אור חורת בקורות לבו של האדם

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miércoles, 7 de mayo de 2014

Matók MiDvásh 14 - Behár / Bejukotái 5764

A modo de Editorial:
Que soy capaz de recibir, de vivir, y de brindar
PARA QUE SEA TESTIMONIO DE LA VERDAD
Queridos amigos:
solo nos resta verlo, y para ello hay que vivirlo

Entre los temas tratados en parashát Behár, se encuentran las leyes relativas a "shvi'ít", el séptimo año, en que prohibe la Toráh cultivar, cosechar, tomar provecho de la tierra. Tras establecer ésta y otras leyes, hallamos una instancia de prueba, de comprobación de la verdad. Y dice así, en Vaikrá XXV, 20: "Y si decís (si os preguntáis) qué comeremos en el séptimo año, si no plantaremos y no recolectaremos nuestra cosecha". A este versículo, refiere Rabi Iehudáh un versículo de Tehilím (Salmos XXXVII,3), cuyo sentido intentamos traducir así: "Confía en D's, y haz bien; mora (halla asiento en) la tierra, y alimenta la fe".

Cuatro son las etapas del trabajo del hebreo en esta vida. La primera: "Confía en D's". A cada paso hallarás desafíos y pruebas frente a los cuales la lógica te indicará un camino ajeno a la Toráh. Confía, ten fe. El ejercicio de la fe sabe mudar la realidad. Debes saberlo y hacerlo parte de tí. Una vez que estás cierto en ello, una vez que sabes que no hesitarás en hacer lo correcto por más que no responda eventualmente al dictamen de nuestra lógica insignificante y mezquina, estarás en condiciones de oficiar correctamente la segunda etapa: "haz bien". Hacer el bien es conducir la propia vida de acuerdo a la Toráh, a las mitsvót, a la sabiduría de la verdad. Es tomar la Toráh por mapa de tu laberinto, y conducirte por los caminos que la Toráh te muestra en cada orden de la vida. Explica el Zohar en este punto que, cuando haces el bien en el mundo material, despiertas bien y bendición en el firmamento: abres las puertas de la brajáh, de la bendición, para que ésta penda sobre tí. De ese modo, el ejercicio del bien en todas sus formas incide en los órdenes material y espiritual de la vida de modo directo, y atrae bendición.

Gracias a la realización armónica de estas dos primeras etapas (asentar la confianza en D's, y a partir de ella, obrar bien), es posible arribar a la tercera: "Mora (halla asiento en) la tierra". En la explicación de Rabi Iehudáh, "la tierra" aquí es expresión de ambas dimensiones: material y espiritual. A través del ejercicio del bien "abajo", despiertas la respuesta, el reflejo, del verdadero bien, que proviene de "arriba". Y con ello, se constituye en tí una armonía única, sólida, que se proyecta en hallar tu sitio, el espacio físico-mental-espiritual que te es propio, en el que podrás desarrollar todo tu potencial. Hallar verdaderamente asiento en la tierra es acceder a la vida que hace propicio todo el bien y toda la belleza que soy capaz de recibir, de vivir, y de brindar.

Y cuando ésta se hace realidad, automáticamente se cumple la instancia final: "alimenta la fe". El verbo original que hemos traducido por "alimenta" es de sentido mucho más amplio y preciso; es "lir'ót", traducible también por "pastorear". Y la metáfora no podría ser mejor, puesto que un pastor que lleva a su rebaño a pastar, procura para él las mejores pasturas. Tales pasturas no son alimento para consumo humano: nadie que no los animales lo comería. Mas a través de buscar, para sus animales y de acuerdo a lo que ellos están aptos y dispuestos a comer, las mejores pasturas, el pastor está procurando para más tarde el sustento de más elevada calidad para los hombres: la mejor carne, la mejor leche, la mejor lana, el mejor cuero; alimento y abrigo que brindará luego el animal a los hombres, gracias a la dedicación del pastor que procuró las pasturas.

Tal es el proceso que lleva a alimentar la fe, a alentarla, a expandirla: a activar la bendición del Creador sobre sus creaturas desde el ejercicio feliz de la Toráh. No está en nuestras manos producir la carne, la lana, el cuero: está en nosotros, sí, procurar las pasturas; generar las causas que darán por resultado la bendición, la felicidad, el bien. Y esas "causas" que resultarán en tales efectos son el ejercicio propio de la fe, el trabajo de las mitsvót, el amor y la entrega desde la plena convicción de verdad y bien que nos enseña la Toráh.

Entonces, tras proponer la Toráh: "Y si decís (si os preguntáis) qué comeremos en el séptimo año, si no plantaremos y no recolectaremos nuestra cosecha", así responde Hashém al desafío en el versículo siguiente: "Y ordenaré mi bendición para vosotros en el año sexto, y se hará la cosecha para tres años". Esto es: si confiáis, y hacéis bien, y halláis entonces vuestro lugar en la tierra y expandís la fe, de modo natural regirá la bendición para vosotros. Y desde que la finalidad del proceso es la expansión de la fe, la afirmación del lazo que une al Creador con sus creaturas por vía de hacer manifiesta y visible en la realidad Su majestad y presencia, no dice: "os daré cosecha suficiente para tres años", ni "cosecharéis el triple de lo habitual". En su lugar, dice: "y se hará la cosecha para tres años". Porque habrá de ser como en el milagro de Janucáh, en que la vasija de aceite suficiente para un único día duró ocho (y fue "esa" única vasija; no ocurrió que de la nada aparecieran siete vasijas más, sino que el contenido de esa única vasija rindió ocho veces lo previsto): la cosecha será normal, como cada año, mas rendirá, en un milagro revelado permanente, el triple de lo habitual. Para que sea testimonio de la verdad. Para que cada momento de la vida, cada orden, cada área del quehacer de nuestros días, sea testimonio de la verdad.

Por ello, también el capítulo XXXVII de Tehilím continúa diciendo, tras el versículo que analizamos: "Y deléitate en Hashém, y te dará lo que pida tu corazón". Porque del deleite en el bien, del deleite en la Toráh y su estudio y ejercicio permanente, nace el deseo certero, capaz de volverse realidad.
Les invito a visitarnos en nuestro Beit-Midrásh virtual, a disfrutar del estudio, a cooperar con este proyecto creado para vosotros.  Esperando que disfrutéis del material de esta revista, que ha sido preparado con amor,
con vosotros mis brajót, desde una Ierushalaim luminosa,

daniEl I. Ginerman


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APRENDIMOS EN LA GUEMARA ESTA SEMANA

Qué dice la paloma


¿Qué dice, qué canta, la paloma al Creador? Así le dice:
"Amo del mundo: Así sean mis alimentos amargos como la oliva mas vengan de tu mano, y no que sean dulces como la miel dependiendo de los hombres".
Talmud Bablí, Tratado de Eruvín 18,2

Toen

No argumenta un hombre si no tiene razones en su mano.
Esto es: si alguien defiende ante un tribunal su derecho, se debe presumir que tiene razones que respaldan su pretensión. No es razonable pensar que alguien va a defender ante un tribunal una posición que caiga sola ante un ataque sencillo.
Talmud Bablí, Tratado de Shvuót 40,2



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AMANTES DEL SHALÓM
por Rav Meir Ifraj
Está escrito en Pirkéi Avót I,12: "Dice Hilel: Sé de los discípulos de Aharón el Cohén, amante del Shalóm, y que persigue el Shalóm, que ama a las creaturas y las acerca a la Toráh".

Hilel nos indica aprender de los caminos de Aharón, que amaba a todas las personas y buscaba establecer entre ellas la paz. Cuando se enteraba de una pelea o un litigio dentro del pueblo, se dirigía a una de las partes y le contaba cuánto el segundo lamentaba la situación y cuánto se arrepentía de haberle lastimado. Luego iba donde el otro, y repetía iguales palabras. Y cuando se encontraban ambos contendientes por fin, se abrazaban y besaban y recuperaban entre ellos la paz. Y así hacía también entre los maridos y sus esposas en todo el pueblo de Israel.

Está escrito en la mishnáh que hay acciones que el hombre realiza en este mundo, y su aura y su mérito permanecen para el mundo venidero. Y entre ellas, se encuentra atraer la paz entre las personas. Vaya si es necesario que nos fortalezcamos y aprendamos a atraer la paz, el Shalóm, entre los hombres, y principalmente dentro del propio hogar, los hombres con sus mujeres y sus niños, porque nada hay más dulce y más bello que el Shalóm, la paz de la plenitud.

Porque el Shalóm es uno de los nombres de D's, y cuando hay Shalóm en el hogar se evidencia en él la presencia del Creador, y la providencia, y la bendición se hace patente. Y tenemos el privilegio de la Toráh y de las enseñanzas todas de nuestros sabios, que nos indican infinidad de caminos para arribar y asegurarnos el verdadero Shalóm dentro y fuera del hogar, el Shalóm sobre el que se apoya toda verdadera bendición, como está escrito: "Hashém fuerza dará a su pueblo, Hashém bendecirá a su pueblo con Shalóm".

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EL SENTIDO DE LAS MITSVOT
por Rav Natan ben-Jaím
Se pregunta el Rambám: "¿Qué tienen en común el shabát y la shevi'ít (el séptimo año de la tierra, sobre cuyos frutos está prohibido el lucro), que hace que para ambos esté escrito que son "leshém Hashém" (en nombre de D's), advertencia que no se menciona para ningún otro evento temporal?

El Rav Leivovich explica el comentario de Rashi del siguiente modo, en base a una lectura del Raabád: "La intención de las mitsvót es que el hombre sepa que tiene un Creador que reina sobre él". Tras que el Creador entregara la tierra a los hombres, éstos podrían pensar que la tierra les pertenece, que ellos son sus dueños.... y nadie más; y olvidar así al Creador; y tal olvido traería consigo la disolución del propósito sagrado de la Creación. El Raabád menciona varios ejemplos para ilustrar su explicación: Si D's le da al hombre la posibilidad de poseer un campo, viene junto con dicha posesión el conjunto de leyes relativas al arado, a la siembre y la cosecha; las normas relativas a la prohibición de labrar la tierra utilizando especies disímiles en yunta (por ejemplo, un buey y un burro uncidos juntos); la prohibición de cultivar "kiláim", o la obligación de dejar "peáh": una esquina del terreno para que su cosecha quede a disposición de los necesitados. Durante la recolección, la cosecha que cae de manos del dueño del campo debe quedar abandonada para que la recojan los necesitados, y lo mismo sucede con lo que resulte olvidado en el campo tras completar la faena. Y aún entonces, realizada ya la cosecha, se debe descontar de ella el maasér (el diezmo) y la trumáh. Tras moler el trigo y hacer harina, cuando tenemos ya la masa para hornear, tenemos el deber de quitar "jaláh" para alimento del Cohén. Y por último, antes de comer el pan y tras satisfacernos con él, tenemos un orden de bendiciones-consagraciones que pronunciar. Tal sistema se proyecta a todos los órdenes de la vida: a la vestimenta, al ganado, a las plantaciones; a cada instancia de la vida, a cada momento del año.

Dice nuestra parasháh: "Y será cuando vengan a la tierra que dispuse para ustedes..."; y remarca: "que Yo les di". Debemos mantener conciencia clara de que nada nos pertenece de por sí: todo cuanto poseemos, no está en nuestras manos sino para cumplir con un propósito sagrado. Por eso, cuando estamos en nuestra tierra, cada séptimo año debemos suspender toda labor y abstenernos de sembrar y cosechar. Y aquí se encuentra el paralelismo que halla Rashi entre el Shabát y la Sheviít: ambas instancias hacen propicio que anulemos la sensación de ser "amos" de la Creación y de la vida, y nos guían hacia la finalidad que señala el Raabád para todas las mitsvót: que sepa el hombre que el Creador gobierna sobre la Creación, y a El pertenecen (y a Su arbitrio se encuentran) la Tierra y cuanto ella contiene.



Matók MiDvásh 13 - Emór 5764

Revista Matok MiDvash, desde Jerusalem

A modo de Editorial
Siempre hablamos en voz alta

Queridos amigos:
solo nos resta verlo, y para ello hay que vivirlo
Comentando nuestra parasháh, trae el Zohar este diálogo singular: Rabi Iosi y Rabi Itsják caminaban juntos y departían. Dijo Rabi Iosi a Rabi Itsják: Está escrito "Y llamarás al shabát deleite para consagrar a D's (...)", y luego dice "lo honrarás, absteniéndote de hacer tus caminos y de hablar palabras profanas".
Rabi Iosi comprende fácilmente la prohibición de realizar trabajos profanos en el día consagrado por D's, comprende que debamos abstenernos de "salir a los caminos" ese día, pero pregunta: "¿Qué prohibición es ésta de hablar palabras profanas? ¿Qué clase de violación podría ello suponer?". Le respondió Rabi Itsják: "Sin duda sería una profanación. Porque no hay palabra del hombre que carezca de voz, y cada voz se eleva a las alturas, y en los mundos elevados despierta otra palabra y otra voz". Y cuando despierta en las alturas, en el día sagrado, una voz de lo profano, sin duda estará profanando la perfección sutil de la consagración.

En nuestra parasháh, el pueblo de Israel continúa su camino de aproximación a la conciencia plena de la Verdad. Al inicio de la parasháh, se nos ofrecen las leyes que regirán el oficio sagrado del Cohen, el Sacerdote. Estas leyes son la cúspide del trabajo sagrado; desde la actividad del Cohen en el Beit-HaMikdásh se delinea hacia nosotros la relación de la humanidad entera con el Creador. Y sabemos que, para el futuro por venir, el pueblo de Israel entero estará llamado a ejercer el sacerdocio; de modo que estas leyes tienden a moldear la conciencia de cada uno de nosotros.
A continuación, una vez que tomamos las reglas que nos vuelven hábiles para la consagración, procede la parasháh a proyectar esta nueva conciencia en las dos dimensiones restantes a cuyo través discurre nuestra vida: el tiempo y el espacio. En primer término, realiza un rápido pasaje por el año judío: las distintas fechas sagradas y su trabajo singular aparecen descriptas aquí con claridad. En segundo término: "Y cuando vengáis a la tierra...."; ésto es, habla de cómo tratar el espacio, cómo consagrar el lugar y los frutos que nos ofrece. Porque de algún modo, en cada verso de Toráh, en cada palabra, en cada letra, se ilumina para quien ahonde en ella la Toráh completa, y cada letra alude a la necesidad de todas las demás.

 
Esta semana, comienza a volverse realidad la segunda etapa de este sueño que compartimos: el proyecto Ieshivah.Net. Nuevos columnistas en nuestra revista, nuevas clases que van poblando la agenda del Beit-Midrásh virtual, nuevos rabaním incorporándose al equipo, aportando sabiduría y puntos de vista. Hoy, damos la bienvenida a Rav Marcelo Krawiec, que comienza un ciclo de clases desde Mexico, de las que se podrá participar todos los martes en http://www.beitmidrash.org/. También inauguramos un nuevo espacio en "Matók MiDvásh": a cargo de Galia Ginerman, la columna dedicada a la mujer judía, con reflexiones que habrán de acompañarnos cada semana al compas de cada parasháh, de cada formulación en que la letra de la Toráh se vuelve arcilla para que con ella construyan nuestras manos.
 
El ordenamiento temático de nuestra parasháh nos habla de Shalóm: de la paz que nace de la plenitud; de la realización completa de lo mejor de cada uno de nosotros. Para arribar al Shalóm -como para arribar a cualquier destino- hay que surcar los caminos del laberinto vital. Mas al Shalóm sólo se arriba cuando los caminos recorridos son los del mapa de la Creación y de la Vida que provee la Toráh. Entonces, nace del arte de preguntar el ejercicio de la respuesta: tiempo y espacio, las circunstancias todas, resultan subordinadas a un propósito trascendental, y plenos y claros, desplegamos en alas blancas lo mejor de nosotros.
Invitándoles a visitarnos en nuestro Beit-Midrásh virtual, y esperando que disfrutéis del material de esta revista, que ha sido preparado con amor,
con vosotros mis brajót, desde una Ierushalaim luminosa,

daniEl I. Ginerman
editor@ieshivah.net

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APRENDIMOS EN LA GUEMARA ESTA SEMANA

...cuando nada le va en ello

Un hombre no peca cuando nada le va en ello

En la hoja 5 del Tratado de Babá Metsía del Talmud Bablí, comienza el tratamiento de un caso de robo de ganado por parte de un pastor que cuida rebaños de terceros. El problema que enfrentamos en cierto punto del debate  consiste en que, si pudiéramos creer en la palabra del demandado, podríamos hacerle jurar su inocencia. Mas no creemos en la palabra del pastor, porque tenemos testigos de que robó al menos una mínima parte de lo que se le reclama. Mas alguien considera que aún antes de todo testimonio debiéramos desechar su palabra: "puesto que sabemos que es pastor, y" como estableció Rabi Iehudáh,  "los pastores tienden a permitir que su ganado pastoree donde están las mejores pasturas", aún si con ello están cometiendo robo, por pertenecer tales pasturas a terceros.

Mas esta tesis es desechada de inmediato, al comprobar que Rabi Iehudáh sólo puede haberse referido a los pastores que procuran alimento para su propio ganado; ¡nunca a los que procuran pasturas para el ganado de terceros!
¿Por qué? Porque quien tiene interés propio en la alimentación de los animales que cuida, se verá tentado de proveerles el mejor alimento aún si para ello debiera transgredir la propiedad privada, porque de ello obtendrá más tarde su propio provecho.
Mas, ¿qué interés podría alentar a quien pastorea el ganado de terceros a cargar con la culpa del robo de pasturas? ¿Con qué objeto lo haría, si no ha de obtener provecho extra alguno a partir de la mejor alimentación de los animales encomendados a su cuidado?

De aquí, la "jazakáh", una condición fija al inicio de todo análisis en que se apoyará un juicio: No presumimos delito en quien de ningún modo obtendrá provecho de él. Un hombre no comete una transgresión que pesará luego sobre él, si nada gana a cambio.


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EL MARAVILLOSO PRIVILEGIO DE CRECER
por Rav Biniamin Cohen
"Un toro o una oveja o una cabra que nazca, estará siete días con su madre, y a partir del octavo día podrá ser ofrecido en sacrificio...", indica nuestra parasháh, entre las reglas atinentes a los oficios del Templo.
Y salta de aquí la siguiente pregunta: ¿por qué escribe la Toráh acerca de "un toro, o una oveja, o una cabra que nazca"? Al nacer, no hay toro sino ternero, ni tampoco oveja, sino cordero. ¿Por qué son referidos al nacer por los nombres de su adultez?
En el Zohar, el tema se explica del siguiente modo: "Dijo Rabi Aba, ven y mira: Un hombre, en el momento de nacer, carece de las energías elevadas hasta que es circuncidado. Con la circuncisión, despierta en él la aptitud para la Toráh. Más tarde, cuando toma mujer en matrimonio y procrea y tiene hijos y los guía por el camino de la Toráh, recién entonces se convierte en un hombre completo".
Pero un animal, una bestia, en el mismo momento de nacer recibe la misma calidad de energías que recibirá durante toda su vida hasta el momento de la muerte. Por eso son llamados los animales, al nacer, con el nombre que les designa luego, en la edad adulta. Para enseñarnos que el hombre es distinto de la bestia, aunque en apariencia resulte que tenemos iguales apetitos y básicamente igual actividad, y aún más: la bestia no sufre de las presiones y las tensiones de los hombres.
Pero los hombres, a diferencia de las bestias, disponemos de todo el tiempo de nuestras vidas para renovarnos, crecer, trascender de etapa en etapa, acercarnos a la completitud de nuestra potencia, y aproximarnos así al Creador hasta convertirnos en hombres completos.

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SERAS SAGRADO Y CONSAGRARAS EL TIEMPO
por Nuriel Cohen
* El versículo (Vaikrá XXII,32) dice: "Y me consagraré dentro de los hijos de Israel, Yo, D's, que los consagra". E inmediatamente de dicho ésto, pasa a las mitsvót concernientes a los "moadím", las fechas sagradas a lo largo del año. La conexión estriba en que una vez que el pueblo de Israel, y cada uno de sus integrantes, se torna sagrado por vía de su propia acción, y recibe en su interior la vitalidad suprema que le provee el Creador, se torna Israel apto para consagrar el tiempo, las fechas del año fijadas por la Toráh como mojones de sacralidad de los que alimentar el tiempo todo, y desde estas fechas, incidir con kedusháh sobre el tiempo y la Creación.

* Tras detallar extensamente todo el tema relativo a las festividades y conmemoraciones del año judío, nuestra parasháh culmina la exposición de los tiempos haciendo referencia al Shabát: "Estas son mis fechas, seis días harás trabajo y en el séptimo será shabát shabatón, no harás trabajo alguno en él" (Vaikrá XXIII, 2-3). Se pregunta el Gaón de Vilna por qué esta contigüidad, y explica que el versículo se refiere también a las fechas festivas, expuestas aquí del siguiente modo: hay seis fechas consagradas por la Toráh en las que está permitido realizar algunos trabajos -los necesarios para la propia alimentación-. Estas fechas son: dos días de Pésaj, un día de Shavuót, un día de Rosh Hashanáh, y dos días de Sucót. De este modo, al decir el versículo "seis días harás trabajo y en el séptimo" no, está indicando que en esos seis días festivos está permitido realizar trabajos para procurar alimento, pero que en el séptimo de los días sagrados, que es Iom Kipúr, está prohibido todo trabajo para toda necesidad de que se trate.


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UN MAESTRO, UN AMIGO, Y LA CAPACIDAD DE JUZGAR PARA BIEN
por Rav Meir Ifraj

Nos dice en su capítulo primero el sagrado libro de "Pirkéi Avót": "Iehoshúa ben-Pirjáia dice: Hazte un Rav -un maestro-, y adquiere un amigo, y juzga a todo hombre para bien".

"Hazte un Rav": que el hombre necesita contar con alguien que disponga del conocimiento de que él mismo aún no dispone, alguien que sepa lo que él ignora. Pues quien adquiere sabiduría todo lo tiene, y rico es quien vive feliz con la porción de mundo que le toca. Y para ser rico, para ser feliz, es imprescindible contar con un referente, un guía, en la sabiduría.

"Y adquiere un amigo": Como dijo el rey Shlomóh -Salomón-: "Mejor son los dos que el uno", porque si uno se cae, su amigo le ayudará a incorporarse. El hombre necesita de un buen amigo con el que afilarse recíprocamente, con el que complementarse en la sabiduría y en la acción, con el que discutir puesto que también la discusión ayuda a crecer. Un hombre que, por el contrario, está solo, podrá permanecer incambiado toda su vida; como expresa la conocida metáfora: "no se afila sólo un cuchillo, sino que necesita de una piedra que lo desgaste".

"Y juzga a todo hombre para bien": Si ves a un hombre de quien no sabes si es un justo o un malvado, y hélo cometiendo una acción prohibida, recae sobre tí la mitsváh de juzgarlo para bien, de presumir su inocencia y decir que seguramente tuvo buena intención, o que acaso se equivocó, o quizá "no comprendí lo que vieron mis ojos". Porque en realidad, ciertamente, no sabemos nosotros qué hay en el corazón de un hombre y cuáles son sus inquietudes y sus intenciones, que sólo el Creador conoce. Y es parte inseparable del camino de bien juzgar para bien al otro, tal como quisiéramos ser juzgados nosotros en todos nuestros actos para bien. Así está escrito en nuestros libros sagrados: que cuando un hombre tiene la oportunidad de juzgar a otro para bien, en ese mismo instante, en los cielos tiene lugar otro juicio en que el juzgado es él a partir de su actitud; y esperan en el Tribunal de las alturas a verificar cuál será su actitud a la hora de juzgar, y tal como él actúe, así actúan respecto de él.

Por eso, amigos míos, debemos fortalecernos en todos estos puntos maravillosos que nos han señalado nuestros sabios, y crecerá en nosotros el provecho del alma y una gran felicidad. Y sea la Voluntad que sepamos merecerlo, Amén.


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REFLEXIONES CAMINO A CASA
por Rav Dorón Rosilio

Queridos hermanos y hermanas:

Quiero conversar con ustedes con la ayuda de D's acerca de Sfirát HaOmer, la cuenta del Omer que son estos días que transcurren desde el momento cúlmine en que salimos de Mitsráim hasta que nos es entregada la Toráh en el Monte Sinai: desde Pésaj hasta Shavuót. Se trata de dos eventos de gran importancia en nuestras vidas, dos eventos enormes y profundamente diferentes entre sí.

La salida de Mitsráim ocurre cuando ya estamos casi completamente perdidos; apenas un instante antes del final, antes de que nuestra situación se tornara irrecuperable, Hashém nos saca súbitamente de allí. Y ésto nos despierta nuevas preguntas: ¿Por qué tuvimos, de por sí, que pasar por esa esclavitud? ¿Por qué tuvimos que esperar hasta el último momento? ¿Por qué el exilio tuvo que ser de tan terrible esclavitud, y justamente en Mitsráim? No voy a proveerles respuestas a todas estas preguntas; antes bien, les regalo la oportunidad de deleitaros con ellas. Porque también hay una oportunidad de deleite en la pregunta sin respuesta, una oportunidad de aproximación y conexión y vivencia y aún de apertura al entendimiento, ¡desde el hecho mismo de enfrentar preguntas para las que no tenemos respuesta!

D's nos saca de Mitsráim con milagros revelados, con maravillas, obrando modificaciones a la naturaleza ante los ojos de todo el mundo. La salida de Mitsráim es una luz enorme, inmensa, máxima, a que accede el pueblo de Israel justo antes de llegar al último escalón en su descenso. Una salvación milagrosa pero temporal, que debe culminar porque el milagro revelado no ha de ser la norma que rija la realidad. Entonces, ni bien culminada la liberación, comienza el viaje, el camino del aprendizaje y la preparación, el entrenamiento, la construcción, el direccionamiento y la guía que nos va convirtiendo lentamente de esclavos en seres libres que llegan al pie del Monte Sinai tras cuarenta y nueve días en que vamos ascendiendo, peldaño a peldaño, alistándonos para el encuentro, para la boda entre el pueblo de Israel y el Creador. Siete semanas; siete veces siete días. Y en este instante, nos encontramos nosotros en medio de este viaje, en la quinta semana, contando los días que restan hasta la recepción de la Toráh bajo el palio consagratorio del Sinai.

Todo quien logra aproximarse a la realidad del Creador, todo quien logra desear la luz de la Verdad, recuerda la salida singular de su Mitsráim privado, y ese destello de luz enorme que se reveló sobre él de pronto, cual un rayo en la oscuridad. Esa sensación sobrecogedora de revelación repentina, fascinante; esa certeza de estar de retorno, volviendo al hogar, de ser el hijo amante y amado que vive la maravilla del reencuentro, y tras el vértigo de los abrazos y la calidez y el amor, comenzar a subir lentamente, paso a paso, por la ladera de la montaña, adquiriendo cada día una nueva dimensión de vida, cada semana, cada año, toda la vida, cada instante un sentido nuevo y la certeza del crecimiento que no cesa.


Matók MiDvásh 12 - Ajarei Mót / Kedoshím 5764


Todo está escrito; y estamos aquí para aprender a leer Editorial de RetornoEntre la Tierra y el Cielo: el trabajo sagrado de los hombres
Queridos amigos:
solo nos resta verlo, y para ello hay que vivirlo
Los días que van desde la segunda noche de Pésaj hasta Shavuót son llamados "Sefirát HaOmer": la cuenta del Omer. A lo largo de 49 noches, contamos el paso del tiempo y, a su través, avanzamos por un camino de crecimiento espiritual. Cuarenta y nueve son los niveles de impureza en que se arrumbó el pueblo de Israel durante su estancia en Mitsráim: simétricamente, cuarenta y nueve serán los niveles de sacralidad y entendimiento que atravesaremos al prepararnos, desde nuestra liberación en Pésaj, para recibir la Toráh en Shavuót.

Cuentan nuestros sabios que Rabí Akiva tenía doce mil parejas de alumnos. Era la suya la mayor academia de Toráh de su tiempo; se estudiaban en ella las enseñanzas que recibiera Moshéh en el monte Sinai, y predicaba Rabí Akiva con su propio ejemplo la necesidad de adoptar vitalmente la Toráh, hacerla parte de uno, encarnarla, "aterrizarla" en la vida real. La tarea de in-corporar la Toráh es ardua: requiere, por un lado, la completa anulación del ego frente a La Voluntad del Creador, y por otro, una clara conciencia de la individualidad, del carácter único e irrepetible de éste que hemos venido a ser desde que nacimos a la vida. Pero sus alumnos, arrobados por la magnitud de la Verdad, llegaron a tal punto extremo de "hitbatlút", de auto-anulación, que se tornaron incapaces de seguir refiriéndose, unos a otros, como individuos dignos de atención y capaces de determinación alguna. Disolvieron las raíces que les mantenían atados a esta vida y se tornaron ajenos a ella; y un año, durante los días que van desde Pésaj hasta Shavuót, dejaron este mundo a manos de una peste que les ultimó súbitamente.

Durante los días del Omer, guardamos luto por ellos. Veinticuatromil luminarias de Toráh que desaparecen de este mundo en pocos días no pueden, más allá del luto, no llamarnos a reflexión. Ante la pregunta inmediata, nos respondía días atrás el Rav Azriel Tauber, en Banaij Tsión: "no murieron como 'castigo' por haberse perdido el respeto, sino como 'consecuencia' directa de haber abandonado" todo punto de vista que pudiera mantenerlos atados a la vida terrena. Trascendieron; antes de su tiempo completaron el camino y se fueron. Y el luto que mantenemos es porque sus almas no volvieron más hasta nosotros, y nos falta la fuerza de su Toráh.

En las parashiót de esta semana, Ajarei Mot-Kedoshím, volvemos a plantearnos el fallecimiento reciente de los hijos de Aharon, el sumo sacerdote hermano de Moshéh. Nadáv y Avihú ingresaron al área más sagrada del Templo, del Mishkán, y quemaron un "ketóret", un incienso, que no había sido expresamente dispuesto en el orden sagrado. El incienso, que muda el aroma y a través de ello cambia por completo la comunicación del alma con el Creador, está sujeto a reglas estrictas, cuya transgresión es penada con la mayor severidad. Mas por fuera de las distintas explicaciones que rastrean las bases del pecado cometido, que les hizo merecer la muerte inmediata, el Or HaJaím explora el móvil que les llevó a exceder su función sacerdotal. Y en su exploración, halla que sencillamente "no pudieron evitar entregarse" a la belleza, la dulzura, el deseo, la proximidad,... en el nivel espiritual al que habían arribado, ya no les fue posible hallar reposo ni sosiego ni placer en la realidad material, y corrieron apasionadamente rumbo a donde sabían que el más alto elixir les aguardaba.

Nos cuenta el Talmud que "Cuatro ingresaron al Pardés", al Prado de la Sabiduría. Uno murió; uno enloqueció; uno se entregó a la herejía. Sólo Rabí Akiva, "entró y salió con shalóm". Los otros tres, se vieron absorbidos por la fuerza del descubrimiento, por el remolino vertiginoso de la verdad que muda todo de sitio repentinamente y saca de quicio al deseo. Rabí Akiva entró con Shalóm, con paz y completitud; entró sabiendo con qué propósito ingresaba, sabiendo que uno no puede quedarse allí y seguir vivo. Preservó su shalóm, y salió, para ser el más grande de nuestros sabios hasta hoy.

Hemos relatado tres casos, que tienen una misma inquietud en su raíz, y que caen en el mismo tropiezo. Leemos en nuestra parasháh (Vaikrá -Lev.- XVI,8) que Aharón, el Sumo Sacerdote, toma dos chivos en Iom Kipúr, y echa suertes sobre ellos: uno será consagrado a D's, y el otro, a Azazél, al ángel que tiene por trabajo someter a prueba al Bien y a la Verdad, intentar derrumbarlos, tentarlos, hacerlos fracasar. El que sale sorteado para su consagración a D's, es sacrificado sobre el altar del Templo en una ceremonia sagrada. Sobre el otro, extenderá Aharón sus manos y confesará todos los pecados de Israel, y lo enviará con ellos, vivo, al desierto, a que expíe y dé ocupación a Azazél, para que éste no pueda sabotear el trabajo sagrado de Israel en el día de la expiación (de este pasaje nace la expresión "chivo expiatorio"). Hecho todo lo cual, se procede ya a la limpieza, a la purificación. Purgado el mal, se da la bienvenida al Bien y a la luz con la mayor dedicación.

Así funciona el trabajo espiritual de Israel: cada paso, cada obra, cada instancia de crecimiento, debe contemplar el "arriba" y el "abajo". Para que haya consagración del alma, se debe atender también al cuerpo, porque hemos venido a vivir sobre la tierra y a lo largo del tiempo, y no nos es propicio abandonar los requerimientos de quienes somos "abajo" para atender solamente a la pasión por el "arriba". Nadáv y Abihú, hijos de Aharón, se sienten compenetrados en su función sacerdotal, en su proximidad al Creador, y olvidan que son hombres sometidos al dictamen de la Toráh. Los discípulos de Rabí Akiva aprenden toda la Toráh, y se anulan a sí mismos ante la magnificencia de la Verdad. No se atreven a caminar otro paso hacia delante y recrear la Toráh desde su propia vida: el éxtasis es más fuerte que la compulsión a actuar, a hacer, que el recuerdo de la propia y humana misión sobre la tierra. Otro tanto, los sabios que ingresan al Pardés, que por vía de meditación sagrada acceden a que les sea develado el enceguecedor brillo de la Verdad: olvidan por completo a qué llegaron hasta allí, olvidan quiénes son, nada quieren saber ya de los zapatos que dejaron allá abajo vistiendo aquellos pies.... y se pierden en su viaje para siempre.

Sólo Rabí Akiva, de todos ellos, aprehende para sí la verdad. Cada mínima porción de sabiduría que adquirimos, tiene aplicación práctica en esta vida que hemos venido a redimir. Comemos, alimentamos al cuerpo, para dar soporte al trabajo del alma. Trabajamos por nuestro pan, para ser capaces del oficio sagrado. Ejercemos el más profundo amor, uniéndonos en matrimonio para dar cumplimiento a la re-unificación, consagrándonos en la Toráh. Todos los oficios del cuerpo y de la mente hallan asidero en el crecimiento espiritual, y nos dirigen hacia la más plena consagración. No; no es por vía de anular quien cada uno es, sino de tornar sagrado cada pensamiento, cada paso, cada acción, que daremos cumplimiento a la verdadera y más completa redención.

"La cabeza en el cielo, y los pies", caminando rumbo a donde la cabeza indica, "sobre la tierra", es la fórmula del quehacer de la Toráh. Desde la más completa autenticidad y sin desmayo, obreros de la Creación, haciendo propicia la construcción del Mikdásh, del Templo que conectará por fin alma y cuerpo, materia y espíritu, tiempo y verdad, en íntima e irrevocable unión. En eso estamos trabajando durante estos días del Omer: en consagrar la acción de cada instante, en tornarnos hábiles en el ejercicio de la Verdad.

Con vosotros mis brajót, desde una Ierushalaim luminosa,

daniEl I. Ginerman, y todo el equipo de Ieshivah.Net
editor@ieshivah.net


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APRENDIMOS EN LA GUEMARA ESTA SEMANA

Shlujo shel Adam kemotó
El "shelíaj", enviado o delegado, de alguien, es para la ley como el mismo que lo envió. O sea, por ejemplo: si A solicita a B ir hasta donde se encuentra la prometida de A y consagrarla en matrimonio para él y B lo cumple, en ese preciso momento, A se transformará en un hombre casado, aún si estuviera a miles de kilómetros de distancia.

Ein sheliaj lidvar aveirah
No se contempla (a la hora del juicio) que una transgresión haya sido cometida por uno, por delegación de otro. Para el cumplimiento de una mitsváh (un precepto), un hombre puede designar un "shelíaj", un enviado u delegado que lo haga por él. En ese caso, la mitsváh será de quien la ordena, y no de quien la hace, que es delegado del primero. Pero si uno solicita a otro la comisión de un delito, de una transgresión, a la hora del juicio será culpable quien efectivamente realizó la acción; porque nadie puede alegar haber recibido de un par la orden de transgredir el mandato de la Toráh, que está por encima de la voluntad de los hombres, y permanecer impune.

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NADAMOS JUNTOS RUMBO A CASA
por Rav Dorón Rosilio

Hermanos amados!

Han pasado largas semanas desde la última vez que les escribí, y estoy muy feliz de retornar y contarles lo que siente mi corazón. Mi corazón se llena de emoción y de vida intensa de saber que es el momento de compartir con ustedes mi sentir y mis pensamientos, porque somos todos un único cuerpo que late y vive y respira; y así lo podemos sentir antes de toda comprensión intelectual: la maravilla del pueblo de Israel, disperso en todo el mundo, chispazos de luz errante con mentalidades distintas, distintos idiomas y hasta aspectos diversos.... y todas las diferencias se tornan insignificantes ante la magnitud de la raíz común que nos une, que me permite escribir aquí, en la sagrada Jerusalem plena del verdor primaveral con que nos bendice Hashém, y hablarles en estos días de la nostalgia del Mikdásh, del Templo Sagrado que añoramos, de la comunicación directa con el Creador, de cuanto ansiamos recuperar en la hora de la GueUláh: la Redención.

Sé de qué estoy hablando. Se trata de una vivencia muy intensa que se encuentra dentro nuestro: el ansia de Redención, la añoranza del Mikdásh implantada en el ADN espiritual de nuestro pueblo. Una vez -recuerda- teníamos a los Cohaním, los sacerdotes que oficiaban, y los profetas que veían y volcaban el sagrado saber y el "Ruaj HaKódesh" sobre nosotros, y había una inmensa luz. Y luego vino la dolorosísima caída. Y aún.... ahora, hay una añoranza que crece y renace en los corazones y en las almas y nos llama al retorno. Y aún si no entiendes plenamente a qué me refiero, aún si la falta de silencio te impide pensar reposadamente, debes saber, hermano mío, hermana mía, que somos como los salmones que comienzan a viajar contra la corriente, remontando el río, rumbo a su raíz, rumbo a donde nacieron, para devolverse al verdadero amor implantado en nuestros corazones. Hashém quiere ésto de nosotros y por ello se hace propicio, y nuestras vidas, si las miramos con atención, se revelan en una auténtica maravilla.


¿COMO SE TORNA SAGRADO UN HOMBRE?
por Rav Israel Meir

Al principio de la parasháh "Kedoshím" (la segunda de las dos que leemos esta semana) está escrito: "Seréis sagrados porque sagrado Soy D's, vuestro Elokím". He aquí que nos ordena Hashém ser sagrados. A primera vista, pareciera que se nos ordena la santidad del justo, del tsadík, que camina por un sendero de rectitud sin mácula y cumple así con la voluntad del Creador. Pareciera que se espera de nosotros algo que está por encima de las posibilidades de casi todos.

En nuestros libros sagrados, se nos dice que debemos asemejarnos al Creador puesto que de acuerdo a su imagen fuimos creados. Que debemos fundirnos en El. ¿Y es posible, acaso, alcanzar tal cumbre? Si D's es, a nuestra visión, un fuego inasible siquiera por el pensamiento, ¿cómo podríamos fundirnos en El, o asemejarnos a El siquiera? Responden nuestros sabios que hay un único camino para lograrlo, y consiste en asemejarnos a El en la acción, en las cualidades que determinan el modo de actuar del Creador respecto de sus creaturas. Así como El manifiesta misericordia, nos cabe ser misericordiosos. Así como es espléndido, revelarnos en esplendor. Así como hace Bien, hacer bien.

Explican nuestros sabios que el Creador actúa incidiendo, entregando, brindando. Todo El es, respecto de nosotros, "tov umeitív", bien que hace bien y brinda bien. Nosotros, por naturaleza, somos esencialmente receptores. Requerimos permanentemente, y recibimos, tomamos, "consumimos" sin cesar. Esa voracidad de recibir, de consumir, de acumular para nosotros mismos, nos aleja del Creador, de la esencia del bien, de la semejanza de D's. Mas está en nosotros aprender a, sin dejar de recibir, hacerlo por voluntad de dar. Ser para hacer. Tomar para brindar, aprender para incidir, estudiar para enseñar.

Entonces, si se esfuerza el hombre en trabajar sobre su naturaleza y aprende a recibir por voluntad de dar, a desear bien para sí por fuerza de su deseo de hacer el bien hacia fuera de sí, se estará aproximando a la imagen del Creador de acuerdo a la cual hemos sido creados. Y entonces, recién, podrá llamarse "sagrado", socio del Creador en la Creación, obrero de la Verdad para la construcción de un nuevo Reinado del Bien y la Verdad sobre la Tierra.