אור חורת בקורות לבו של האדם

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jueves, 5 de junio de 2014

MM # 35 - Jukát 5765 - Todos sabemos que es posible conseguir agua cavando un pozo. Pero, ¿sólo cavando un pozo podremos conseguir agua?

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXV
Rosh-Jodesh Tamuz 5765, Parasha't Jukát, desde Jerusalem
Edición dedicada a la Revelación de la Verdad a la vista de todos 
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Todos sabemos que es posible conseguir agua cavando un pozo. Pero, ¿sólo cavando un pozo podremos conseguir agua?
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
¿Es posible vivir todos los milagros y portentos, las pruebas y los testimonios que hemos visto desde la salida de Mitsráim, a inicios del libro Shemót -Exodo- hasta ahora en Bamidbár -Números-, y no creer, no vivir en la Verdad con el corazón pleno de felicidad?
"Porque todos los hombres que ven Mi Gloria y Mis Señales que Hice en Mitsráim y en el desierto, y Me probaron ya diez veces, y no atendieron a Mi voz", reclama Hashém en Bamidbár -Números- 14:22; y llegan sus ecos hasta hoy. A lo largo de todas las últimas parshiót de la Toráh, vemos una y otra vez cómo la duda, el miedo, la mezquindad, vuelven a nacer como hierba mala, como plaga, en sectores del pueblo que no logran extirpar de sí la mentalidad de esclavos. Su mente materialista recibe la información de todo lo bueno que les está sucediendo, mas no la procesa. Se alimentan mediante el milagro del mán (el "maná") cada día, por milagro sobrenatural salen victoriosos de cada batalla, por milagro explícito y revelado se acuestan cada noche y se levantan cada mañana. Sus ojos lo ven, sus pieles lo sienten, sus paladares lo gozan. Sus mentes no lo saben. Una y otra vez vuelven a elevar su voz, como en nuestra parasháh, y dicen (Bamidbár -Números- 20:5): "Y por qué nos elevasteis de Mitsráim para traernos a este lugar malo (....) y agua no hay para beber".
Debo reconocerlo: no logro comprender cómo se produce ese vértigo de miedo y frustración que parece sentir una mentalidad materialista cuando la realidad demuestra, de pronto, no estar bajo su control, cuando la apariencia se quiebra y llega la "fatalidad", el "azar", la "suerte" a demostrar que ellos no manejan el mundo, y trae un premio de lotería o un accidente automovilístico (Hashém nos libre) o cualquier otra cosa que disloca la apariencia de control. Si el dislocamiento produce placer, logran en general no cuestionarse nada. Mas, si de pronto, tienen sed "y agua no hay para beber"....
En Occidente, hemos aprendido a eufemizar la oposición entre ellos y nosotros, hablando de "pensamiento mágico" por un lado, y "pensamiento racional" por el otro. Los "racionales" suelen temer a los "mágicos": Los hebreos que gozamos de la Toráh sabemos siempre que hay una realidad espiritual que interactúa con la realidad material, y que no se mueve una sino en virtud de la otra. Por consiguiente, sabemos que muchas veces, el problema del agua no está en el agua, y que la realidad es modificable mediante herramientas muy diversas que no siempre aparecen como "lógicas" a nuestra capacidad de pensar. Sabemos, igual que los materialistas racionales, que se puede conseguir agua cavando un pozo. Pero también sabemos (y ellos ignoran) que, algunas veces, es el verbo la herramienta que debemos utilizar para sacar agua de dentro de la piedra.
La lógica binaria no alcanza para comprender la realidad. Un plato de lentejas puede representar solamente "un plato de lentejas" ante una percepción pobre de esas que se llaman "realistas"; el mismo plato de lentejas es representación de un universo de sentidos con los que interactúa, desde la semántica "mágica" de la Toráh. La diferencia en los resultados es enorme: para esa percepción "realista", la ausencia del plato de lentejas es fatal. Para nosotros, siempre está todo en su sitio, y siempre hallamos lo que debemos hallar exactamente donde corresponde.
Repasemos los sucesos: El pueblo de Israel, en su camino por el desierto, ha dispuesto de agua hasta ahora merced a un pozo que milagrosamente se traslada con ellos, y da siempre buenas aguas que beber. El pozo está con ellos por mérito de Miriám, hermana de Moshéh. Al culminar la vida física de Miriám, el pozo desaparece con ella. Hasta ahora, ha sido milagrosa la solución de la sed. De pronto, esa solución se ausenta, y las palabras del pueblo diciendo "Y por qué habéis traído a la congregación de Hashém a este desierto a morir" (Bamidbár -Números- 20:4) parecen indicarnos que ya no tienen fe en que haya ninguna otra solución para su sed. De pronto, se ha dislocado su realidad, la previsibilidad se rompe, y el miedo y la frustración les ganan la batalla íntima sin siquiera luchar. Ni aún viviendo inmersos en un milagro constante, son capaces de soñar con el milagro que inmediatamente acudirá a resolver su problema.
Siempre se me hace difícil comentar esta parasháh. Miro con perplejidad a toda esa gente que ha visto maravillas sin cesar, que ha cruzado el Mar Rojo entre dos murallas de agua, que ha visto a esas murallas aplastando luego al ejército de Mitsráim. Miro atónito a todas esas familias que estuvimos al pie del Monte Sinai, y que de pronto, ante cualquier desafío a la previsibilidad, nos desesperamos y reaccionamos tontamente, y agraviamos a Hashém una y otra vez, y no decimos "tenemos sed" sino "por qué me has traído a morir aquí donde no hay agua"... y no aprendemos la lección.
Siempre se me hace difícil comentar esta parasháh, porque cierro los ojos y me encuentro allí, entonces, y aquí hoy, en el mismo discurso, en el mismo problema moral. Veo cómo el pueblo judío estuvo amenazado de extinción no tanto tiempo atrás, veo cómo milagro tras milagro la dirección del destino se revirtió, cómo comenzamos a volver a nuestra tierra, cómo comenzamos a reunirnos aquí proviniendo de todos los extremos del mundo. Veo cómo tantos miles de judíos incrédulos llegaron a Israel sosteniendo un discurso insostenible ("en nombre del pueblo judío y de la historia judía y de la heredad judía: ¡liberémonos del judaísmo!") y aún así, ocurrieron desde el primer instante milagros a su servicio: ganaron guerras racionalmente imposibles, generaron riqueza y un ejército poderoso, el árido desierto se desgranó en flores y frutos fragantes para ellos; día tras día, año tras año, se sucedieron los milagros: victorias militares ridículas de un punto de vista racional, eventos de la naturaleza doblegados mágicamente para que la tierra produzca lo que no es esperable de ella, etcéteras por millares cada minuto. A cada minuto, una oportunidad de superar la mezquindad de la mentalidad materialista, y avenirse a la felicidad de un camino sembrado de soluciones milagrosas para caminar rumbo al propósito trascendental de nuestras vidas.
El pueblo de Israel, barúj Hashém, volvió a crecer y prosperar, saltando de milagro en milagro, hoy como entonces. En la tierra de Israel, no verlo requiere un esfuerzo enorme sin duda. Y sin embargo, hay una parte importante del pueblo de Israel que flota en el pensamiento ruinoso de esas mentes esclavas con que salimos de Mitsráim, aún hoy como ayer. Parte de nuestro pueblo que, tal como sucedió cuando caminábamos entonces por el desierto, se acostumbró a los milagros cotidianos y los atribuye ya implícitamente a su derecho natural. Los vive, los disfruta, los aprovecha, pero no los sabe, no los advierte. Y por consiguiente, tampoco los agradece. Sus mentes no dialogan con la realidad de los milagros, con la realidad de la Hashgajáh (supervisión y conducción) de la realidad por parte de Hashém. Sus ideales materialistas murieron por cuenta propia. Se les murió la idea socialista entre los dedos, mientras ya agonizaba la idea de un sionismo exento de judaísmo. Se aburguesaron como pudieron, materialistas al fin, y muchos de ellos prosperaron. Pero, pobres y desdichados, no tienen en qué creer, no tienen qué esperar, no creen en nada, no tienen ejemplo alguno que dar a sus hijos. No saben para qué viven, y tienen miedo de preguntárselo. Sus hijos nacieron sin el recuerdo siquiera de los ideales muertos. Algunos, por gracia de Hashém, logran romper la costra de indolencia y llegan a las puertas de la Respuesta y reclaman su Toráh para sí. Pero muchos se pierden por el camino, intentando retornar a Mitsráim cuando falta el agua por un día; porque carecen de las respuestas, y muchas veces, carecen también de las preguntas y aún del deseo de preguntar. Y eso merece nuestro llanto. Porque no han aprendido a amar la idea de, por fin, ser libres, ser elevados, ser íntegros: Ser sagrados.
Todos sabemos que se puede conseguir agua cavando un pozo.  En nuestra parasháh, el pueblo protesta y se desespera porque se suspendió un milagro que daban por permanente y, de pronto, sucede que no hay agua. Hashém ordena demostrarles que no sólo cavando un pozo se puede abrir un manantial sino que, desde una vida sagrada, también la palabra puede hacer brotar el agua desde el seno de la piedra.
Más tarde, aún en nuestra parasháh, el pueblo vuelve a rebelarse y protestar por la incertidumbre de su sustento y Hashém lanza una invasión de serpientes (Bamidbár -Números- 21:6) que muerden y matan. El pueblo se mira en el espejo del castigo y advierte el pecado cometido; y Hashém ordena el antídoto para la mordida de las serpientes (Bamidbár -Números- 21:9): "E hizo Moshéh una serpiente de cobre (....) y si mordía la serpiente a un hombre, él miraba la serpiente de cobre y vivía" (valga decir que este versículo es intraducible en profundidad, pleno de secretos en su original hebreo). Si antes se nos dijo que hablando es posible modificar la realidad, ahora se nos añade que también la visión modifica la realidad: "ver" un objeto determinado hace la diferencia entre vida y muerte en este momento del tránsito por el desierto.
Es que, como hemos advertido tantas veces, la realidad espiritual y la material se encuentran en interacción permanente; quien ignora cualquiera de ambas mitades, lejos está de poder comprender siquiera su propia existencia, y ajena le será siempre la verdadera felicidad. En nuestra parasháh, el fracaso del pueblo está en el miedo, y el error de Moshéh en su enojo (Bamidbár -Números- 20:10). Hoy también hay, entre nosotros, quienes tienen miedo, quienes no ven más allá de sus propias cantimploras. También hay entre nosotros quienes, en nombre de la Verdad, ceden a la tentación del enojo. Y forzosamente, tenemos que aprender la lección.
Lo esencial es no tener miedo. No temer empezar de nuevo. No temer hacer por fin lo correcto, por más lejano que parezca. No temer el reconocimiento del error. Abrir de pronto los ojos y descubrir que, allende el pensamiento "realista" y "racional" que no se basta para explicarnos la realidad y menos aún el sentido de la vida, hay una Respuesta plena para todas las interrogantes; hay un código que nos permite desentrañar el sentido de todo de modo perfecto. Un código que nos brinda el sentido profundo y verdadero de todo, de modo coherente y consistente, e ilumina el rumbo y el propósito de nuestras vidas. Está en nuestras manos tomarlo, para construirnos y construir con él. Y entretanto, propiciar que la maravilla del milagro cotidiano se superponga a tanta desdicha que nos oprime, y empezar, con permiso del Creador, a producir la verdadera Redención.
Quiera Hashém que sepamos hacerlo. Shabát shalóm,
daniEl I. GinermanEditor

Matók MiDvásh #34 - Kóraj 5765 - No te dejes engañar por quien te ofrezca un supuesto "Shalóm" material que deja el alma fuera, ni por quien te proponga un "Shalóm" espiritual que se desentiende de tu vida material

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXIV
Siván 5765, Parasha't Kóraj, desde Jerusalem
Edición dedicada a la consecución, la producción y la realización de Shalóm, de luminosa plenitud
en conciencia plena de la Verdad, para nuestros amores, para Israel y la Humanidad entera

Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
No te dejes engañar por quien te ofrezca un supuesto "Shalóm" material que deja el alma fuera, ni por quien te proponga un "Shalóm" espiritual que se desentiende de tu vida material
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Apenas tres versículos antes del comienzo de nuestra parasháh (Bamidbár -Números- 15:39), leímos: "No sigáis a vuestros ojos y a vuestros corazones, porque vosotros os prostituís tras ellos" (el original hebreo de esta frase no admite traducción alguna al español, de modo que traduzco su sentido).

El verbo "liznót", que hemos traducido por "prostituir", aparece muchas veces en la Toráh y los dichos de los profetas; intentaremos despejar su sentido antes de ingresar de lleno en la parasháh de Kóraj. En su fundamento, refiere al mantenimiento de "relaciones sexuales que profanan lo sagrado" (así, en Bereshít -Génesis- 34:31, cuando Dinah es violada por Shjém y éste arguye su voluntad de desposarla, los hermanos de ella se preguntan: "¿Será nuestra hermana tomada por prostituta?", y deciden castigar al violador). En sentido más amplio, refiere a las conductas humanas, en todos los órdenes de la vida, que profanan la naturaleza sagrada del hombre.

El puente conceptual entre ambos sentidos del verbo "liznót" lo hallamos en Vaikrá -Levítico- 19:29 (la traducción, por supuesto, tampoco es "literal"): "No profanarás a tu hija haciendo que se prostituya, para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad". El sentido primero de esta orden es oscuro: ¿a qué se refiere la "prostitución" de la hija, y más aún, a qué la de la tierra? ¿Cómo comprenderlo?

Concurre Rash"i en nuestro auxilio, y nos dice: la "znút" de la hija refiere a "hefkerút", a la vida licenciosa, al estado de abandono moral que hace propicio el desenfreno. Rambá"n (Najmánides), por su parte, opina que se trata de "stiáh": no de mero abandono sino de desvío explícito del camino sagrado; un desvío que puede traducirse, por ejemplo, en la acción de un padre que fuerza a su hija a contraer matrimonio con un hombre por el que ella siente repulsa: de así hacerlo, va a estar estimulando a su hija a todas las conductas impúdicas e infieles que hallan campo fértil en la frustración y el descontento; y podrá decirse de ese padre que ha "prostituido" a su hija. En cualquiera de ambos casos, nos resta acercarnos a comprender qué pudiera ser la "prostitución de la tierra".

Toda acción del hombre (aún toda palabra y todo pensamiento) ejerce influencia sobre su mundo; cada acción nuestra se refleja, de algún modo, en los mundos espirituales, y también en el mundo material. De tal modo, nos enseña la Toráh que la reacción "de la tierra" se manifestará en la misma cualidad de la acción que la produce: ¿Desviaste a tu hija, propiciaste que se desviara del camino sagrado? Entonces, la tierra desviará de tí su bendición, y crecerá en la parcela de otros lo que estaba destinado para tí. Tal explica Rash"i, en el Tratado de Sanhedrín 76a. Así como una mujer dispuesta a ejercer el sexo de modo libertino provoca el deseo de los hombres -y el pensamiento tiende a convertirse en acción-, del mismo modo, los Cielos y la tierra permiten que el hombre les oriente en cuanto a qué es bueno para él: si es la suya una vida de Kedusháh, una vida sagrada, le conducen por las sendas de la seguridad y el bien; si de profanación es su camino, de profanación será su destino.

Armados de esta introducción, nos atreveremos por fin a incursionar en la parasháh de Kóraj (Bamidbar -Numeros- 16:1 a 18:32), que comienza diciendo "Y tomó Kóraj". ¿Qué tomó? Según coinciden en explicar Rash"i, el Midrásh Tanjumah y el Midrásh Rabah, lo que Kóraj tomó es "a sí mismo"; y se colocó fuera del colectivo de Israel, por vía de subvertir los valores fundamentales establecidos por la Toráh y empujar a sus seguidores a profanar el mandato de Hashém.

Kóraj pertenece a los rangos más elevados del pueblo de Israel, y así consta al inicio de nuestra parasháh. Es hijo de Its-hár, que es el segundo hijo de Kehát. Kehát es la rama más elevada de la tribu de Leví: son nada menos que los encargados de trasladar el Arón haBrít, el Arca del Pacto, que lleva dentro suyo las Tablas que trajera consigo Moshéh al descender del Monte Sinai. El primogénito de Kehát es Amrám: su familia ya detenta los dos cargos más importantes en la jerarquía de Israel (Aharón y su descendencia, "cohaním"= sacerdotes, y Moshéh, el gran guía del pueblo). Kóraj malentiende la misión de cada jerarquía: él desea y aspira a honor y majestad, y al desafiar a Moshéh, desafía la palabra del Creador (debemos considerar que, a diferencia de en estos días nuestros de exilio espiritual, nos encontrábamos entonces en tiempos de revelación permanente, en los que no cabía dudar de la palabra que nuestros propios oídos percibían, ni de los milagros de que disfrutábamos explícitamente de continuo). Kóraj desea poder; lo desea intensamente para sí.

Comenta el Zohar al inicio de nuestra parasháh: "Todo quien desea algo que no le corresponde, produce que ese algo se aleje de él. Y no sólo ello, sino que también termina perdiendo lo que sí le corresponde a él". Nos fue dicho hace apenas un rato, pocas frases atrás, advirtiéndonos contra toda forma de prostitución: "No te desvíes, porque si lo haces, también la tierra desviará de tí los frutos que te están reservados". A Kóraj no le basta la riqueza ni el honor que posee. Desea más. Desea todo para sí. Su instinto es más fuerte que su razón y que su fe.

Aprendimos ya en los casos de desviación que han ocurrido desde que salimos de Mitsráim (el becerro de oro; el clamor del pueblo por carne; y recién, en la parasháh pasada, el caso de los espías -Rashi reúne estos tres episodios y el presente, bajo el nombre de "sirajón" = hediondez) que cuando un hombre cae en la tentación de desviarse hacia el camino que abren ante él sus ojos y su corazón, cuando pierde sentido de la realidad y de la Verdad y se deja manejar por sus apetitos, sólo podrá salvarlo a tiempo una alerta íntima de arrepentimiento profundo y completo, o contar con mérito previo suficiente como para que Hashém directamente "le tome de los pelos" y modifique por completo su realidad para brindarle la oportunidad de la enmienda. Mas si ni una ni otra ocurren, quien comienza a cavar bajo sus propios pies, no deja de hacerlo hasta haberse perdido ya en la profundidad atroz de los abismos. Ya Onkelús, el gran traductor de la Toráh al idioma arameo, nos lo insinuó, cuando tradujo el versículo "No sigáis a vuestros ojos y a vuestros corazones, porque vosotros os prostituís tras ellos": para "sigáis" y para "prostituís" utilizó el mismo verbo, enseñándonos que, en el mero hecho de "seguir", de ceder "apenas un poquito" a la tentación de los apetitos sensoriales y de la emoción irracional sin asidero en la Verdad, ya allí se encuentra la semilla del desvío completo, de la "znút", la profanación del alma que se manifiesta en "prostitución". Si diste el primer paso, es casi ya como si los hubieras dado todos; y entonces se llaman igual. Y lo que es válido para el mal, lo es, por supuesto, también para el bien.

No hay un Kóraj al que se pueda correr el riesgo de enmendar dejándolo en su sitio. Una situación de "Kóraj" es una emergencia, tal como una plaga o un incendio. ¿Y qué se hace ante una plaga o un incendio? Para empezar, se limita, se cerca, su campo de acción. En el incendio, se impide que nadie entre. En la plaga, se impide que nadie salga. Recién cuando está firme el cerco que divide entre lo sano y lo contaminado, llega la etapa de ocuparse de lo contaminado de acuerdo a cómo corresponda. "Distínganse, distánciense, de este grupo", ordenó Hashém (Bamidbár -Números- 16:21), mientras la plaga amenazaba avanzar y hacer estragos en el pueblo. Kóraj, entretanto, continúa cavando bajo sus propios pies, intentando poner en ridículo a Moshéh (tal explica Rashi el versículo 16:19). Moshéh comienza a controlar la situación; en el versículo 16:26, ordena al pueblo apartarse "de las tiendas de estos hombres malvados". Momentos antes, había rogado misericordia a Hashém (vers. 16:22): "¿Acaso porque un hombre peque, Desplegarás Tu ira sobre toda la congregación?". Y ahora, nos aprestamos a presenciar la ira sagrada del propio Moshéh, que tras haber rogado misericordia, entrará en acción.

Moshéh, el verdadero guía sagrado, conoce su misión y está dispuesto a cumplirla hasta las últimas consecuencias. Ante Hashém, él pedirá misericordia y piedad hasta el límite mismo en que le sea permitido, aún hasta que el Creador le responda "No vuelvas a hablarme de ello" (Devarím -Deuteronomio- 3:26). Mas sólo el celo que despliega sobre la tierra, le habilita a dirigirse de tal modo en dirección a los Cielos. Ahora es el momento de probarlo. Es contra él que ha focalizado Kóraj su acto de subversión (aunque en el fondo no pueda ser sino contra el Creador, que dirige los caminos de Israel). De modo que advertirá ahora Moshéh (Bamidbár -Números- 16:28): "Con ésto sabréis que Hashém me Envió a realizar todas estas acciones", todo lo que he actuado desde antes de que saliéramos de Mitsráim hasta hoy, "y no nacieron en mi corazón" ni las inventé a mi antojo en modo alguno.

Y proseguirá el Hombre Sagrado -Bríndenos Hashém luz de Verdad de tal magnitud pronto, de nuevo, en nuestros días-, y dirá (vers. 30): "Y será, si Hashém generará una realidad nueva, y la tierra abrirá su boca y los tragará a ellos y a cuanto les pertenece, y descendieron vivos al SheOl (...)". Y como era de esperarse, sucede que (vers. 32): "Y abrió" (o, significativamente, "abrirá") "la tierra su boca, y los tragó a ellos y a sus casas, y a todos los hombres de Kóraj y a toda su riqueza". Rabí Aba, en el Zohar, se sorprende de que esté escrito "Y abrió la tierra su boca", y no diga, en su lugar, que fue Hashém quien abrió la boca de la tierra (como está escrito más adelante, en Bamidbár -Números- 22:28, en el episodio de Bil'ám y su mula: "Y abrió Hashém la boca de la mula"). Mas inmediatamente surge la explicación, del propio Rabí Aba: "Aquí, es Moshéh quien decreta que la tierra abra su boca"; Moshéh, con autorización de Hashém, es quien da la orden. Sabemos que toda palabra que pronunciamos incide sobre la realidad; ¡cuánto más la palabra de un hombre sagrado!. Moshéh acaba de decir, en su advertencia (vers. 30): "la tierra abrirá su boca (...)", y las palabras que salieron de su boca tuvieron valor de orden y decreto que la tierra se apresuró a cumplir.

Séame perdonada una disgresión necesaria: decimos cada día en nuestra plegaria "Atáh Kadósh": "Tú eres Sagrado"; y luego decimos "Kedoshím bejól ióm iehalelúja": "los hombres sagrados te alabarán cada día". Y coronamos la frase con la palabra "sélah". Decir "los hombres sagrados" implica que los hombres podemos ser sagrados, cual es Sagrado el Creador. Y tal refuerza la palabra "sélah", que aparece 74 veces en todo el Taná"j (setenta y cuatro se representa en hebreo con las letras ain-dalet, que conforman la palabra "'éd"="testigo"). "Sélah" es un testimonio enfático, que se proyecta a la eternidad: Moshéh, el paradigma de hombre sagrado, es camino posible a seguir, el más alto de los caminos posibles que podamos brindarnos el inmenso privilegio de seguir.

Llegados a este punto, tenemos la oportunidad de preguntarnos: ¿Con qué herramientas cuentan, hoy como ayer, Moshéh y todos quienes aman la Verdad, para defenderse de cada Kóraj que nos ataca? ¿Con qué contamos para sostenernos sagrados a pesar de tanto apetito primitivo infame que nos ataca sin descanso? Dice el sagrado Zohar que la acción de mal de Köraj es sintetizable diciendo que "entró en majlóket", que produjo división y fractura. División en lo alto y en lo bajo. Y quien busca divorciar lo alto de lo bajo, separar la realidad espiritual de la material, evita la enmienda -el Tikún- de la Creación, y se perderá él mismo, en todos los mundos. Por ello, está escrito respecto de Kóraj y los suyos que "descendieron vivos al SheOl". SheOl es uno de los nombres del "lugar" en que las almas expían sus desviaciones, tras haberse separado de sus cuerpos. El propio nombre "sheOl" es raíz del verbo "interrogar" (lishOl): el abismo del "sheOl" es el de la interrogancia, el de la perpetua oscuridad e incertidumbre, que se opone a las alturas de la Teshuváh, de la "Respuesta" verdadera en que reside, para cada uno, la oportunidad cierta del Shalóm. Diremos, entonces, que la herramienta es el Shalóm, y no es sino la Teshuváh el camino que nos lleva hasta él.

Agrega aún el Zohar: "El mundo no existe sino sobre la base del Shalóm. Cuando Hashém creó el mundo, no había modo en que éste se pudiera sostener", no tenía una "solución de continuidad", "hasta que se posó sobre él el Shalóm". El Shalóm, la paz de la plenitud, del funcionamiento armónico y unido de lo alto y de lo bajo, de lo espiritual y lo material, es la característica constitutiva del Shabát: el ciclo completo, la armonía de Todo, Shalóm material que no se opone al Shalóm espiritual, paz interior y exterior que abreva de lo sagrado. Hasta aquí, hemos reunido armas y herramientas suficientes para distinguir eficazmente, en nuestros tiempos turbulentos, entre las propuestas de Shalóm, de "Paz", que pueden ser verdaderas, de aquellas ilusiones engañosas con que intentan seducirnos quienes sólo buscan resolver el apetito de unas u otras mezquindades infames.

Acaso estés pensando: "Muy bonito todo, y aún cierto. ¿Pero cómo llevamos este pensamiento a la práctica, para producir Shalóm en nuestra vida real?". Ven; atendamos juntos a las palabras del sabio Hilél, sabiendo que ninguna parte de su fórmula funcionará eficazmente en ausencia de las demás. Así nos dice Hilél (Tratado de Avót 1:12): "Sé como los discípulos de Aharón: Ama el Shalóm y persigue el Shalóm, ama a las personas y acércalas a la Toráh". 
Con vosotros mis brajót, desde Ieshivah.Net,

daniEl I. GinermanEditor

Matók MiDvásh #32 - Beha'alotjá 5765 - Encender en el suelo las candelas del cielo

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXII
Siván 5765, Parasha't Beha'alotjá, desde Jerusalem
Edición dedicada a la Revelación de Luz y Verdad a los ojos de todo Israel
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Encender en el suelo las candelas del cielo
disfruta la clase que "Tefilah (V): Porque Tú Eres Sagrado, y también yo" que dimos hace pocas horas: 
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Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Comienza diciendo nuestra parasháh: "Habla a Aharon y dile: cuando eleves las candelas hacia el cuerpo de la Menoráh, brillarán las siete candelas" (Bamidbár -Números- 8:2). Comenta al respecto Rabí Aba, en el Zohar: "Cuando el Cohén se disponía a encender las candelas abajo" (o sea, en el mundo material), "y ofrecía el incienso sagrado, al mismo tiempo brillaban las candelas superiores" (en el mundo espiritual), "y ambos mundos se unían y se entrelazaban, y había una gran alegría y belleza en todos los mundos".
Repasemos la situación: El mundo material que conocemos y el mundo superior, espiritual, están en íntima relación. De hecho, toda nuestra misión fundamental en la vida consiste en unirlos, en consagrar la existencia material para hacerla indivisiblemente unida a la existencia espiritual.
Cuando no comprendemos por qué nos "sucede" lo que nos sucede en nuestra vida, tendemos a creer en un determinismo "unívoco", en cierta forma de causalidad en la que Hashém decide por nosotros, y nada queda en nuestras manos por hacer. Tal argumentan, con frecuencia, aquéllos cuya fe se ha debilitado: "Hashém no tiene tiempo para fijarse en cada uno de nosotros", "¿Por qué le importaría mi vida individual a Hashém? El se ocupa de cosas mucho más grandes". Tal he oído que erran. A ellos viene nuestra parasháh a responder: cuando el Cohén (el sacerdote) enciende el candelabro del Templo aquí, en nuestro mundo material, sólo entonces, se encienden las candelas en el Templo Superior. Y el tema exige mayor explicación.
Hemos aprendido (Midrash Tanjuma, Vaietsé, 3) que, cuando realizamos una mitsváh, cuando conectamos nuestro tiempo con lo sagrado a través de "actuar" uno de los preceptos de la Toráh, un ángel "bueno" nace para asistirnos en los mundos superiores. Hemos aprendido que, cuando incurrimos en la ira que nos ciega, en la cólera que pone a todo nuestro mundo de color rojo y nos arde en el corazón, destruimos nuestra propia obra en lo alto. Hemos aprendido también que, cuando el pueblo de Israel tenía tras de sí al ejército de Mitsráim comandado por el propio Faraón, y no tenían escapatoria posible, Hashém les proveyó el milagro de que las aguas del Mar Rojo se partieran a su paso. Mas para que ello sucediera, fue necesaria la circunstancia habilitante, el gesto de invocación de Moshéh, que hundió su cayado en las aguas del mar. Y no sólo ello, sino que nada hubiera ocurrido si Najshón ben-Aminadáv, aún viendo al mar profundo y bravo, no se hubiera atrevido a adentrarse en él, a dejar que el agua le tocara las rodillas, le llegara a la cintura, le cubriera el abdomen y luego el pecho: cuando el agua le llegó al cuello, el mar, por fin, se empezó a partir.
La fe de Najshón venció a la resistencia de las aguas, que no tenían deseo alguno de partirse. Mas cierto es que la fe de un hombre puede mover montañas. Y por eso aprendimos también que, con frecuencia, toca a los justos, a los grandes tsadikím, sufrir lo que individualmente no merecen, para "expiar" las culpas de toda una generación. Preguntaremos: ¿que significa "expiar las culpas"? Y responderemos: cuando un hombre actúa mal, contra la Toráh y contra la enmienda de la Creación, modifica la realidad colectiva: apaga las candelas abajo, y por consiguiente, se apagan las candelasarriba. De igual modo, aprendemos en Ialkút Shim'oní sobre VaEtjanán: ""no pueden, los ángeles del servicio, decir su canto arriba, hasta que Israel dicen su canto abajo". Es la acción de los hombres en su mundo, la que habilita la acción de las existencias superiores en el suyo.
Nuestra parasháh nos enseña el orden vital del pueblo de Israel, unido, cuando el Arón, la estructura que protege y porta las Tablas del Pacto, se encuentra entre ellos; cuando el espíritu de la Toráh se halla en ellos. Durante el día, una nube cubrirá el Arón. Y durante la noche, una apariencia de fuego. Y serán esa nube, y esa apariencia de fuego, las que instruirán también el momento de acampar y el de levantar campamento, y el rumbo a tomar cuando se emprende camino. La bendición de Hashém está concedida, y el camino signado; mas sólo será efectivo si los hombres activan físicamente los mecanismos habilitantes para recibir la bendición.
Gran parte de nuestra parasháh hablará del Arón Sagrado: es a su través que se manifestará Hashém directamente hacia el pueblo de Israel. Ahora en el desierto, saldrá la voz de Hashém de entre los querubím, dirigida a Moshéh. Más tarde, será el mismo Arón el que acompañará a Israel a los distintos campos de batalla, y su presencia producirá el desenlace favorable, una y otra vez, incolucrando a los ejércitos de lo Alto en una guerra que, aún sagrada, tiene lugar en lo bajo.
Leemos, en los comentarios del Ar"í HaKadósh al Zohar de parashát Bereshít, que se esconde un gran secreto entre la palabra "Arón", que denomina al tabernáculo en que se guardan las Tablas del Pacto, y la palabra "Norá", que denomina a la manifestación de Hashém cuando se revela en acción sobre este mundo (he hallado esta cita en el libro "Mima'amakím" de Rav Alexander Arieh Mendelbaum).
En hebreo, "Arón" y "Norá" se componen de las mismas letras, sólo que en orden inverso. La manifestación del "Norá" requiere, para ser recibida, de un recipiente perfecto entre los hombres; requiere que los hombres estemos preparados para recibir y activar la Luz que se vuelca en nosotros. Y el Arón, es el paradigma de esa antena que ha de residir en la acción de los hombres.
"Norá" es manifestación del lazo inquebrantable que une al Creador con su Creación, proyectado en la relación íntima que sostiene Hashém con Israel. Su mayor reflejo es, acaso, el "sueño" de Ia'acóv (Bereshít -Génesis- 28:12): "Y soñó, y he una escalera apoyada en el suelo, y su cabeza" (de la escalera) "llega hasta el firmamento". Esa es la escalera que están, nuestros propios actos, llamados a erigir.
Para terminar: en la clase que dimos esta tarde en el Beit-Midrásh de Ieshivah.Net, hablamos de la tercer brajáh de nuestra principal plegaria: Shemonáh Esréh. Esta tercer brajáh, en la que nos dirigimos a la cualidad de "Norá" del Creador, dice: "Tú Eres Kadósh, y Tu Nombre Es Kadósh, y los Kedoshím..."; para aludir a la condición de "Norá" del Creador, invocamos Su cualidad de "Kadósh", de sagrado, de apartado de lo profano. Y tan importante como ello, hablamos en iguales términos de nosotros mismos, en nuestra vocación de Bien y Verdad, llamándonos "Kedoshím": sagrados.
Y es que, sólo cuando nuestra propia acción nos vuelve "sagrados", tenemos capacidad de recibir el "shefa", el flujo de la Luz de Bien y Verdad que Hashém vierte sobre nosotros, desde su cualidad de "Norá". Sólo cuando somos sagrados, nos volvemos aptos para que Hashém se manifieste ante nosotros y nos bendiga. Sea Voluntad de Hashém que seamos capaces; que la sabiduría de la Toráh ingrese en nuestros corazones; que sepamos sostener, desde el suelo, el pie de la escalera cuya cabeza se afirma en el cielo.
Mi brajáh para vosotros, y el deseo firme de que Ieshivah.Net y toda la labor que allí desarrollamos les sea de crecimiento y disfrute,
daniEl I. GinermanEditor

Matók MiDvásh #31 - Nasó 3765 - ¿Qué te importa a tí, sino lo mismo que me importa a mí?

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXI
Rosh-Jodesh Siván 5765, Parasha't Nasó, desde Jerusalem
Edición dedicada a la elevación del alma de David ben-Teresa, y al brillo de Luz de Torah en las almas de todo Israel
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
¿Qué te importa a tí, sino lo mismo que me importa a mí?
disfruta la clase que "La máxima Bondad se manifiesta en el Rigor" que dimos hace pocas horas: 
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Javerím, queridos amigos, Shalóm:
A propósito de nuestra parasháh, trae el Zohar un relato que se ha hecho muy conocido con el paso de las generaciones: en un barco de pasajeros, uno de éstos comienza a hacer un agujero en el piso. Otro le increpa: ¿Por qué estás agujereando el barco? A lo que el primero responde: ¿Qué te importa a tí? ¡Es en mi espacio que estoy haciendo el agujero!
Nuestra parasháh nos hablará (Bamidbár -Números- 5:6) de un hombre o una mujer que realicen "de todos los pecados del Adám para mentir delante de Hashém" ("lim'ól má'al", en el original, requiere de larga disquisición; hemos preferido traducir desde la versión aramea de Onkelús, que dice literalmente "mentir una mentira delante de Hashém"), y resulten culpables. La aparente amplitud del texto es inmediatamente disuelta por el Or HaJaím, según quien la referencia es, puntualmente, a quien roba o estafa a otro, y con tal de defender su botín en el juicio subsiguiente, está dispuesto a "jurar en nombre de Hashém" su inocencia. Continúa diciendo la Toráh (Bamidbár 5:7): "Y confesarán su pecado que hicieron, y devolverá...".
En el comentario del Zohar, se sorprende Rabí Iehudáh de que, a quien ha robado y ha mentido, le baste con básicamente la confesión, la devolución y una multa, para volver bastante pronto a estar normalmente "en circulación". Quien obra de acuerdo a los criterios del mal en este mundo, al igual que quien taladra el piso del barco "sólo bajo sus pies", genera un daño espiritual y material que nos toca a todos, y aleja de nosotros la enmienda universal, el tiempo de la Redención en que la Luz brillará por fin para todos, irrefutable y en espléndida transparencia. Entonces, si quien así obra está dañando a toda la Creación, ¿cuál puede ser la herramienta mágica que le redime del daño colectivo ya causado? ¿No deberá también, dicha "herramienta mágica" que le redime, enmendar por completo el daño producido a los demás?
Rabí Iehudáh responde a su pregunta con la continuación del mismo versículo: "... y devolverá"; en el original hebreo, "veHeshív", de la raíz de "teshuváh". No se trata de que meramente devuelva lo robado, sino de que realice verdadera "teshuváh": que se arrepienta y vuelva sobre sus pasos y rectifique su camino y enmiende su modo de actuar. Continúa diciendo Rabí Iehudáh que el poder de la teshuváh es magnífico: "metakén", enmienda, el daño producido en el mundo material (por vía de la devolución de lo robado más una multa de compensación), y enmienda también el daño producido en el mundo espiritual.
El mundo camina inevitablemente hacia su "tikún", hacia su enmienda. A cada paso, surgen obstáculos y escollos, fuerzas de la ignorancia y el mal, que deben ser "expiadas", compensadas. Si sus "agentes", si quienes actúan mal, vuelven sobre sus actos y retornan al camino de la Verdad, el daño que han producido "arriba" y "abajo" se enmienda con ellos. De lo contrario, según explica Rabí Ioséf en nombre de Rabí Shma'iáh (Tratado de Shabát 33b), "cuando hay Tsadikím -justos- en la generación, ellos expían por todos (....)".
El "sistema operativo" de la Creación es implacable: "midáh ke-négued midáh", cada medida de mal debe ser corregida por una medida equivalente de bien; a cada acción corresponde una reacción que guarda relación de cantidad y calidad con la acción que la produjo. De tal modo, si la realidad atraviesa "picos de mal" de los que no se responsabilizan sus autores (que no hacen teshuváh ni producen la enmienda urgente), son los hombres más elevados de todos, aquéllos que más mérito guardan y más íntimamente se hallan ligados a la Verdad y la Luz, los primeros que absorberán el "pasivo espiritual" de toda la comunidad; y lo absorberán con la felicidad de estar cumpliendo su misión en este mundo.
Hoy comienza el mes de Siván: el domingo próximo, por la noche, ingresaremos en la festividad de Shavuót, aniversario de aquel día luminoso y terrible en que recibimos la Torah, al pie del Monte Sinai. Dijimos entonces (tú, yo): "Haremos y Comprenderemos". Supimos aquel día, cuando la Verdad era obvia y patente ante nuestros ojos, que sólo comenzando por la acción, accederíamos a la comprensión de la Verdad. Supimos que "Kadósh" significa "sagrado", y sagrado es lo que ha sido "segregado", lo que se aparta, lo que se dedica, lo que se niega a todo cuanto no sea la verdadera razón y meta de la vida (a continuación, muchos años más tarde, vino Edóm e inventó el esparcimiento y el entretenimiento y el ocio para hacernos olvidar lo que debíamos recordar; y antes aún, Aristóteles, para hacernos creer que hay muchos conocimientos distintos, y que nunca llegaremos a una verdadera noción global de lo que Es).
Mas sus engaños tienen corto aliento. Seguimos sabiendo que, si hacemos sagrada la palabra de nuestras bocas, la palabra de nuestras bocas incidirá con bien en el mundo. Si consagramos nuestra mirada (si la apartamos de lo impuro, de lo violento, de lo profano, de lo lujurioso), la mirada de nuestros ojos incidirá con bien en la realidad (y cualquiera ha oído de miradas "fuertes", que producen -Hashém nos libre- enfermedad, o por el contrario, "inexplicablemente" suerte). Si aprendemos el arte de lo sagrado, seremos cuan poderosamente luminosos hemos nacido a este mundo para ser.
La noche de Shavuót se abre para nosotros una nueva oportunidad: en víspera de aprender a decir que "Haremos y Comprenderemos" (óbrese el milagro para nosotros), podemos inaugurar el hábito de abrevar de las fuentes del conocimiento verdadero. El domingo por la noche, es importante que nos dediquemos a estudiar Toráh, a bucear en las palabras sagradas de nuestros sabios y rescatar, de entre ellas, una oportunidad de Teshuváh, de verdadero retorno, de abstracción respecto del ruido informe que nos rodea; de consagración, de asunción del conocimiento imperecedero que nos dice cómo y por qué hemos venido a dar aquí, ahora, con tantos problemas y tanto vértigo sobre nuestras cabezas, con tantas ganas y tanto amor para compartir, con tanta certeza de que nuestra alma sabrá reconocer la circunstancia justa en que todas las interrogantes se resuelven en una espléndida sonrisa; desde la certeza de Shalóm: de paz, de plenitud, de felicidad de saber que nosotros, y los mundos con que interactuamos conciente o inconcientemente de continuo, estamos por fin en armonía, y en posesión del mapa que nos llevará, por fin, hasta el gran tesoro que aguarda a que nos atrevamos a saltar el abismo y descubrirle.
Sea Voluntad de Hashém que así suceda, en el corazón y en el tiempo de cada uno de nosotros.
Mis brajót para vosotros, desde Ierushalaim,


daniEl I. GinermanEditor

Matók MiDvásh #30 - Bamidbár 5765 - Excursión al desierto, o cómo descubrir un camino de certezas eficientes

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXX
Iár 5765, Parasha't Bamidbár, desde Jerusalem
Edición dedicada a la elevación del alma de Golda bat-Shraga, y al Shalóm sin mella para todo quien se sabe y se quiere Israel
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Excursión al desierto, o cómo descubrir un camino de certezas eficientes
disfruta la clase que dimos, hace justo un año, en parashát Bamidbár
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Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Hemos culminado el libro Vaikrá -Levítico-, y nos disponemos a ingresar, en nuestra lectura anual de la Toráh, al libro Bamidbár -Números-, la verdadera traducción de cuyo nombre es: "en el desierto". El "midbár" es el lugar en que se cocinará el "davár", la "palabra" y la "cosa": el nuevo discurso vital de Israel, en el verbo y la acción.
Días atrás, escuché el siguiente relato en una clase de Rav Iosef Najum Shtrom: El Admúr de Pittsburgh subió cierto día a un ómnibus y vio con extrañeza que, tal como frente al chofer había un volante, había otro volante frente al asiento que se encontraba a la derecha del chofer. Perplejo, consultó qué sentido tenía que hubiera dos volantes en el ómnibus, cuando sólo un chofer podía conducir. Le respondió el chofer: "Tengo un hijo hiperactivo, que siempre me pide que le permita conducir; a veces, se arroja incluso sobre el volante, y temo que logre desviar el ómnibus. De modo que solicité a un mecánico que me instale ese otro volante. Cuando mi hijo viaja conmigo, se sienta en ese asiento. Yo conduzco el ómnibus. El mueve el volante, también, para uno y otro lado a su antojo; y cree que está conduciendo".
Tal como la del niño hiperactivo en este relato, es la situación de muchos hombres en nuestro mundo. Creen tener potestad y herramientas eficaces para determinar hacia dónde se debe dirigir la realidad, y para conducirla hacia allí; y se aferran a un volante de juguete que mueven frenéticamente hacia uno y otro lado, sin descanso, sintiéndose los conductores del ómnibus.... Cuando el camino es agradable y las estaciones en que descansa son placenteras, el supuesto conductor se enorgullece de sus propias habilidad y fuerza. Cuando, Hashém nos libre, ocurren accidentes, el "conductor" se siente culpable y frustrado, se entristece y se deprime.  Muchos hay que no salen jamás de esa ilusión ciega: "El hombre es guiado hacia el camino que él mismo desea recorrer", citan a Rabí El'azár en el Tratado de Macót 10b, y a quien no desea despertar, el Creador no acude a interrumpirle la ilusión.
No obstante, barúj Hashém, en la historia y en la vida hay puntos de inflexión; y personas y circunstancias cuyo mérito los produce.
Entonces, sucede de pronto que el conductor iluso dobla su volante hacia la derecha, y el vehículo, desobedeciéndole, continúa su camino hacia delante o dobla en sentido contrario. El conductor acelera y el vehículo frena, o viceversa. O aparece una multitud de volantes distribuidos por todas partes, todos iguales, y todos con pretensiones de control. O desaparecen todos los volantes, y no por ello detiene el vehículo su marcha segura rumbo al destino correcto. Entonces, tras el primer instante de estupefacción, la ilusión del hombre evanesce, y tiene una oportunidad única de despertar a la Verdad.
El libro Bamidbár, en que nos adentramos a partir de esta semana, es el eje que nos prevendrá y nos guiará para no caer en la vana ilusión de decir "Mi fuerza y el vigor de mi mano hicieron  para mí esta riqueza" (Devarím -Deuteronomio- 8:17). Hasta ahora, el pueblo de Israel ha vivido únicamente en régimen de milagros: con maravillas y portentos fuimos liberados de Mitsráim, cruzamos el mar Rojo por tierra seca y recibimos toda la riqueza del ejército egipcio por botín; recibimos agua y alimento desde la rutina de un milagro cotidiano; oímos al Creador hablarnos al pie del Monte Sinai; recibimos la Toráh; y de igual modo sorteamos obstáculos innumerables. No cabía modo de dudar acerca de quién Es el verdadero conductor del vehículo... y no había excusa posible para incurrir en la tentación de la duda.
A partir de ahora, la situación comenzará a tornar hacia una vida distinta. En Bamidbár, comienzan los preparativos que nos llevarán por fin a ingresar a la tierra de Israel, donde deberemos empeñar esfuerzo propio para merecer la cosecha de cada año; donde deberemos luchar contra nuestros enemigos empuñando armas en nuestras manos; donde deberemos, por fin, asumir responsabilidad por nuestro destino. Hasta ahora, en la primer etapa de nuestro tránsito por el desierto, fuimos conducidos por un "chofer" que se reveló ante nosotros y nos dijo: "tú, siéntate tranquilo y descansa; yo te llevo a casa y te proveo todo lo necesario para el viaje". A partir de ahora, la situación cambiará.
Acaso ésto suene contradictorio. ¿Es que a partir de ahora sí pasará a estar, efectivamente, el volante en nuestras manos? No; en modo alguno: el Creador dirige la creación, y el destino de cada una de sus creaturas. Mas si bien "sostener el volante" y fijar el rumbo no será nuestra función en la vida, hay en cada instante, en cada palabra, cada pensamiento, cada acción, una herramienta puesta en nuestras manos para incidir en el recorrido: en cómo será el viaje, en cómo arribaremos a destino, y aún, en la determinación de a qué destino nos tocará a cada uno arribar.
Nuestra parasháh dedica gran atención a ingredientes formales y terrenos de nuestra preparación para el cambio. Tiene lugar en ella un censo peculiar del pueblo de Israel. Asimismo, se dispone la formación en que continuarán su camino por el desierto, cada familia unida bajo su propio estandarte y organizada de acuerdo a la función que le corresponde en el contexto del pueblo todo. Comienza, en fin, a dibujarse una estructura que permitirá, a partir de la Toráh, que retengamos la especial supervisión y protección del Creador, y su guía y ayuda permanente.
El sentido último de todo ésto y cuanto le seguirá es enseñarnos la medida correcta de nuestra "hishtadlút", de nuestro esfuerzo. Tal como dijimos más arriba: "El hombre es guiado hacia el camino que él mismo desea recorrer": ahora, debemos aprender cómo manifestar nuestro deseo de recorrer el camino y qué hacer por merecerlo, para que el Creador complete por nosotros la obra que intentan nuestras manos.
Respecto a cómo debemos actuar, en lo sucesivo, para que la tónica milagrosa de la vida se sostenga en nuestros días, acude a decirnos  Rabi Janina (Tratado de Brajót 33b): "Todo está en manos de Hashém, menos el temor (la conciencia Verdadera de) a Hashém". Si aferramos nuestra conciencia a la Verdad y profundizamos en ella cada día, estaremos cumpliendo la porción fundamental del esfuerzo que se requiere de nosotros, por medio de expandir la Luz de la Verdad, y acercar el mundo material a su consagración espiritual. Tal, el primer indicador de camino.
A propósito de nuestra parasháh (Bamidbár -Números- 3:38) dice Rabí Iosi, citado por el Zohar haNigléh: "En el sitio destinado a los ba'aléi-teshuváh -a quienes recuperaron y retornaron a la Respuesta- en el Mundo PorVenir, ni aún los tsadikím -los justos completos-  tienen autorización de pararse. Porque quienes (estuvieron fuera y) tomaron el camino de la consagración, están más cerca del Rey que nadie más, y atraen sobre sí el Flujo Supremo (la luz más plena, que se traduce tanto en bien material como espiritual) con la voluntad de su corazón, y con una fuerza superior a cualquier otra se aproximan al Creador".
Me adelanto a los comentarios: es un camino duro y difícil hoy, el primer tramo del camino de la fe; los primeros pasos hacia la "Teshuváh", hacia la recuperación de la Respuesta plena y verdadera. Es un camino difícil en el ritmo vertiginoso en que vivimos, cavando cual topos frenéticos bajo nuestros pies para sorprendernos luego de habernos caído. No en vano reclaman las bisabuelas que, en nuestros días, se han perdido "las formas", los "buenos modales"; y la palabra "honor" se arrumba en los diccionarios de arcaísmos. Pero no hay felicidad plena ni duradera en este ritmo y este modo de actuar, ni más que indolencia vana en la libertad de quien camina sin rumbo.
Bamidbár llega este año para decirnos, elocuentemente: aún en las etapas de oscuridad, cuando todo parezca depender de las fuerzas que no tienes, cuando dé la sensación de que el Orden se desarma y de que no quedan garantías, aún en esos momentos terribles para el alma y agotadores para la razón, existe una puerta que espera ser atravesada por tí, y un camino de certezas eficientes se dibuja diáfano tras ella. Y entonces, por fin, ya no necesitarás la ilusión engañosa de que puedes dirigirlo y abarcarlo todo, y tampoco estarás ya más desnudo. Porque sabrás de la forma correcta, y dispondrás de guía y de respuesta, y la maravillosa Luz reservada a lo sagrado nos alumbrará a todos a tu través.
Mis brajót para vosotros, desde Ierushalaim,
daniEl I. GinermanEditor

Matók MiDvásh #29 - Bejukotái 5765 - Ser uno, ser todos: Terminemos el exilio de Israel

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXIX
Iár 5765, Parasha't Bejukotái, desde Jerusalem
Edición dedicada a la completa recuperación en cuerpo y alma de Miriam bat-Tsví y de Mordejái ben-Shéndl, y al Shalóm sin mella para todo quien se sabe y se quiere Israel
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Ser uno, ser todos: Terminemos el exilio de Israel
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
"Si camináis con mis estatutos, y preserváis mis preceptos, y los hacéis", son las condiciones que explicita Hashém, al inicio de nuestra parasháh, para que la bendición destinada a Israel se haga realidad.
Una lectura profunda de las condiciones nos indicará que:
1. caminar "con" los estatutos (jukót), implica estudiarlos, estudiar la Toráh y profundizar nuestro conocimiento de la Verdad cada día, aún cuando las circunstancias no propicien el estudio y la investigación;
2. "preservar" los preceptos: como consecuencia de "caminar con los estatutos", de dedicarse al estudio de la Toráh, la práctica de las mitsvót no se hará pesada ni difícil (dice el Creador a Israel: Yo aseguro que todo quien crezca en sabiduría, su Toráh le salvará de caer en la tentación del Mal). En segundo término, "preservar los preceptos" hace referencia a cumplir todas las mitsvót de "contención", de abstención; todas aquellas mitsvót que requieren abstenernos pasivamente de tal o cual acción o circunstancia;
3. "y los hacéis" refiere, por fin, al cumplimiento de todas las mitsvót "activas", las que requieren acción positiva de parte del hombre.
Hasta aquí, algo de cómo comprenden el "Or HaJaím" y el "Zohar haNigléh" las condiciones del Creador para despertar la bendición sobre Israel, imprescindible para la enmienda y la redención, en un halo de Luz, sobre toda la Creación. Como enseña Rabi Ishma'El (Tratado de Avot 4:5): "Quien estudia para aprender y enseñar, le es dado aprender y enseñar. Quien estudia para ejercer, para llevar a la acción, le es dado aprender y enseñar, preservar y hacer", y a través de todo ello, dar existencia a la Toráh en este mundo. Tal el camino a recorrer.
Intentemos comprender ahora la dinámica del proceso: qué está en nuestras manos, qué debemos hacer, de qué modo producirán consecuencias nuestros actos.
La Toráh describe y jerarquiza la bendición prometida. La bendición es un proceso paralelo al cumplimiento continuo de las condiciones que acabamos de ver. Y cuanto mencionaremos en "plural", en relación al colectivo de Israel, es aplicable idénticamente a la vida particular e individual de cada uno de nosotros.
En una primera etapa, el estudio de la Toráh, la precaución que nos impedirá incurrir en el Mal, y la acción positiva de Bien, atraerán sobre Israel un flujo de riqueza material (abundancia y sanidad de cosechas, y su procesamiento propicio). Pero ya sabemos: a mayor riqueza, mayor tentación. De suyo, cuando vive en abundancia, el hombre tiende a olvidar a la fuente de todo bien, y cae con facilidad en la traición a sus principios. De allí, que no existe una posición "estanca" en el camino de crecimiento espiritual: si uno deja de crecer, comienza a caer. Y el esfuerzo debe ser continuo.
Una vez concedida la abundancia, si Israel persiste en su crecimiento, venciendo las tentaciones que intentarán desviarle del camino, se abre desde lo Alto la bendición del Shalóm: vivir en paz y plenitud; vivir sin miedo. Más que nunca debemos esforzarnos por persistir en la Verdad; tal hemos aprendido en el Tratado de Sucáh 52a: "cuanto más grande se es en Toráh, mayor fuerza cobra en uno el instinto" capaz de desviarnos hacia el Mal. Y lo mismo se potencia con la prosperidad material. ¿Eres rico? ¿Eres sabio? Sé valiente.
Esta prosperidad, la paz, y la belleza de una vida sin miedo, nos habilitarán a recibir la bendición del poder, de la victoria sobre todos los enemigos; y la multiplicación del pueblo, traducida en familias agraciadas con prole numerosa. También vendrá con esta nueva etapa un despertar del instinto, un aluvión cada vez más fuerte de tentaciones del "ietser" que deberemos vencer creciendo en Toráh con más ahínco cada vez. "¿Quién es el fuerte?", se preguntan nuestros sabios en el Tratado de Avót 4:1: "Quien doblega a su instinto".
Y de esta base sólida: de un pueblo viviendo en armonía con el Orden del Creador, en abundancia y seguridad, respetado dentro y fuera de sus fronteras, y creciendo en cantidad y calidad, nace la etapa siguiente, el verdadero salto adelante rumbo a la más alta redención, rumbo a la enmienda cósmica del Orden Sagrado: "y Edificaré Mi Pacto con vosotros" (Vaikrá -Levítico- 26:9), un pacto renovado a partir de la acción de Israel, que nos tornará aptos para recibir la Shejináh, Su Presencia manifiesta y la Providencia entre nosotros: el discurso milagroso de la vida revelado a nuestros ojos, revelado en nuestras manos.

El pacto entre el Creador e Israel se manifiesta de dos modos que, a primera vista, resultan opuestos: bendiciones y maldiciones. Esta semana, viene la Toráh a enseñarnos la necesaria complementariedad entre ambos modos de relacionarse el Creador con nosotros. No está en nuestras manos modificar el rumbo trascendental de la Creación. Pero está en nuestras manos vivir una vida plena de Verdad, o una vida irrelevante, y aún, una vida sumida a la mentira y los pantanos de todo mal. La acción sagrada de cada quien atrae enmienda y redención al mundo. La acción que profana lo sagrado, sólo puede atraer la oscuridad en que hoy vivimos. Que no debe ser entendida meramente por "castigo" sino, antes bien, por provocación, por presión que nos impulsa a comprender. "Todo está en manos de Hashém, menos la irAh, la actitud de temeroso respeto a Hashém" de parte de los hombres, dice Rabí Janinah en el Tratado de Brajót 33b. Si nos conducimos en el camino de la irAh, percibiremos y oficiaremos maravillas.

Como adelanté muchas líneas atrás, cada dicho de la Toráh referido al colectivo, al pueblo entero, ha de ser comprendido también a nivel individual. Sobre cada individuo que tiene conciencia de lo sagrado, que aprende cada día su misión sobre la tierra y se esfuerza en tomar para sí, comprender, practicar y transmitir la profunda guía de la Toráh, recae la responsabilidad de Israel. Tal aparece insinuado, por fin, en el último versículo de nuestra parasháh (Vaikrá -Levítico- 27:34), con el que se cierra el libro Vaikrá: "Estas son las mitsvót que ordenó Hashém a Moshéh, para los hijos de Israel, en el monte Sinai". "Estas" son "las mitsvót": la palabra "hamitsvót", tal como se encuentra escrita aquí (hei-mem-tsadi-vav-tav), tiene el mismo valor numérico en hebreo -la misma "guematria"- que la palabra "Israel". Porque el estado del alma que lleva por nombre Israel, nace del "formatear" la propia vida en la pauta de las mitsvót, y atraer así, Luz de verdad y bendición sobre la Creación entera.
Jazák Jazák VeNitjazék! Despertemos la fuerza, y seremos fuertes.
Mis brajót para vosotros, desde Ierushalaim,


daniEl I. GinermanEditor

Matók MiDvásh #28 - Behár 5765 - No hay quien esté realmente solo, porque sólo te queda lo que has dado

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXVIII
Iár 5765, Parasha't Behár, desde Jerusalem
Edición dedicada al pronto encuentro del alma gemela de Lea Tamara bat-Aliza Rajel, y a su plena felicidad
y a la elevación del alma de Meier ben-Iaacov, de sagrada memoria
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
No hay quien esté realmente solo, porque sólo te queda lo que has dado
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Pocos días atrás, oí de labios de Rav Shlomo Levinstein el siguiente relato: Un hombre fue, viernes por la mañana, con su hijo pequeño a adquirir panes para shabát. Volvían rumbo a su hogar con el paquete en las manos, y preguntó el padre a su hijo: "Dime, ¿cuántos panes llevamos con nosotros?". El hijo abrió la bolsa y contó trabajosamente, con los dedos: uno, dos, tres...., ¡diez!
"Muy bien", ratificó su padre: "Hay diez panes en esta bolsa". Unos metros más adelante, se acercó a ellos un pordiosero suplicando algo de comer. El padre metió la mano en la bolsa, tomó tres de los panecillos, y los entregó al pobre hombre. Ni bien éste se fue, volvió a preguntar el padre a su hijo: "Dime, ¿cuántos panes tenemos ahora?". El hijo volvió a contarlos, y respondió a viva voz: "¡Siete!". "Respuesta errada", dijo su padre. "Tenemos sólo tres. Los siete que están en la bolsa, están provisoriamente con nosotros. Dentro de un rato los habremos comido, y nada quedará de ellos. Pero esos tres panecillos que le dimos a este pobre hombre, quedarán con nosotros para siempre, y estarán con nosotros ante Hashém, como prueba de quiénes somos. Sólo tenemos esos tres".

En parashát Emór, que leímos la pasada semana, se nos dice (Vaikrá -Levítico- 23:10): "... cuando vengan a la tierra que Yo les Doy, recogeréis SU cosecha, y traeréis las primeras gavillas de VUESTRA cosecha al Cohén". Se pregunta Rav Levinstein: ¿cómo explicar esta contradicción, en medio de un mismo versículo?: "Su cosecha" alude a que la cosecha pertenece a la tierra. Pero inmediatamente, "Vuestra cosecha", la coloca en el dominio de los hombres. E inmediatamente responde: la cosecha, el fruto de la tierra, pertenece en principio a la propia tierra. Los hombres tenemos "permiso" de recogerla; un permiso que rige hasta tanto demostremos qué planificamos hacer con lo que se nos ha autorizado a recoger.
¿Cuándo se torna "nuestra" la cosecha? Cuando nos desprendemos de ella, cuando participamos a otros de lo bueno que obra en nuestras manos, cuando llevamos las primeras gavillas al Cohén, y con ello, demostramos nuestra conciencia cabal de que todo lo recibimos de Hashém, y que la abundancia, la riqueza, está en nuestras manos en custodia, para que hagamos con ella el bien. Entonces, "vuestra cosecha". ¿Cuál es la verdaderamente nuestra para siempre? La que damos: el bien que cosechamos merced a la acción de dar.
Esta semana leemos parashát Behár (Vaikrá -Levítico- 25:1-26:2). En su comienzo, habla del año de "shmitáh", el séptimo año (cada año múltiplo de siete desde la Creación), que es el shabát de la tierra. En este año, prohibe la Toráh tanto plantar como cosechar. En el año de shmitáh, el producto de la tierra se torna "hefker", sin dueño, y todos, ricos y pobres, amos y siervos, disponen por igual de él.
Mas no bien recibida la mitsváh, es de esperar que los hombres protesten: "si no vamos a plantar ni cosechar el séptimo año, ¿qué vamos a comer?". A esta pregunta se adelanta la Toráh (Vaikrá 25:21): "Y ordenaré mi bendición para ustedes en el año sexto...": la causalidad del Creador no responde a lo que los hombres saben, y la propuesta es clara: si Israel cumple la mitsváh, el sexto año producirá una cosecha suficiente para tres años enteros: el propio sexto, el séptimo en que no se cosecha, y el octavo, en que no habrá cultivos del año anterior a cosechar.

En segunda instancia, trae nuestra parasháh la mitsváh de "Iovél": cada siete septenios, cada año número cincuenta debe ser consagrado, "y proclamaréis libertad en la tierra para todos sus habitantes; Iovél será para ustedes, y retornará cada hombre a su parcela, y cada hombre a su familia volverá" (Vaikrá 25:10). En este año sagrado, así como se ha soltado el yugo de la tierra en la shmitáh, se libera ahora el yugo de los hombres: quien se haya visto obligado a expropiar su parcela de tierra, o aún a someterse a servidumbre por razón de deudas u otras desgracias, en el año de Iovél recupera su libertad, recupera su tierra. Recupera la dignidad y la vida, y la oportunidad de comenzar otra vez.

Restan las condiciones morales para recibir la brajáh de parte de Hashém. Inmediatamente a estas dos mitsvót, nos dice la Toráh (Vaikrá 25:14): "Y si vendieras a tu prójimo" tu tierra, "o compraras de él: no estaféis uno al otro". Dado que en el año de Iovél la tierra vendida habrá de retornar a manos de su dueño original, la tasación de la misma debe realizarse a partir de calcular de cuántas cosechas podrá disfrutar el comprador, hasta que deba devolver la tierra a quien se la vende hoy. De ese modo: "no estafes" ha de entenderse como "no le induzcas a error", de modo tal que él salga perjudicado y tú te beneficies de su yerro. La mitsváh de no estafar se extiende, tal como explican nuestros exégetas, a todas las áreas del quehacer material.

"Y no estafaréis uno al otro, y temerás a tu E-lokím, porque Yo, Hashém, (soy) vuestro E-lokím", completa en Vaikrá 25:17. El principio y el fin de toda la actividad vital del hebreo están enraizados en la fe, en la conciencia clara y proactiva de su contacto íntimo con la realidad del Creador. La Toráh viene a responder a quien tiene sed de Verdad, y nos enseña cómo ha de conducirse, en los quehaceres mundanos, quien desea ser apto de recibir la más sublime respuesta. La Verdad, en su dimensión más completa, no está al alcance de nuestra comprensión; pero sí nos ha sido concedido practicarla, realizarla (ésto es: hacerla real), aplicarla sobre la realidad de cada instante para enmendar al mundo en que vivimos, que es enmendarnos a nosotros mismos.

"El hombre no fue creado para sí mismo, sino para su prójimo", dice terminantemente Rav Jaim de Vóloyin, discípulo y continuador del Gaón de Vilna. No hay quien esté realmente solo, si adquiere conciencia de la inmensa y maravillosa responsabilidad que tiene para con los demás. Nuestra parasháh trata aún de varios aspectos más de esta ética perfecta en que somos llamados a vivir: en la continuación, se prohibe cobrar interés sobre préstamos de dinero; se prohibe la "mordida" que toma ventaja de quien está en condición inferior; se ordena la protección honesta del desamparado. Y a la hora de las conclusiones, nos promete Hashém: si vuestras vidas son conducidas de acuerdo a todos los principios del verdadero Bien, "moraréis sobre la tierra con seguridad", con tranquilidad, con armonía de esa que tanto nos falta hoy, cuando tanto nos queda por enmendar desde el centro de nuestros corazones hasta la acción de nuestros labios y nuestras manos.

"Labétaj", dice en el idioma sagrado de la Toráh, donde hemos traducido "por seguridad". El valor numérico de la palabra "labétaj" es 49: los siete septenios que debemos contar hasta el Iovél, los 49 niveles de impureza a que habíamos caído mientras fuimos esclavos en Mitsráim, y los 49 de sacralidad que nos toca recuperar en los 49 días del Omer que estamos contando ahora, desde la libertad de Pésaj hasta la gran revelación de Shavuót, cuando deberemos ponernos de pie, a los pies de un Monte Sinai oculto a nuestras miradas profanas, y decir "Na'aséh veNishmá", haremos y nos dispondremos a comprender, desde la acción de bien sin vacilaciones ni temor, el maravilloso milagro de esta vida, que puede ser feliz y plena si así optamos, en nuestro tiempo, en nuestra tierra.

Con mis brajót para todo quien se afirme con nosotros al bien, desde Ierushalim
daniEl I. GinermanEditor