y Gad son sagradas?
Porque su acción, aún cuando no contradice al camino del bien, abre un espacio por el que puede colarse lo profano y anular todo propósito previo, para poner la acción completa al servicio del mal. Moshéh advierte que lo que Gad y ReUbén se proponen -viola, no lo sagrado, sino los cercos que lo guardan y lo vigilan. Y sabe que, sin esos cercos, no es posible asegurar realmente el camino de Israel.

Moshéh sabe que uno puede consagrar -tornar sagrados- sus apetitos "de este mundo": desear riqueza para hacer el bien, buscar comodidad para avanzar sin angustia en la sabiduría verdadera, procurar los más estupendos manjares para bendecir con mayor énfasis al Creador. Pero sabe también que, hacerlo, entraña un peligro que pocos hombres serán capaces de sobrellevar: el peligro de apetecer a la riqueza en sí por el honor que conlleva, a los manjares por el deleite, a la comodidad por la tentación del ocio, etc. A la postre, esta tesis se demostrará cierta: a la hora del exilio (hace más de 2.600 años), Gad y ReUbén serán los primeros en caer en manos del enemigo, y desaparecer sin rastros hasta hoy.

¿Por qué semejante reacción de parte de cada uno que cela la Toráh, que cela el ejercicio de la Verdad, cuando los desvíos del plan sagrado parecen o dicen ser en aras del Shalóm, del bien universal, de la viabilidad judía, del desarrollo, de toda una gama de valores que suenan a bien a primera oída? ¿Por qué parece que no hubiera cómo negociar nada con quien detenta por bandera la Toráh? ¿Por qué semejante celo de parte de la Halajáh, cuando propone más y más cercos concéntricos alrededor del mal para que no lleguemos ni aún a aproximarnos a él; cuando prohibe acciones externas a cada prohibición fundamental, pero que ofician de pasaje hacia ellas?
Porque transgredir los cercos, abstenerse de tocar el objeto de deseo mientras se lo mira con ganas, quedarse en la tierra sagrada tomando la "tierra" y postergando su carácter de "sagrada", quedarse con la identidad judía olvidando los componentes concretos que le son irrenunciables, ...., todo lo que implique una aproximación a negociar lo innegociable, culminará indefectiblemente en una profanación fundamental, en un absurdo tragicómico que convierte en ridículo lo solemne, y expresa en discurso in-significante lo que antes era un silencio suficiente y pleno de sentido.

Nos encontramos en días de luto; en esas tres semanas que, desde el 17 de Tamuz hasta el 9 de Menajem-Av, se traducen hoy en memoria de destrucción, de ruina, de fracaso y frustración; en memoria de un despeñarnos en una oscuridad que aún nos pesa. En esas tres semanas que, éste mismo y cada año, pueden ser dotadas de un sentido de completa Redención, con tal que lo deseemos, lo pidamos, y lo ejerzamos de modo completo. Nos encontramos en días de luto cuando gran parte de Israel transa de modo insensato valores espirituales y materiales, actitudes vitales y extensiones de tierra, mitsvót positivas y la humillación de sus hermanos, a cambio de ilusiones vanas, de la alucinación de cualquier ficción televisiva mediocre, y la imposición de su final infeliz a la realidad palpable, y a la invisible a los ojos por igual. Días que vienen luego de lo que nuestra parasháh nos advierte. Acaso, si Gad y ReUbén no ceden a la tentación de preservar e incrementar su riqueza por medios "naturales" arriesgando su Toráh, sucederá que la obra de la fe les acreditará tanta o más riqueza: tanta como sus actos e intenciones merezcan.

Mas hoy, cuando ya tanto ha pasado afuera de cada uno, es tiempo de incorporar la sabiduría necesaria y arraigarla en nuestros corazones. No podemos engañarnos: no contamos con la altura espiritual, con la sabiduría, con la fuerza necesarias, para luchar contra nadie más que nosotros mismos. ¿Por qué? Precisamente, porque no hemos triunfado aún en la guerra que se libra en nuestro propio interior. Al ser responsable por mí, soy también, en parte, responsable por tí. Si no me corrijo, no te doy un ejemplo que te ayude a corregirte. Si no me enmiendo, no puedo esperar que te enmiendes tú. Y estoy en guerra conmigo mismo. Porque seguramente, a veces, cuando me presto a realizar tareas profanas a cambio de dinero, pesa en la decisión alguno de mis propios apetitos materiales. Porque no he vencido completamente a mis instintos, de modo que se vuelvan por completo sagrados, y vuelquen su energía a aprender y enseñarte lo que aprendo.

ReUbén y Gad son parte de mí (también son parte de tí). Moshéh es parte de mí (y es parte de tí). Si no aprendemos a leer en nuestro interior lo que indefectiblemente debemos aprender, nos condenamos a que sea nuestro exterior el que acuda a enmendarnos. Y entonces, aparecen ahí afuera esos monigotes que rigen inexplicablemente nuestros destinos. Y se van deteriorando para hacerse obvios, para que advirtamos lo que debemos hacer, hasta llegar a circunstancias tan demencialmente ridículas como las actuales (no te tomes el trabajo, pero si insistes, te remito a los titulares de prensa, de Israel y del mundo, de la última semana apenas).
¿Qué hacer? ¿Ocuparse de los que creen que mandan y rigen la realidad? ¿O hacer lo que nos tornará mandadores y regentes de la verdadera realidad? Tú y yo tenemos en nuestras manos con qué enmendar la realidad, con qué anular los decretos de los insanos que decretan, con qué acercar la GueUláh, la verdadera y completa Redención.

Cierra los ojos. Imagina, por un instante apenas, que con sólo modificar tu propia vida en dirección a la Verdad, puedes modificar la vida de los que amas, la vida de los que rodean a los que amas, la vida del mundo. Que con sólo dirigir tu vida hacia el camino de la Toráh y unirte a los que así hacen e impulsan, puedes acercar la construcción del Beit-Hamikdásh; puedes atraer la GueUláh; puedes hacer felicidad, constituir Shalóm.

Ahora abre los ojos, y sabe que es así, que lo que has imaginado es verdad. Hashém nos conceda el mérito de hacer Bien.
Quiera Hashém que sepamos hacerlo. Shabát shalóm,


daniEl I. GinermanEditor

jueves, 5 de junio de 2014

MM # 35 - Jukát 5765 - Todos sabemos que es posible conseguir agua cavando un pozo. Pero, ¿sólo cavando un pozo podremos conseguir agua?

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXV
Rosh-Jodesh Tamuz 5765, Parasha't Jukát, desde Jerusalem
Edición dedicada a la Revelación de la Verdad a la vista de todos 
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Todos sabemos que es posible conseguir agua cavando un pozo. Pero, ¿sólo cavando un pozo podremos conseguir agua?
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
¿Es posible vivir todos los milagros y portentos, las pruebas y los testimonios que hemos visto desde la salida de Mitsráim, a inicios del libro Shemót -Exodo- hasta ahora en Bamidbár -Números-, y no creer, no vivir en la Verdad con el corazón pleno de felicidad?
"Porque todos los hombres que ven Mi Gloria y Mis Señales que Hice en Mitsráim y en el desierto, y Me probaron ya diez veces, y no atendieron a Mi voz", reclama Hashém en Bamidbár -Números- 14:22; y llegan sus ecos hasta hoy. A lo largo de todas las últimas parshiót de la Toráh, vemos una y otra vez cómo la duda, el miedo, la mezquindad, vuelven a nacer como hierba mala, como plaga, en sectores del pueblo que no logran extirpar de sí la mentalidad de esclavos. Su mente materialista recibe la información de todo lo bueno que les está sucediendo, mas no la procesa. Se alimentan mediante el milagro del mán (el "maná") cada día, por milagro sobrenatural salen victoriosos de cada batalla, por milagro explícito y revelado se acuestan cada noche y se levantan cada mañana. Sus ojos lo ven, sus pieles lo sienten, sus paladares lo gozan. Sus mentes no lo saben. Una y otra vez vuelven a elevar su voz, como en nuestra parasháh, y dicen (Bamidbár -Números- 20:5): "Y por qué nos elevasteis de Mitsráim para traernos a este lugar malo (....) y agua no hay para beber".
Debo reconocerlo: no logro comprender cómo se produce ese vértigo de miedo y frustración que parece sentir una mentalidad materialista cuando la realidad demuestra, de pronto, no estar bajo su control, cuando la apariencia se quiebra y llega la "fatalidad", el "azar", la "suerte" a demostrar que ellos no manejan el mundo, y trae un premio de lotería o un accidente automovilístico (Hashém nos libre) o cualquier otra cosa que disloca la apariencia de control. Si el dislocamiento produce placer, logran en general no cuestionarse nada. Mas, si de pronto, tienen sed "y agua no hay para beber"....
En Occidente, hemos aprendido a eufemizar la oposición entre ellos y nosotros, hablando de "pensamiento mágico" por un lado, y "pensamiento racional" por el otro. Los "racionales" suelen temer a los "mágicos": Los hebreos que gozamos de la Toráh sabemos siempre que hay una realidad espiritual que interactúa con la realidad material, y que no se mueve una sino en virtud de la otra. Por consiguiente, sabemos que muchas veces, el problema del agua no está en el agua, y que la realidad es modificable mediante herramientas muy diversas que no siempre aparecen como "lógicas" a nuestra capacidad de pensar. Sabemos, igual que los materialistas racionales, que se puede conseguir agua cavando un pozo. Pero también sabemos (y ellos ignoran) que, algunas veces, es el verbo la herramienta que debemos utilizar para sacar agua de dentro de la piedra.
La lógica binaria no alcanza para comprender la realidad. Un plato de lentejas puede representar solamente "un plato de lentejas" ante una percepción pobre de esas que se llaman "realistas"; el mismo plato de lentejas es representación de un universo de sentidos con los que interactúa, desde la semántica "mágica" de la Toráh. La diferencia en los resultados es enorme: para esa percepción "realista", la ausencia del plato de lentejas es fatal. Para nosotros, siempre está todo en su sitio, y siempre hallamos lo que debemos hallar exactamente donde corresponde.
Repasemos los sucesos: El pueblo de Israel, en su camino por el desierto, ha dispuesto de agua hasta ahora merced a un pozo que milagrosamente se traslada con ellos, y da siempre buenas aguas que beber. El pozo está con ellos por mérito de Miriám, hermana de Moshéh. Al culminar la vida física de Miriám, el pozo desaparece con ella. Hasta ahora, ha sido milagrosa la solución de la sed. De pronto, esa solución se ausenta, y las palabras del pueblo diciendo "Y por qué habéis traído a la congregación de Hashém a este desierto a morir" (Bamidbár -Números- 20:4) parecen indicarnos que ya no tienen fe en que haya ninguna otra solución para su sed. De pronto, se ha dislocado su realidad, la previsibilidad se rompe, y el miedo y la frustración les ganan la batalla íntima sin siquiera luchar. Ni aún viviendo inmersos en un milagro constante, son capaces de soñar con el milagro que inmediatamente acudirá a resolver su problema.
Siempre se me hace difícil comentar esta parasháh. Miro con perplejidad a toda esa gente que ha visto maravillas sin cesar, que ha cruzado el Mar Rojo entre dos murallas de agua, que ha visto a esas murallas aplastando luego al ejército de Mitsráim. Miro atónito a todas esas familias que estuvimos al pie del Monte Sinai, y que de pronto, ante cualquier desafío a la previsibilidad, nos desesperamos y reaccionamos tontamente, y agraviamos a Hashém una y otra vez, y no decimos "tenemos sed" sino "por qué me has traído a morir aquí donde no hay agua"... y no aprendemos la lección.
Siempre se me hace difícil comentar esta parasháh, porque cierro los ojos y me encuentro allí, entonces, y aquí hoy, en el mismo discurso, en el mismo problema moral. Veo cómo el pueblo judío estuvo amenazado de extinción no tanto tiempo atrás, veo cómo milagro tras milagro la dirección del destino se revirtió, cómo comenzamos a volver a nuestra tierra, cómo comenzamos a reunirnos aquí proviniendo de todos los extremos del mundo. Veo cómo tantos miles de judíos incrédulos llegaron a Israel sosteniendo un discurso insostenible ("en nombre del pueblo judío y de la historia judía y de la heredad judía: ¡liberémonos del judaísmo!") y aún así, ocurrieron desde el primer instante milagros a su servicio: ganaron guerras racionalmente imposibles, generaron riqueza y un ejército poderoso, el árido desierto se desgranó en flores y frutos fragantes para ellos; día tras día, año tras año, se sucedieron los milagros: victorias militares ridículas de un punto de vista racional, eventos de la naturaleza doblegados mágicamente para que la tierra produzca lo que no es esperable de ella, etcéteras por millares cada minuto. A cada minuto, una oportunidad de superar la mezquindad de la mentalidad materialista, y avenirse a la felicidad de un camino sembrado de soluciones milagrosas para caminar rumbo al propósito trascendental de nuestras vidas.
El pueblo de Israel, barúj Hashém, volvió a crecer y prosperar, saltando de milagro en milagro, hoy como entonces. En la tierra de Israel, no verlo requiere un esfuerzo enorme sin duda. Y sin embargo, hay una parte importante del pueblo de Israel que flota en el pensamiento ruinoso de esas mentes esclavas con que salimos de Mitsráim, aún hoy como ayer. Parte de nuestro pueblo que, tal como sucedió cuando caminábamos entonces por el desierto, se acostumbró a los milagros cotidianos y los atribuye ya implícitamente a su derecho natural. Los vive, los disfruta, los aprovecha, pero no los sabe, no los advierte. Y por consiguiente, tampoco los agradece. Sus mentes no dialogan con la realidad de los milagros, con la realidad de la Hashgajáh (supervisión y conducción) de la realidad por parte de Hashém. Sus ideales materialistas murieron por cuenta propia. Se les murió la idea socialista entre los dedos, mientras ya agonizaba la idea de un sionismo exento de judaísmo. Se aburguesaron como pudieron, materialistas al fin, y muchos de ellos prosperaron. Pero, pobres y desdichados, no tienen en qué creer, no tienen qué esperar, no creen en nada, no tienen ejemplo alguno que dar a sus hijos. No saben para qué viven, y tienen miedo de preguntárselo. Sus hijos nacieron sin el recuerdo siquiera de los ideales muertos. Algunos, por gracia de Hashém, logran romper la costra de indolencia y llegan a las puertas de la Respuesta y reclaman su Toráh para sí. Pero muchos se pierden por el camino, intentando retornar a Mitsráim cuando falta el agua por un día; porque carecen de las respuestas, y muchas veces, carecen también de las preguntas y aún del deseo de preguntar. Y eso merece nuestro llanto. Porque no han aprendido a amar la idea de, por fin, ser libres, ser elevados, ser íntegros: Ser sagrados.
Todos sabemos que se puede conseguir agua cavando un pozo.  En nuestra parasháh, el pueblo protesta y se desespera porque se suspendió un milagro que daban por permanente y, de pronto, sucede que no hay agua. Hashém ordena demostrarles que no sólo cavando un pozo se puede abrir un manantial sino que, desde una vida sagrada, también la palabra puede hacer brotar el agua desde el seno de la piedra.
Más tarde, aún en nuestra parasháh, el pueblo vuelve a rebelarse y protestar por la incertidumbre de su sustento y Hashém lanza una invasión de serpientes (Bamidbár -Números- 21:6) que muerden y matan. El pueblo se mira en el espejo del castigo y advierte el pecado cometido; y Hashém ordena el antídoto para la mordida de las serpientes (Bamidbár -Números- 21:9): "E hizo Moshéh una serpiente de cobre (....) y si mordía la serpiente a un hombre, él miraba la serpiente de cobre y vivía" (valga decir que este versículo es intraducible en profundidad, pleno de secretos en su original hebreo). Si antes se nos dijo que hablando es posible modificar la realidad, ahora se nos añade que también la visión modifica la realidad: "ver" un objeto determinado hace la diferencia entre vida y muerte en este momento del tránsito por el desierto.
Es que, como hemos advertido tantas veces, la realidad espiritual y la material se encuentran en interacción permanente; quien ignora cualquiera de ambas mitades, lejos está de poder comprender siquiera su propia existencia, y ajena le será siempre la verdadera felicidad. En nuestra parasháh, el fracaso del pueblo está en el miedo, y el error de Moshéh en su enojo (Bamidbár -Números- 20:10). Hoy también hay, entre nosotros, quienes tienen miedo, quienes no ven más allá de sus propias cantimploras. También hay entre nosotros quienes, en nombre de la Verdad, ceden a la tentación del enojo. Y forzosamente, tenemos que aprender la lección.
Lo esencial es no tener miedo. No temer empezar de nuevo. No temer hacer por fin lo correcto, por más lejano que parezca. No temer el reconocimiento del error. Abrir de pronto los ojos y descubrir que, allende el pensamiento "realista" y "racional" que no se basta para explicarnos la realidad y menos aún el sentido de la vida, hay una Respuesta plena para todas las interrogantes; hay un código que nos permite desentrañar el sentido de todo de modo perfecto. Un código que nos brinda el sentido profundo y verdadero de todo, de modo coherente y consistente, e ilumina el rumbo y el propósito de nuestras vidas. Está en nuestras manos tomarlo, para construirnos y construir con él. Y entretanto, propiciar que la maravilla del milagro cotidiano se superponga a tanta desdicha que nos oprime, y empezar, con permiso del Creador, a producir la verdadera Redención.
Quiera Hashém que sepamos hacerlo. Shabát shalóm,
daniEl I. GinermanEditor

Matók MiDvásh 26 - Kedoshím 5765 - Para ser libres de verdad, sólo nos falta ser sagrados

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXVI
Nisán 5765, Parasha't Kedoshim, desde Jerusalem
Edición dedicada a la pronta recuperación, completa salud en cuerpo y alma y felicidad perfecta de Carina Edith Naamát bat-Rosa Shoshana y Sharon bat-GuilahEdición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Para ser libres de verdad, sólo nos falta ser sagrados
Javerím, queridos amigos:
Shalóm para vosotros.

Hemos pasado a través de Pésaj. Estábamos en Mitsráim, en tierra de idolatría y opresión; elevamos nuestro grito al firmamento, y el Creador modificó nuestra  realidad y la del mundo, por medio de milagros maravillosos, para hacernos partícipes y testigos de la Verdad. Hace apenas dos días, por fin, cruzamos el Mar Rojo, caminando sobre tierra seca en medio de las aguas erectas como murallas, que se volcaron furiosas sobre Faraón y su ejército completo cuando en la tozudez de su malignidad se dio a perseguirnos por el mar.

Por fin, se abre ante nosotros el desierto, el "midbár" (de la raíz hebrea "dabár", que es tanto palabra como "cosa") en que habremos de cocinar, durante las próximas semanas, un nuevo lenguaje, una nueva forma de decir la vida para arraigar en nuestras almas la Verdad. Caminamos rumbo a recibir la Toráh, al pie del Monte Sinai. Han de pasar 49 días que contaremos uno a uno (en lo que se llama "sefirát haOmer", la cuenta del Omer; un excelente estudio de su sentido profundo se encuentra en SerJudio), desde la salida de Mitsráim hasta la recepción de la Toráh. Dicen nuestros sabios que, en Mitsráim, descendimos hasta el nivel 49 de impureza (de 50 que hay en total); durante estos días, hemos de purificarnos de toda la indolencia idolátrica de Mitsráim, y ascender, uno a uno, los 49 portales de la sacralidad.
¿Cómo hacerlo? ¿Cómo acometer semejante empresa?
Como siempre, acude en nuestro auxilio la parasháh de la semana, Kedoshím (Vaikrá -Levítico- 19:1-20:7), que comienza así: "Y habló Hashém a Moshéh para decir: Habla a toda la comunidad de los hijos de Israel, y diles: Sed sagrados, porque Sagrado (soy) Yo, Hashém, vuestro E-lokím". Hay consenso entre nuestros sabios respecto de cómo interpretar el "sed sagrados": lo primero que debe hacer un hombre para ser "sagrado", es segregar de sí toda desviación sexual, toda sexualidad pecaminosa, todo dominio del instinto animal sobre su vida. Si logra gobernar su instinto para conducir su vida sexual de acuerdo a los términos de la sacralidad, será sagrado. Y para ello, debe construir los cercos necesarios alrededor de sus días y sus noches, acerca de lo cual hemos hablado en "Ojos y Corazones", la primer clase del ciclo "Torah para Vivir con Ella".
Nuestra parasháh pasa, inmediatamente, a otras tres mitsvót -preceptos- que completarán un primer marco de sacralidad, desde el que poder alistarnos a recibir, dentro de algo menos de seis semanas, la luminosa maravilla de la Toráh. Porque recibir la Toráh no es una acción externa a nosotros, sino que involucra el pensamiento, el habla, y el modo de conducirnos en cada mínimo detalle de nuestras vidas cotidianas (acerca de la "recepción de la Toráh", y más precisamente, qué hacer con ella, hablaremos mañana be'ezrát Hashém, a las 19:30 hora de Israel, en la clase "Más que una carga, una novia" en el Beit-Midrásh virtual de Ieshivah.Net).
Continúa nuestra parasháh diciendo: "Cada hombre respetará a su madre y a su padre, y mis Shabatót preservarán". Y en el versículo siguiente, por fin: "No os dirijáis a los ídolos", etc. De la contigüidad del respeto a los padres y la preservación del Shabát, aprende Rashi el límite al respeto filial: la única circunstancia bajo la que debes desoir a tus padres, es si te dijeran que profanes el Shabát, que profanes la Toráh.
A lo largo de nuestra parasháh, son instruidos nuevamente los Diez Estatutos que recibimos en las Lujót Habrít, las Tablas del Pacto. Se pregunta Rabi Iosi en el Zohar, pilar de la Cabaláh: Ya que aparecen las diez leyes fundamentales otra vez, ¿por qué la mitsváh de honrar a los padres y la mitsváh de shabát vienen ahora en orden invertido?  (en las Tablas, está primero el shabát y luego honrar a los padres; y acá al revés). Y responde: "Quien respeta/honra a su padre y a su madre, cuida el Shabát".
"El cumplimiento de una mitsváh trae consigo el cumplimiento de otra", aprendemos en el Tratado de Avót 4:2; una transgresión, por su parte, genera la comisión de otras transgresiones. El camino todo de la Toráh es una larga escalera a recorrer con amor. ¿Cómo podría alguien deshonrar a sus propios padres, y ser capaz de relacionarse con el Creador b"h, con el Gran Padre de toda la creación? Y desde otro ángulo: quien se pone los límites correctos y no los transgrede, quien porta y honra los valores verdaderos con su propia vida, a medida que avance y crezca, habrá de seguir incorporando valores, conocimiento, mitsvót, a su vida real. Por eso, podemos leer a  Rabi Iosi, diciéndonos: quien respeta a su padre y a su madre, a fin de cuentas habrá de respetar el Shabát. Quien haga el esfuerzo de agregar una mitsváh a su vida, al final del camino, hallará que ha adquirido la Toráh completa y ha llegado a donde debía, para honra de su propia vida y de los suyos; para la enmienda trascendental de la Creación. Para la felicidad en la Verdad. Para el más verdadero amor.
Con nuestras brajót, desde Ierushalaim,
daniEl I. GinermanEditor


RECORDATORIOS IMPRESCINDIBLES:
* Mañana martes, 19:30 hora de Israel, en el Beit-Midrásh Virtual de Ieshivah.Net: Clase no. 9 del ciclo "Torah para Vivir con Ella", bajo el título "Más que una carga, una novia". Desde un texto del Midrásh, hablaremos de la relación del hombre y la mujer con la Toráh.
El proyecto educativo Ieshivah.Net necesita de la colaboración de todos para sostenerse. Barúj Hashém, la actividad y la tecnología involucrada en el proyecto crece todos los días, y con ellos, también los costos asociados a sostenerlo. En la página http://todosjuntos.ieshivah.net/ hemos dispuesto varias opciones de colaboración mensual con montos bajos, accesibles sin duda a muchos de vosotros "sin dolor". Ese pequeño esfuerzo de parte de ustedes puede afianzar el proyecto, y permitirnos brindarles más clases en tiempo real en el beit-midrásh, editar más material de estudio, subir bibliografía, seguir creciendo en tecnología, y aumentar también el staff de rabaním y morím involucrados en la sagrada tarea de enseñar Toráh, para todos, por este medio. Adelante: que no sea corta tu mano. Y nuestro agradecimiento desde ya.
* Una de las próximas áreas que estamos planificando abrir en el marco de Ieshivah.Net es un ULPAN VIRTUAL para la enseñanza del idioma hebreo, con clases en tiempo real, bibliografía, ejercicios y exámenes. Sugerimos desde ya que, quienes estén interesados en participar de estos cursos, comiencen a manifestar su interés enviando e-mail a ulpan@hebreo.net, e incluyendo en el e-mail nivel previo de conocimiento de idioma, país de residencia, y horarios disponibles con conexión a internet.
El Sabor de los RecuerdosEl Sabor de los Recuerdos 
por la Prof. Silvia M. de Ginerman

Edición Electrónica (archivo PDF, para ver en pantalla o imprimir)

Edición Impresa: 245 páginas de exquisita presentación


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Imagen de Tania Camacho Becerra
Re: Matók MiDvásh 26 - Kedoshím 5765 - Para ser libres de verdad, sólo nos falta ser sagrados
de Tania Camacho Becerra - Wednesday, 4 de May de 2005, 18:35
 
Es maravilloso y hasta podria decir "milagroso" el poder entender claramente lo que es "ser libres", mas aun en el mundo en que vivimos en el que la verdadera esclavitud esta disfrazada de libertad, en un mundo que es regido por los bajos instintos y los falsos conceptos de lo que significa ser "hombres".
El dia que Israel recibio la Tora, recibio el camino de retorno a la armonia, a la sensacion mas maravillosa de saber que estas en lo correcto, que tus pasos son firmes, que estas haciendo la voluntad del Eterno y por lo tanto te estas haciendo santo....osea, te sientes libre!!!,no hay temores, nada puede detenerte, ni los obstaculos mas grandes, pues tus pasos son firmes.
Para mi, eso es la Tora, ser libre,  caminar bajo las alas protectoras de HaShem, sin temer a nada ni a nadie.Pero debemos temer a alguien, muy poderoso y que casi nunca podemos ver ni reconocer, y ese alguien esta dentro de nosotros mismos, capaz de traicionarnos y hacernos cerrar los oidos al llamado de nuestro espiritu, nuestro ego.........
La tarea es dificil, pero tenemos las armas necesarias para vencer este mundo, solo queda ser fuertes y sobre todo, amar a HaShem por sobre todas las cosas.
Gracias por permitir que pueda expresarme.
Tania.
Imagen de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman)
Re: Matók MiDvásh 26 - Kedoshím 5765 - Para ser libres de verdad, sólo nos falta ser sagrados
de EduPlanet Rectorate (daniEl I. Ginerman) - Wednesday, 4 de May de 2005, 22:58
 
Bienvenida, Tania, Brujáh habaAh sonrisa
Ecos como el tuyo son los que nos impulsan a seguir haciendo crecer estos espacios, para beneficio de todos. Sólo brajáh puede emanar de esta búsqueda colectiva de una verdadera libertad, a la altura de nuestra naturaleza.
Quiera Hashém que así sea.
De paso: la clase que dimos ayer sobre la relación de cada quien con la Torah se encuentra disponible en http://eduplanet.net/course/view.php?id=2&topic=9#9
Mi saludo y mi brajáh para tí,

daniEl

miércoles, 7 de mayo de 2014

Matók MiDvásh 13 - Emór 5764

Revista Matok MiDvash, desde Jerusalem

A modo de Editorial
Siempre hablamos en voz alta

Queridos amigos:
solo nos resta verlo, y para ello hay que vivirlo
Comentando nuestra parasháh, trae el Zohar este diálogo singular: Rabi Iosi y Rabi Itsják caminaban juntos y departían. Dijo Rabi Iosi a Rabi Itsják: Está escrito "Y llamarás al shabát deleite para consagrar a D's (...)", y luego dice "lo honrarás, absteniéndote de hacer tus caminos y de hablar palabras profanas".
Rabi Iosi comprende fácilmente la prohibición de realizar trabajos profanos en el día consagrado por D's, comprende que debamos abstenernos de "salir a los caminos" ese día, pero pregunta: "¿Qué prohibición es ésta de hablar palabras profanas? ¿Qué clase de violación podría ello suponer?". Le respondió Rabi Itsják: "Sin duda sería una profanación. Porque no hay palabra del hombre que carezca de voz, y cada voz se eleva a las alturas, y en los mundos elevados despierta otra palabra y otra voz". Y cuando despierta en las alturas, en el día sagrado, una voz de lo profano, sin duda estará profanando la perfección sutil de la consagración.

En nuestra parasháh, el pueblo de Israel continúa su camino de aproximación a la conciencia plena de la Verdad. Al inicio de la parasháh, se nos ofrecen las leyes que regirán el oficio sagrado del Cohen, el Sacerdote. Estas leyes son la cúspide del trabajo sagrado; desde la actividad del Cohen en el Beit-HaMikdásh se delinea hacia nosotros la relación de la humanidad entera con el Creador. Y sabemos que, para el futuro por venir, el pueblo de Israel entero estará llamado a ejercer el sacerdocio; de modo que estas leyes tienden a moldear la conciencia de cada uno de nosotros.
A continuación, una vez que tomamos las reglas que nos vuelven hábiles para la consagración, procede la parasháh a proyectar esta nueva conciencia en las dos dimensiones restantes a cuyo través discurre nuestra vida: el tiempo y el espacio. En primer término, realiza un rápido pasaje por el año judío: las distintas fechas sagradas y su trabajo singular aparecen descriptas aquí con claridad. En segundo término: "Y cuando vengáis a la tierra...."; ésto es, habla de cómo tratar el espacio, cómo consagrar el lugar y los frutos que nos ofrece. Porque de algún modo, en cada verso de Toráh, en cada palabra, en cada letra, se ilumina para quien ahonde en ella la Toráh completa, y cada letra alude a la necesidad de todas las demás.

 
Esta semana, comienza a volverse realidad la segunda etapa de este sueño que compartimos: el proyecto Ieshivah.Net. Nuevos columnistas en nuestra revista, nuevas clases que van poblando la agenda del Beit-Midrásh virtual, nuevos rabaním incorporándose al equipo, aportando sabiduría y puntos de vista. Hoy, damos la bienvenida a Rav Marcelo Krawiec, que comienza un ciclo de clases desde Mexico, de las que se podrá participar todos los martes en http://www.beitmidrash.org/. También inauguramos un nuevo espacio en "Matók MiDvásh": a cargo de Galia Ginerman, la columna dedicada a la mujer judía, con reflexiones que habrán de acompañarnos cada semana al compas de cada parasháh, de cada formulación en que la letra de la Toráh se vuelve arcilla para que con ella construyan nuestras manos.
 
El ordenamiento temático de nuestra parasháh nos habla de Shalóm: de la paz que nace de la plenitud; de la realización completa de lo mejor de cada uno de nosotros. Para arribar al Shalóm -como para arribar a cualquier destino- hay que surcar los caminos del laberinto vital. Mas al Shalóm sólo se arriba cuando los caminos recorridos son los del mapa de la Creación y de la Vida que provee la Toráh. Entonces, nace del arte de preguntar el ejercicio de la respuesta: tiempo y espacio, las circunstancias todas, resultan subordinadas a un propósito trascendental, y plenos y claros, desplegamos en alas blancas lo mejor de nosotros.
Invitándoles a visitarnos en nuestro Beit-Midrásh virtual, y esperando que disfrutéis del material de esta revista, que ha sido preparado con amor,
con vosotros mis brajót, desde una Ierushalaim luminosa,

daniEl I. Ginerman
editor@ieshivah.net

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APRENDIMOS EN LA GUEMARA ESTA SEMANA

...cuando nada le va en ello

Un hombre no peca cuando nada le va en ello

En la hoja 5 del Tratado de Babá Metsía del Talmud Bablí, comienza el tratamiento de un caso de robo de ganado por parte de un pastor que cuida rebaños de terceros. El problema que enfrentamos en cierto punto del debate  consiste en que, si pudiéramos creer en la palabra del demandado, podríamos hacerle jurar su inocencia. Mas no creemos en la palabra del pastor, porque tenemos testigos de que robó al menos una mínima parte de lo que se le reclama. Mas alguien considera que aún antes de todo testimonio debiéramos desechar su palabra: "puesto que sabemos que es pastor, y" como estableció Rabi Iehudáh,  "los pastores tienden a permitir que su ganado pastoree donde están las mejores pasturas", aún si con ello están cometiendo robo, por pertenecer tales pasturas a terceros.

Mas esta tesis es desechada de inmediato, al comprobar que Rabi Iehudáh sólo puede haberse referido a los pastores que procuran alimento para su propio ganado; ¡nunca a los que procuran pasturas para el ganado de terceros!
¿Por qué? Porque quien tiene interés propio en la alimentación de los animales que cuida, se verá tentado de proveerles el mejor alimento aún si para ello debiera transgredir la propiedad privada, porque de ello obtendrá más tarde su propio provecho.
Mas, ¿qué interés podría alentar a quien pastorea el ganado de terceros a cargar con la culpa del robo de pasturas? ¿Con qué objeto lo haría, si no ha de obtener provecho extra alguno a partir de la mejor alimentación de los animales encomendados a su cuidado?

De aquí, la "jazakáh", una condición fija al inicio de todo análisis en que se apoyará un juicio: No presumimos delito en quien de ningún modo obtendrá provecho de él. Un hombre no comete una transgresión que pesará luego sobre él, si nada gana a cambio.


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EL MARAVILLOSO PRIVILEGIO DE CRECER
por Rav Biniamin Cohen
"Un toro o una oveja o una cabra que nazca, estará siete días con su madre, y a partir del octavo día podrá ser ofrecido en sacrificio...", indica nuestra parasháh, entre las reglas atinentes a los oficios del Templo.
Y salta de aquí la siguiente pregunta: ¿por qué escribe la Toráh acerca de "un toro, o una oveja, o una cabra que nazca"? Al nacer, no hay toro sino ternero, ni tampoco oveja, sino cordero. ¿Por qué son referidos al nacer por los nombres de su adultez?
En el Zohar, el tema se explica del siguiente modo: "Dijo Rabi Aba, ven y mira: Un hombre, en el momento de nacer, carece de las energías elevadas hasta que es circuncidado. Con la circuncisión, despierta en él la aptitud para la Toráh. Más tarde, cuando toma mujer en matrimonio y procrea y tiene hijos y los guía por el camino de la Toráh, recién entonces se convierte en un hombre completo".
Pero un animal, una bestia, en el mismo momento de nacer recibe la misma calidad de energías que recibirá durante toda su vida hasta el momento de la muerte. Por eso son llamados los animales, al nacer, con el nombre que les designa luego, en la edad adulta. Para enseñarnos que el hombre es distinto de la bestia, aunque en apariencia resulte que tenemos iguales apetitos y básicamente igual actividad, y aún más: la bestia no sufre de las presiones y las tensiones de los hombres.
Pero los hombres, a diferencia de las bestias, disponemos de todo el tiempo de nuestras vidas para renovarnos, crecer, trascender de etapa en etapa, acercarnos a la completitud de nuestra potencia, y aproximarnos así al Creador hasta convertirnos en hombres completos.

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SERAS SAGRADO Y CONSAGRARAS EL TIEMPO
por Nuriel Cohen
* El versículo (Vaikrá XXII,32) dice: "Y me consagraré dentro de los hijos de Israel, Yo, D's, que los consagra". E inmediatamente de dicho ésto, pasa a las mitsvót concernientes a los "moadím", las fechas sagradas a lo largo del año. La conexión estriba en que una vez que el pueblo de Israel, y cada uno de sus integrantes, se torna sagrado por vía de su propia acción, y recibe en su interior la vitalidad suprema que le provee el Creador, se torna Israel apto para consagrar el tiempo, las fechas del año fijadas por la Toráh como mojones de sacralidad de los que alimentar el tiempo todo, y desde estas fechas, incidir con kedusháh sobre el tiempo y la Creación.

* Tras detallar extensamente todo el tema relativo a las festividades y conmemoraciones del año judío, nuestra parasháh culmina la exposición de los tiempos haciendo referencia al Shabát: "Estas son mis fechas, seis días harás trabajo y en el séptimo será shabát shabatón, no harás trabajo alguno en él" (Vaikrá XXIII, 2-3). Se pregunta el Gaón de Vilna por qué esta contigüidad, y explica que el versículo se refiere también a las fechas festivas, expuestas aquí del siguiente modo: hay seis fechas consagradas por la Toráh en las que está permitido realizar algunos trabajos -los necesarios para la propia alimentación-. Estas fechas son: dos días de Pésaj, un día de Shavuót, un día de Rosh Hashanáh, y dos días de Sucót. De este modo, al decir el versículo "seis días harás trabajo y en el séptimo" no, está indicando que en esos seis días festivos está permitido realizar trabajos para procurar alimento, pero que en el séptimo de los días sagrados, que es Iom Kipúr, está prohibido todo trabajo para toda necesidad de que se trate.


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UN MAESTRO, UN AMIGO, Y LA CAPACIDAD DE JUZGAR PARA BIEN
por Rav Meir Ifraj

Nos dice en su capítulo primero el sagrado libro de "Pirkéi Avót": "Iehoshúa ben-Pirjáia dice: Hazte un Rav -un maestro-, y adquiere un amigo, y juzga a todo hombre para bien".

"Hazte un Rav": que el hombre necesita contar con alguien que disponga del conocimiento de que él mismo aún no dispone, alguien que sepa lo que él ignora. Pues quien adquiere sabiduría todo lo tiene, y rico es quien vive feliz con la porción de mundo que le toca. Y para ser rico, para ser feliz, es imprescindible contar con un referente, un guía, en la sabiduría.

"Y adquiere un amigo": Como dijo el rey Shlomóh -Salomón-: "Mejor son los dos que el uno", porque si uno se cae, su amigo le ayudará a incorporarse. El hombre necesita de un buen amigo con el que afilarse recíprocamente, con el que complementarse en la sabiduría y en la acción, con el que discutir puesto que también la discusión ayuda a crecer. Un hombre que, por el contrario, está solo, podrá permanecer incambiado toda su vida; como expresa la conocida metáfora: "no se afila sólo un cuchillo, sino que necesita de una piedra que lo desgaste".

"Y juzga a todo hombre para bien": Si ves a un hombre de quien no sabes si es un justo o un malvado, y hélo cometiendo una acción prohibida, recae sobre tí la mitsváh de juzgarlo para bien, de presumir su inocencia y decir que seguramente tuvo buena intención, o que acaso se equivocó, o quizá "no comprendí lo que vieron mis ojos". Porque en realidad, ciertamente, no sabemos nosotros qué hay en el corazón de un hombre y cuáles son sus inquietudes y sus intenciones, que sólo el Creador conoce. Y es parte inseparable del camino de bien juzgar para bien al otro, tal como quisiéramos ser juzgados nosotros en todos nuestros actos para bien. Así está escrito en nuestros libros sagrados: que cuando un hombre tiene la oportunidad de juzgar a otro para bien, en ese mismo instante, en los cielos tiene lugar otro juicio en que el juzgado es él a partir de su actitud; y esperan en el Tribunal de las alturas a verificar cuál será su actitud a la hora de juzgar, y tal como él actúe, así actúan respecto de él.

Por eso, amigos míos, debemos fortalecernos en todos estos puntos maravillosos que nos han señalado nuestros sabios, y crecerá en nosotros el provecho del alma y una gran felicidad. Y sea la Voluntad que sepamos merecerlo, Amén.


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REFLEXIONES CAMINO A CASA
por Rav Dorón Rosilio

Queridos hermanos y hermanas:

Quiero conversar con ustedes con la ayuda de D's acerca de Sfirát HaOmer, la cuenta del Omer que son estos días que transcurren desde el momento cúlmine en que salimos de Mitsráim hasta que nos es entregada la Toráh en el Monte Sinai: desde Pésaj hasta Shavuót. Se trata de dos eventos de gran importancia en nuestras vidas, dos eventos enormes y profundamente diferentes entre sí.

La salida de Mitsráim ocurre cuando ya estamos casi completamente perdidos; apenas un instante antes del final, antes de que nuestra situación se tornara irrecuperable, Hashém nos saca súbitamente de allí. Y ésto nos despierta nuevas preguntas: ¿Por qué tuvimos, de por sí, que pasar por esa esclavitud? ¿Por qué tuvimos que esperar hasta el último momento? ¿Por qué el exilio tuvo que ser de tan terrible esclavitud, y justamente en Mitsráim? No voy a proveerles respuestas a todas estas preguntas; antes bien, les regalo la oportunidad de deleitaros con ellas. Porque también hay una oportunidad de deleite en la pregunta sin respuesta, una oportunidad de aproximación y conexión y vivencia y aún de apertura al entendimiento, ¡desde el hecho mismo de enfrentar preguntas para las que no tenemos respuesta!

D's nos saca de Mitsráim con milagros revelados, con maravillas, obrando modificaciones a la naturaleza ante los ojos de todo el mundo. La salida de Mitsráim es una luz enorme, inmensa, máxima, a que accede el pueblo de Israel justo antes de llegar al último escalón en su descenso. Una salvación milagrosa pero temporal, que debe culminar porque el milagro revelado no ha de ser la norma que rija la realidad. Entonces, ni bien culminada la liberación, comienza el viaje, el camino del aprendizaje y la preparación, el entrenamiento, la construcción, el direccionamiento y la guía que nos va convirtiendo lentamente de esclavos en seres libres que llegan al pie del Monte Sinai tras cuarenta y nueve días en que vamos ascendiendo, peldaño a peldaño, alistándonos para el encuentro, para la boda entre el pueblo de Israel y el Creador. Siete semanas; siete veces siete días. Y en este instante, nos encontramos nosotros en medio de este viaje, en la quinta semana, contando los días que restan hasta la recepción de la Toráh bajo el palio consagratorio del Sinai.

Todo quien logra aproximarse a la realidad del Creador, todo quien logra desear la luz de la Verdad, recuerda la salida singular de su Mitsráim privado, y ese destello de luz enorme que se reveló sobre él de pronto, cual un rayo en la oscuridad. Esa sensación sobrecogedora de revelación repentina, fascinante; esa certeza de estar de retorno, volviendo al hogar, de ser el hijo amante y amado que vive la maravilla del reencuentro, y tras el vértigo de los abrazos y la calidez y el amor, comenzar a subir lentamente, paso a paso, por la ladera de la montaña, adquiriendo cada día una nueva dimensión de vida, cada semana, cada año, toda la vida, cada instante un sentido nuevo y la certeza del crecimiento que no cesa.


Matók MiDvásh 04 - Vaiejí 5764

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Matok MiDvash
"Matók MiDvásh"

prensa electrónica de los proyectos Ieshivah.Net & EstudiosJudios.Net,
desde http://www.banaijtsion.com/ y http://www.patrimoniosefardi.org
Edición No. IV - Tevet 5764, Parashát Vaiejí, desde Jerusalem
http://www.ieshivah.net/ediciones/04/
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Nuestras ediciones anteriores: 01 , 02 , 03
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Indice:
* A modo de editorial: Hendir de luz la oscuridad
* "El Angel que me salva": la protección que produce tu Toráh, por Netanel Mazor
*
¡El disfrute de mi alma en la Teshuváh!, por Rav Eial Kedmi
* La fuerza de la vida, por Rav Dorón Rosilio
* La bendición que reserva a los padres la educación de sus hijos, por Rav Guideón Muzykanski
* Halajáh: Toráh traducida en normas para la vida real: El lavado de manos, por Rav Natan Lambert
* Al fin de Bereshít: La acción del padre; y por ella, la bendición al hijo, por Rav Jaim Virdugo
* APOYA ESTE PROYECTO



Parasháh de la Semana: VaIejí  /  Bereshít (Génesis) XLVII, 27 - L, 26
Vaiejí

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A modo de editorial:
Hendir de luz la oscuridad

Con el número 4 de Matók MiDvásh, "más dulce que la miel", arribamos al final del libro Bereshít: culminamos un proceso paradigmático que se proyecta sobre nosotros hasta hoy. Porque con el asentamiento de Israel y sus hijos en Mistráim, comienza un exilio del que aún formamos parte. Mas al aventurarnos al laberinto nos fue entregado un mapa. Y que estemos hoy aquí, juntos, estudiándolo, llevándolo a la práctica, es ya estar saliendo: es estar disolviendo el laberinto a nuestro paso y dando lugar a nueva vida.

Cuando bendice a sus nietos, "Iaakóv sabe que cuenta con el ángel, con el desencadenamiento mágico-milagroso de la realidad, siempre que lo necesita", leemos en la nota de Netanel Mazor. Y sabe que ese "contar con el ángel" no le es intrínseco, sino que se relaciona con el fundamento de su propia vida: con su vocación de verdad, con su compromiso con la verdad. Sabe que "su ángel" está con él en tanto él no se abandona al caos de las culturas que le rodean, en tanto él no pierde la perspectiva de la Creación como obra del Creador, y por tanto, con fe plena, se conduce de acuerdo a la Toráh, llevando a la práctica el sentido trascendente de la vida. Israel sabe que, transmitiendo en la enseñanza y el ejemplo vital la voluntad del Creador, está transmitiendo el "ángel", el desempeño mágico: el arte de proyectar luz que desaloja la tiniebla.


Retsonjá

"Quien vive", quien está realmente vivo, "nunca morirá", nos dice más abajo Rav Rosilio. La muerte no es un estado alterno a la vida. La vida, antes bien, es la negación de la muerte. Y quien vive "una vez", quien una vez arriba a conectar la vida a su verdadero sentido trascendente, vive para siempre.

Ese contagio, ese hendir de luz la oscuridad, es el trabajo que nos hemos propuesto en Matók MiDvásh, y en el proyecto "Ieshivah.Net / EstudiosJudios.Net". Desde la voluntad que nace en el deleite de la práctica y el estudio de la Toráh, desde las ganas que abrevan del gozo de cada día, el proyecto crece en cantidad y calidad: más notas, clases en audio en preparación, un foro de intercambio que crece en suscriptores cada día, el beit-midrásh virtual en construcción. Nos anima vuestra magnífica respuesta, y más que nunca, creemos con fe plena que el esfuerzo es oportuno.

Sea esta edición, que hemos preparado con amor, fuente de revelación y disfrute. Con las brajót de la Toráh,

daniEl I. Ginerman
editor@ieshivah.net



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"El Angel que me salva": la protección que produce tu Toráh

por Netanel Mazor, netanel@banayichzion.com


El ángel que me salva

Iaakóv, nuestro patriarca, en su lecho de muerte, bendice a su hijo (Ioséf) y a sus nietos. "Y bendijo a Ioséf y dijo: E-lokim, frente a quien caminaron mis ancestros Abrahám e Itsják, E-lokim el pastor que me condujo desde que nací hasta este día. El ángel que me salva de todo mal bendecirá a los jóvenes, y mentará sobre ellos mi nombre y el de mis ancestros Abrahám e Itsják, y se reproducirán inocentemente en multitud en la proximidad de la tierra". De entre los intérpretes principales de la Toráh, especialmente Rashi y el Zohar llaman la atención sobre un detalle de esta bendición: en principio, pareciera que Iaakóv debería haber dicho "el ángel que me salvó de todo mal", a partir de ahora les acompañará y cuidará.... en lugar de, en tiempo presente, "el ángel que me salva (...)". En su lecho de muerte, estaría "legándoles" de algún modo la bendición del ángel. Mas no es así; y en este detalle se esconde un profundo fundamento de la Toráh.

De las palabras "El ángel que me salva" se entiende que el ángel -ese ángel- acompañaba siempre, constantemente, a Iaakóv. ¿Qué es ese ángel con que ya nos hemos topado en acontecimientos previos? ¿Qué es el "ángel de Iaakóv"?

Comienza diciendo el Zohar (libro base de la Cabaláh, compuesto por Rabi Shimón bar-Iojai): "Ven y atiende, que 'el ángel que me acompaña' es la shejináh (la presencia incidente de D's, del verbo "lishkón": morar). La shejináh va siempre con el hombre y no se aparta de él, en tanto que él no se aparte de los preceptos de la Toráh". De este modo, la bendición de Iaakóv pasa a ser entendible como: "La shejináh, que nunca se aparta de mí por cuanto cuido de seguir el camino de la Toráh, no se aparte de vosotros". Como escribe el Or Hajaím, otro de los grandes exégetas: "el ángel es la Voz de D's, que acompaña al hombre y le auxilia".

La relación de estos conceptos con nosotros, se encuentra en la continuación del Zohar: "Por ello, debe cuidar el hombre de no salir solo al camino. ¿Y cómo evitar el salir 'solo'? Atienda el hombre a cuidar siempre las mitsvót (preceptos) de la Toráh, y no se apartará de él la shejináh, y ya no estará nunca solo en su camino". Quien ponga esfuerzo y empeño en hacer de la Toráh su camino, contará con la shejináh, con la presencia de D's que cuida e incide y obra milagros, que nunca se apartará de él. Como interpreta Rashi de las palabras "el ángel que me salva" (Bereshít XLVIII,16): "El ángel que es enviado a mí habitualmente" cuando estoy en necesidad. Iaakóv sabe que cuenta con el ángel, con el desencadenamiento mágico-milagroso de la realidad, siempre que lo necesita. Nuestra percepción contrita y nuestro pobre raciocinio no son capaces de advertirlo, mas para Iaakóv era éste un hecho patente, una realidad sensible y permanente, como lo puede ser para cada quien que rige su vida en los caminos de la Toráh y cuida de las mitsvót.

Somos los hijos de Iaakóv, y recae su bendición también sobre nosotros. En tanto sujetemos nuestras vidas al camino que nos indica la Toráh, en cuanto llevemos a la acción la letra de las mitsvót, ese ángel que salva a nuestro ancestro de todo mal, acompañará cada paso de nuestro camino, y se ocupará para nosotros de todo lo bueno del mundo.

¡Shabát Shalóm!


Rabi Janania

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¡El disfrute de mi alma en la Teshuváh!

por el Rav Eial Kedmi, raveial@banayichzion.com


Una de las ganancias más importantes que me reportó la Teshuváh, fue el modo maravilloso en que se aclararon para mí, conceptualmente, los valores vitales; en cuanto aprendí e incorporé a su respecto.

El concepto de Amor ("Ahaváh", en hebreo), por ejemplo, se apoya en la cantidad de la entrega que uno logra ejercer. Desde la entrega se fortalece el amor: al prójimo, a la pareja, al Creador.

El concepto de humildad ("Anaváh", en hebreo), parte de tomar los regalos que me ofrece D's, y desde ellos, conocer quién soy y dónde estoy, saberme, y llevar a la práctica el trabajo que me ha encomendado D's.

¿Qué es la felicidad y qué la alegría ("simjáh" en hebreo, una combinación de ambas), sino el sentido íntimo del duro trabajo que nos ha sido encomendado en esta vida, y su propio fundamento? "Simjáh" es la bendición suprema que regía sobre Adám, el primer hombre, hasta el momento de su transgresión.

La tristeza ("Atsvút", en hebreo), por fin, es la base del pecado y de la maldición, de cuyo cuidado y crecimiento se ocupa nuestro instinto del mal. El cometido de la tristeza es desconectar al hombre de su naturaleza y misión vital.

La lista de los descubrimientos que me trajo consigo la Teshuváh es larga y dichosa. Continuaremos en ella a lo largo de las próximas entregas.

Shabát Shalóm!

 


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La fuerza de la vida

por el Rav Dorón Rosilio, ravdoron@banayichzion.com


Am Israel Jai

En nuestra parasháh anterior, "VaIgásh", estudiamos acerca del encuentro entre Ioséf y su hermano Iehudáh: el encuentro que develó el carácter erróneo de lo que la fantasiosamente interpretáramos acerca de la realidad de nuestros ancestros. El encuentro que despejó todas las dudas, mediante sólo dos palabras: "Yo (soy) Ioséf", en las que Ioséf se revela y todo el proceso en curso se aclara de modo definitivo.

Iehudáh es la fuerza que derriba obstáculos, que revela, que penetra sin vacilación la realidad para descubrir su sentido de verdad. Cae y se levanta una y otra vez, aferrado al objetivo de descubrir qué se oculta tras ese "regente de Mitsráim" que no les da respiro y atrae arteramente la desgracia sobre ellos sin cesar.

Ioséf (en hebreo, del verbo "leEsóf": reunir) es quien les reúne y les aglutina, con discreción, ocultando a la vista de los demás sus movimientos, en un preparativo silencioso para la revelación, un preparativo para la grandiosidad de la redención.

El encuentro entre ambos hermanos alumbra una percepción correcta de su realidad: todos viven -están vivos-: Ioséf vive, Biniamín vive, Shimón vive, Iaakóv el patriarca....

"Y vivió" (o "y vivirá") Iaakóv, empieza diciendo nuestra parasháh: vivía, tómo vida el espíritu de Iaakóv, el padre de ellos. La vida es la completitud, es la victoria y la eternidad, es el infinito. Quien vive, nunca morirá.

La vida no es algo temporal y finito, sino que se compone de un constante trasponer límites, de etapa en etapa. Un hombre vive por toda la existencia del mundo; nunca muere ("falleció" -por "murió"- se dice en hebreo "niftár", cuyo significado literal es "fue eximido", o "fue liberado"). Es la única muerte la del "niftár", la de quien es liberado, eximido de permanecer en una etapa, para trasponer sus límites y amanecer en otra nueva.

"Iaakóv vive" en Mitsráim, porque todas las dudas fueron quitadas del camino, se izó el telón y D's reveló su conducción del mundo (de la realidad) a ojos de quienes le aman y le buscan. Entonces, la vida fluye nuevamente. Vida es alegría y felicidad ("simjáh"), y simjáh es hálito vital sagrado ("rúaj hakódesh", en hebreo).

Ahora, traspuesta esta etapa, es posible salir al largo camino que espera. Ahora, que ha culminado el proceso primordial de todo el libro Bereshít, tras la peripecia vital de los seres singulares y poderosos que supieron gobernar su instinto, que se levantaron y cayeron y volvieron a levantarse, que no saben de desistir ni conocen la resignación; que se afianzan y afirman en su fe también cuando la realidad resulta cruda, dura e incomprensible.
Esta es la fuerza de la Vida. Con estas armas, es posible ahora salir al camino definitivo: el exilio en Mitsráim, la liberación de la esclavitud, la entrega de la Toráh, los cuarenta años de tránsito en el desierto, el ingreso a la tierra de Israel, y así en un continuo hasta nuestros días, el pueblo de Israel firme y compenetrado en su plena fe en un futuro luminoso, y en un presente de asombro y numinosidad, desde que "Am Israel Jai": ¡el pueblo de Israel vive!

¡Shabát shalóm!



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La bendición que reserva a los padres la educación de sus hijos


por el Rav Guideon Muzykanski, ravguideon@banayichzion.com

"Y bendijo a Ioséf y dijo (...)", leemos cuando se dispone Iaakóv a bendecir a Efraím y Menashéh, hijos de Ioséf.

Sobre estas primeras palabras, puntualiza el Zohar que si Iaakóv se dispone a bendecir, en realidad, a los hijos de Ioséf, llama la atención que el texto comience: "Y bendijo a Ioséf, y dijo....". Tal entiende el Zohar: así comienza el texto, para indicar que toda bendición alcanza también a los padres de quien la recibe. Cuando alguien recibe una bendición, también sus padres resultan benditos.

Adám y Javáh, primeros sobre la Tierra, reciben la mitsváh de reproducirse y abundar. D's busca que el mundo sea poblado de personas que sigan el camino de la Toráh: el verdadero objetivo es la expansión de la Toráh, no sólo la reproducción numérica de los humanos. Por tanto, quien trae hijos al mundo mas no los guía por el camino de la Toráh, no cumple sino con la primera parte del "pacto" que nos une al Creador.

¿De qué podría servir un árbol frutal, que da frutos sin color, sin aroma y sin sabor? Toda su razón de ser es producir frutas buenas y apetecibles; de modo que, si bendecimos a sus frutos nacientes para que sean buenos y sabrosos, estaremos bendiciendo también al árbol, de cuya vitalidad tomarán éstos todo lo necesario para crecer. Del mismo modo, la bendición de los hijos se extiende a los padres que los educan, que los inician, que los preparan para la vida.

La educación ocupa un rol fundamental en el judaísmo, precisamente porque los hijos son ese fruto que alberga semillas dentro suyo, semillas de las que habrán de crecer nuevos árboles; y si los criamos con la educación correcta, no serán árboles de aquéllos que sólo sirven para dar sombra, para obstaculizar el paso de la luz, sino que serán medios de reproducción y expansión de la luz y la verdad, para bendición de todos.



Tsadik katamar ifraj...


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Serán para mí reino de sacerdotes y pueblo sagrado

Halajáh: Toráh traducida en normas para la vida real:
El lavado de manos: "netilát iadáim"


por Rav Natan Lambert, ravnatan@banayichzion.com

Uno de los fundamentos del shabát se encuentra en sus 3 seudót, las tres comidas que ingerimos en su transcurso: una por la noche, y dos más a lo largo del día. Llamamos "seudáh" a toda comida que se ingiere con pan; o sea, toda comida que se inicia con la bendición de "hamotsí". Y según decretaron nuestros sabios, la bendición de "hamotsí" sobre el pan exige el ritual previo del lavado de manos, arrojando agua sobre ellas con un cántaro: "netilát iadáim" es el nombre hebreo de este ritual.

La "Mishnáh Bruráh" trae dos sentidos para el decreto de nuestros sabios, según el cual debemos realizar "netilát iadáim" previo a toda seudáh.
Cuando teníamos el Beit Hamikdásh, el Templo de Jerusalem, los cohaním (sacerdotes) trabajaban en él oficiando el servicio sagrado; dado que no disponían ni de tierras ni de tiempo para trabajar su propio sustento, vivían de la "terumáh": un 1% de la producción agropecuaria de todo el resto del pueblo. Para comer la terumáh, el cohén debía limpiarse de toda impureza, proceso que pasaba por el ritual de "netilát iadáim". A partir de que ya no tenemos el Templo (y que para el tiempo de la redención, la Toráh anuncia que el pueblo de Israel se transformará, todo él, en "cohaním" -sacerdotes- del resto de la humanidad), nuestros sabios decretaron difundir "netilát iadáim" en todo el pueblo, de modo tal que su importancia se refleje en la práctica de cada uno.

Como sentido agregado para la obligación de "netilát iadáim", mencionada también por la Mishnáh Bruráh, nuestros sabios se basaron en la orden "vehitkadishtém" ("y os consagraréis") de la Toráh (Vaikrá -Levítico- XX,7) para determinar la obligación de una higiene esmerada antes de una comida, que habrá de ser ingerida siempre con voluntad de consagración.

Vehitkadishtém



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Al fin de Bereshít: La acción del padre; y por ella, la bendición al hijo
por el Rav Jaim Virdugo, ravjaim@banayichzion.com

¿Quiénes son éstos?

Iaakóv se apresta a despedirse del mundo, y Ioséf le lleva a sus dos hijos, Efraím y Menashé, para que les bendiga. "Y vio Iaakóv a los hijos de Ioséf y dijo: ¿Quiénes son éstos?. Y dijo Ioséf: Hijos míos son, que me dio E-lokim en ésto". Opina Rashi que la pregunta "¿quiénes son éstos?" debe ser interpretada como que "no son aptos para la bendición". A ésto responde Ioséf, remarcando que D's le dio hijos "en ésto": Rashi entiende que esta expresión acompaña la exhibición del documento de compromiso matrimonial (Irusín), y acta de matrimonio (Ketuváh), entre Ioséf y su esposa Osnát; tales puso Ioséf ante su padre por respuesta.

Para comprender correctamente esta relación, nos remitiremos a una Guemará que cuenta sobre Rabi Meir Baal Hanés, alumno de Elisha ben-Abuia (un gran sabio que luego se convirtió en hereje) y de Rabi Akiva. Estaba un shabát Rabi Meir en el beit-midrásh (la casa de estudios), estudiando y enseñando, y pasó por allí Elisha ben-Abuia. Salió a su encuentro Rabi Meir, con la intención de atraerlo de retorno al camino de la Toráh. Le preguntó ben-Abuia: "¿Qué enseñaste hoy en el beit-midrásh?". Le respondió Rabi Meir: "Enseñé sobre el versículo que dice: Mejor es el fin de algo que su inicio".

Bien es el final si...

Le interrogó ben-Abuia: "¿Y cómo lo explicaste?"
Le respondió: "Expliqué que aún si el inicio no es bueno, sus carencias pueden ser reparadas en el camino y el final puede ser bien; y está escrito: La culminación buena, implica que todo (el proceso) es bien".
Preguntó ben-Abuia: "¿Así te enseñó Rabi Akiva?"
Respondió: "De no ser así, ¿cómo se lo debe explicar?"
Le dijo ben-Abuia: "La buena culminación de algo es consecuencia de que el inicio haya sido bien". Y le dio como ejemplo el suyo propio al nacer: cuando su padre le hizo el brit-miláh (lo circuncidó), vio de pronto la sacralidad de los sabios de Israel y su inmensa luz, y decidió: "consagraré a mi hijo a la Toráh". O sea, que si no hubiera visto toda esa luz y no hubiera aspirado a ella, no lo hubiera consagrado a la Toráh. Y de ahí, que él hubiera terminado por caer en la herejía, por fallar en la fe.

Con esta enseñanza en la mano, volvamos a nuestro episodio. ¿Quiénes son "éstos"? Supo Iaakóv que de Efraím y Menashéh saldrían algún día hombres impíos, y temió entonces por el inicio del proceso que había derivado en ellos; ésto es: temió que hubiera alguna mácula en la conducta de Ioséf. A ello respondió Ioséf mostrándole, documentándole, que todo el inicio del proceso, su unión a Osnát -madre de sus hijos-, había sido sagrado, y acorde a los principios de la Toráh. Se dijo, entonces, Iaakóv: si el inicio es bien, también la culminación lo será. Y dijo a Ioséf, entonces: "Tráelos hacia mí, y los bendeciré".


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