אור חורת בקורות לבו של האדם

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jueves, 5 de junio de 2014

MM # 35 - Jukát 5765 - Todos sabemos que es posible conseguir agua cavando un pozo. Pero, ¿sólo cavando un pozo podremos conseguir agua?

Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXV
Rosh-Jodesh Tamuz 5765, Parasha't Jukát, desde Jerusalem
Edición dedicada a la Revelación de la Verdad a la vista de todos 
Edición Web: Foro Matok MiDvash (nos interesan tus comentarios)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Todos sabemos que es posible conseguir agua cavando un pozo. Pero, ¿sólo cavando un pozo podremos conseguir agua?
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
¿Es posible vivir todos los milagros y portentos, las pruebas y los testimonios que hemos visto desde la salida de Mitsráim, a inicios del libro Shemót -Exodo- hasta ahora en Bamidbár -Números-, y no creer, no vivir en la Verdad con el corazón pleno de felicidad?
"Porque todos los hombres que ven Mi Gloria y Mis Señales que Hice en Mitsráim y en el desierto, y Me probaron ya diez veces, y no atendieron a Mi voz", reclama Hashém en Bamidbár -Números- 14:22; y llegan sus ecos hasta hoy. A lo largo de todas las últimas parshiót de la Toráh, vemos una y otra vez cómo la duda, el miedo, la mezquindad, vuelven a nacer como hierba mala, como plaga, en sectores del pueblo que no logran extirpar de sí la mentalidad de esclavos. Su mente materialista recibe la información de todo lo bueno que les está sucediendo, mas no la procesa. Se alimentan mediante el milagro del mán (el "maná") cada día, por milagro sobrenatural salen victoriosos de cada batalla, por milagro explícito y revelado se acuestan cada noche y se levantan cada mañana. Sus ojos lo ven, sus pieles lo sienten, sus paladares lo gozan. Sus mentes no lo saben. Una y otra vez vuelven a elevar su voz, como en nuestra parasháh, y dicen (Bamidbár -Números- 20:5): "Y por qué nos elevasteis de Mitsráim para traernos a este lugar malo (....) y agua no hay para beber".
Debo reconocerlo: no logro comprender cómo se produce ese vértigo de miedo y frustración que parece sentir una mentalidad materialista cuando la realidad demuestra, de pronto, no estar bajo su control, cuando la apariencia se quiebra y llega la "fatalidad", el "azar", la "suerte" a demostrar que ellos no manejan el mundo, y trae un premio de lotería o un accidente automovilístico (Hashém nos libre) o cualquier otra cosa que disloca la apariencia de control. Si el dislocamiento produce placer, logran en general no cuestionarse nada. Mas, si de pronto, tienen sed "y agua no hay para beber"....
En Occidente, hemos aprendido a eufemizar la oposición entre ellos y nosotros, hablando de "pensamiento mágico" por un lado, y "pensamiento racional" por el otro. Los "racionales" suelen temer a los "mágicos": Los hebreos que gozamos de la Toráh sabemos siempre que hay una realidad espiritual que interactúa con la realidad material, y que no se mueve una sino en virtud de la otra. Por consiguiente, sabemos que muchas veces, el problema del agua no está en el agua, y que la realidad es modificable mediante herramientas muy diversas que no siempre aparecen como "lógicas" a nuestra capacidad de pensar. Sabemos, igual que los materialistas racionales, que se puede conseguir agua cavando un pozo. Pero también sabemos (y ellos ignoran) que, algunas veces, es el verbo la herramienta que debemos utilizar para sacar agua de dentro de la piedra.
La lógica binaria no alcanza para comprender la realidad. Un plato de lentejas puede representar solamente "un plato de lentejas" ante una percepción pobre de esas que se llaman "realistas"; el mismo plato de lentejas es representación de un universo de sentidos con los que interactúa, desde la semántica "mágica" de la Toráh. La diferencia en los resultados es enorme: para esa percepción "realista", la ausencia del plato de lentejas es fatal. Para nosotros, siempre está todo en su sitio, y siempre hallamos lo que debemos hallar exactamente donde corresponde.
Repasemos los sucesos: El pueblo de Israel, en su camino por el desierto, ha dispuesto de agua hasta ahora merced a un pozo que milagrosamente se traslada con ellos, y da siempre buenas aguas que beber. El pozo está con ellos por mérito de Miriám, hermana de Moshéh. Al culminar la vida física de Miriám, el pozo desaparece con ella. Hasta ahora, ha sido milagrosa la solución de la sed. De pronto, esa solución se ausenta, y las palabras del pueblo diciendo "Y por qué habéis traído a la congregación de Hashém a este desierto a morir" (Bamidbár -Números- 20:4) parecen indicarnos que ya no tienen fe en que haya ninguna otra solución para su sed. De pronto, se ha dislocado su realidad, la previsibilidad se rompe, y el miedo y la frustración les ganan la batalla íntima sin siquiera luchar. Ni aún viviendo inmersos en un milagro constante, son capaces de soñar con el milagro que inmediatamente acudirá a resolver su problema.
Siempre se me hace difícil comentar esta parasháh. Miro con perplejidad a toda esa gente que ha visto maravillas sin cesar, que ha cruzado el Mar Rojo entre dos murallas de agua, que ha visto a esas murallas aplastando luego al ejército de Mitsráim. Miro atónito a todas esas familias que estuvimos al pie del Monte Sinai, y que de pronto, ante cualquier desafío a la previsibilidad, nos desesperamos y reaccionamos tontamente, y agraviamos a Hashém una y otra vez, y no decimos "tenemos sed" sino "por qué me has traído a morir aquí donde no hay agua"... y no aprendemos la lección.
Siempre se me hace difícil comentar esta parasháh, porque cierro los ojos y me encuentro allí, entonces, y aquí hoy, en el mismo discurso, en el mismo problema moral. Veo cómo el pueblo judío estuvo amenazado de extinción no tanto tiempo atrás, veo cómo milagro tras milagro la dirección del destino se revirtió, cómo comenzamos a volver a nuestra tierra, cómo comenzamos a reunirnos aquí proviniendo de todos los extremos del mundo. Veo cómo tantos miles de judíos incrédulos llegaron a Israel sosteniendo un discurso insostenible ("en nombre del pueblo judío y de la historia judía y de la heredad judía: ¡liberémonos del judaísmo!") y aún así, ocurrieron desde el primer instante milagros a su servicio: ganaron guerras racionalmente imposibles, generaron riqueza y un ejército poderoso, el árido desierto se desgranó en flores y frutos fragantes para ellos; día tras día, año tras año, se sucedieron los milagros: victorias militares ridículas de un punto de vista racional, eventos de la naturaleza doblegados mágicamente para que la tierra produzca lo que no es esperable de ella, etcéteras por millares cada minuto. A cada minuto, una oportunidad de superar la mezquindad de la mentalidad materialista, y avenirse a la felicidad de un camino sembrado de soluciones milagrosas para caminar rumbo al propósito trascendental de nuestras vidas.
El pueblo de Israel, barúj Hashém, volvió a crecer y prosperar, saltando de milagro en milagro, hoy como entonces. En la tierra de Israel, no verlo requiere un esfuerzo enorme sin duda. Y sin embargo, hay una parte importante del pueblo de Israel que flota en el pensamiento ruinoso de esas mentes esclavas con que salimos de Mitsráim, aún hoy como ayer. Parte de nuestro pueblo que, tal como sucedió cuando caminábamos entonces por el desierto, se acostumbró a los milagros cotidianos y los atribuye ya implícitamente a su derecho natural. Los vive, los disfruta, los aprovecha, pero no los sabe, no los advierte. Y por consiguiente, tampoco los agradece. Sus mentes no dialogan con la realidad de los milagros, con la realidad de la Hashgajáh (supervisión y conducción) de la realidad por parte de Hashém. Sus ideales materialistas murieron por cuenta propia. Se les murió la idea socialista entre los dedos, mientras ya agonizaba la idea de un sionismo exento de judaísmo. Se aburguesaron como pudieron, materialistas al fin, y muchos de ellos prosperaron. Pero, pobres y desdichados, no tienen en qué creer, no tienen qué esperar, no creen en nada, no tienen ejemplo alguno que dar a sus hijos. No saben para qué viven, y tienen miedo de preguntárselo. Sus hijos nacieron sin el recuerdo siquiera de los ideales muertos. Algunos, por gracia de Hashém, logran romper la costra de indolencia y llegan a las puertas de la Respuesta y reclaman su Toráh para sí. Pero muchos se pierden por el camino, intentando retornar a Mitsráim cuando falta el agua por un día; porque carecen de las respuestas, y muchas veces, carecen también de las preguntas y aún del deseo de preguntar. Y eso merece nuestro llanto. Porque no han aprendido a amar la idea de, por fin, ser libres, ser elevados, ser íntegros: Ser sagrados.
Todos sabemos que se puede conseguir agua cavando un pozo.  En nuestra parasháh, el pueblo protesta y se desespera porque se suspendió un milagro que daban por permanente y, de pronto, sucede que no hay agua. Hashém ordena demostrarles que no sólo cavando un pozo se puede abrir un manantial sino que, desde una vida sagrada, también la palabra puede hacer brotar el agua desde el seno de la piedra.
Más tarde, aún en nuestra parasháh, el pueblo vuelve a rebelarse y protestar por la incertidumbre de su sustento y Hashém lanza una invasión de serpientes (Bamidbár -Números- 21:6) que muerden y matan. El pueblo se mira en el espejo del castigo y advierte el pecado cometido; y Hashém ordena el antídoto para la mordida de las serpientes (Bamidbár -Números- 21:9): "E hizo Moshéh una serpiente de cobre (....) y si mordía la serpiente a un hombre, él miraba la serpiente de cobre y vivía" (valga decir que este versículo es intraducible en profundidad, pleno de secretos en su original hebreo). Si antes se nos dijo que hablando es posible modificar la realidad, ahora se nos añade que también la visión modifica la realidad: "ver" un objeto determinado hace la diferencia entre vida y muerte en este momento del tránsito por el desierto.
Es que, como hemos advertido tantas veces, la realidad espiritual y la material se encuentran en interacción permanente; quien ignora cualquiera de ambas mitades, lejos está de poder comprender siquiera su propia existencia, y ajena le será siempre la verdadera felicidad. En nuestra parasháh, el fracaso del pueblo está en el miedo, y el error de Moshéh en su enojo (Bamidbár -Números- 20:10). Hoy también hay, entre nosotros, quienes tienen miedo, quienes no ven más allá de sus propias cantimploras. También hay entre nosotros quienes, en nombre de la Verdad, ceden a la tentación del enojo. Y forzosamente, tenemos que aprender la lección.
Lo esencial es no tener miedo. No temer empezar de nuevo. No temer hacer por fin lo correcto, por más lejano que parezca. No temer el reconocimiento del error. Abrir de pronto los ojos y descubrir que, allende el pensamiento "realista" y "racional" que no se basta para explicarnos la realidad y menos aún el sentido de la vida, hay una Respuesta plena para todas las interrogantes; hay un código que nos permite desentrañar el sentido de todo de modo perfecto. Un código que nos brinda el sentido profundo y verdadero de todo, de modo coherente y consistente, e ilumina el rumbo y el propósito de nuestras vidas. Está en nuestras manos tomarlo, para construirnos y construir con él. Y entretanto, propiciar que la maravilla del milagro cotidiano se superponga a tanta desdicha que nos oprime, y empezar, con permiso del Creador, a producir la verdadera Redención.
Quiera Hashém que sepamos hacerlo. Shabát shalóm,
daniEl I. GinermanEditor

miércoles, 7 de mayo de 2014

Matók MiDvásh 10 - Mishpatím 5764

bs"d
Matok MiDvash
"Matók MiDvásh"

prensa electrónica de Ieshivah.Net,desde Jerusalem y Sefarad
Edición No. X - Shvát 5764, Parashát Mishpatím
http://www.ieshivah.net/ediciones/10/
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Nuestras ediciones anteriores: 01 , 02 , 03 , 04 , 05 , 06 , 07 , 08 , 09
Esta edición es dedicada a la sanación plena en alma y cuerpo de Abrahám ben-Janáh, Iaél bat-Iakút Saráh y Iehudah Arieh ben-Abraham
Dedica Matók MiDvásh
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Indice:
* A modo de editorial: Las nupcias entre Creador y Creación: el secreto de la Consagración
* ¿Qué es un esclavo, y qué es un hombre libre?, por Rav Rajamim Cohen
* Esclavo de D's; nunca esclavo de esclavos, por Rav Dorón Rosilio
* Leyes para atrevernos a comprender, por Rav David Meir
* El Shabát que guarda nuestras vidas, por Rav David Or haCohen
* Los "días por venir", o el fin de estos tiempos (III), por Rav Natan ben-Jaím

* Suplemento Matók MiDvásh para niños y jóvenes. Estamos reformulándolo para hacer viable su producción y distribución desde la pequeña infraestructura con que contamos. Agradecemos el magnífico eco que ha despertado, y esperamos poder ponerlo nuevamente a vuestra disposición la próxima semana. Si deseas colaborar en su viabilización, o recibirlo por e-mail, y/o si te interesa distribuirlo, ya por e-mail o impreso en tu colegio u comunidad, contáctate con nosotros.







Parasháh de la Semana: Mishpatím /  Shemót (Exodo) XXI,1 -XXIV, 18
Mishpatim

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Imprime "Matók MiDvásh" para leerlo más cómodamente, y compártelo donde pueda hacer bien.
Si no deseas recibirlo más, sólo dínoslo a remover@ieshivah.net
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A modo de editorial:
Las nupcias entre Creador y Creación: el secreto de la Consagración

Queridos amigos:

Alistándonos para recibir la Toráh en el Sinai, llegamos por fin a parashát Mishpatím, donde se establecen las "reglas de juego" que deberá cumplir el pueblo de Israel para merecer el favor del Creador.  Estas reglas, que aprenderemos en lo sucesivo de toda la Toráh y, por mandato de ésta, de las palabras de nuestros sabios, conforman el código vital que rige la vida de quien sirve a D's, quien se libera de toda servidumbre material, de toda esclavitud a las fuerzas de este mundo, y en el grado mayor de libertad a que puede aspirar un hombre en esta vida, funde su vida en el Plan de la Creación, en la voluntad del Creador; y a la Verdad consagra su acción, su pensamiento y su sentir.

Mas la relación entre el Creador y el pueblo de Israel es también comparable a la de un matrimonio, como leemos en el más sagrado de los textos que acompañan nuestra vida: Shir HaShirím, el Cantar de los Cantares.


al mishkaví

"Sobre mi lecho por las noches pido al que ama mi alma; lo busco y no lo encuentro", dice el pueblo de Israel al Creador, al inicio del capítulo III. Porque ésto mismo que, a la hora de salir de las opresiones bajas, llamamos "la más alta servidumbre", cuando logramos ingresar en ella, deviene la más deleitable consagración. Mirado desde muy afuera, ser "esclavo de D's" puede parecer, meramente, otro modo -indeseable como todos- de esclavitud. Pero cuando uno se atreve e ingresa al templo, por vía de tomar sobre sí todas las reglas que reconfigurarán la propia vida, halla que, en realidad, no hay más bella, intensa y verdadera oportunidad en esta vida que la de esa unión, esa fusión, esa consagracion plena; modelo del matrimonio en la Toráh de Israel.

El matrimonio en el judaísmo incluye un paso previo: los "irusín", el compromiso entre las partes, cuando se sientan todas las normas que regirán la construcción de un destino unido para los contrayentes. Parashát Mishpatím, en los prolegómenos de la ascension de Moshéh al monte Sinai en que se producirá el "ijúd", la unión completa y definitiva, es precisamente eso: los "irusín" entre el novio y la novia, D's e Israel, y a su través, los mundos Superiores con los Inferiores. Sentadas las bases, será propicio que suba Moshéh a la montaña y en nombre de todo el pueblo que ha comprometido su aceptación del pacto, contraiga las nupcias que es nuestro trabajo cada día manifestar en realidad.

A lo largo de las notas que siguen, leeremos tanto acerca del deleite como de la esclavitud. Veremos la unión entre el Creador y nosotros, tanto desde la visión de quienes acababan de abandonar la esclavitud de Mitsráim, como desde el deleite de la unión consumada, desde el maravillamiento por la insondable belleza de la Verdad, y la gratitud por verla manifiesta en nuestra vida. Y comprenderemos que el devenir permanentemente milagroso de la vida nos constituye en una suerte de  "ejército de élite" a cargo de gobernar la naturaleza, y doblegarla de acuerdo a las necesidades del Plan trascendental de la Creación. Como dirá más abajo Rav Dorón Rosilio: "esclavo del Creador, y no esclavo de esclavos".

Que sea para vosotros luz, voluntad y bendición.
Shabát Shalóm desde Jerusalem,


daniEl I. Ginerman
editor@ieshivah.net



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AGENDA DE CLASES EN EL BEIT-MIDRASH VIRTUAL DE IESHIVAH.NET
Estamos reformulando la agenda, incorporando nuevos morím y áreas de estudio. Por aportes y sugerencias, o para recibir anuncio de los cambios y novedades el día en que ocurren, escríbenos a beitmidrash@ieshivah.net.
Entretanto, disfruta de las clases programadas, y de las que irán incorporando en el correr de los proximos días. Todos los shiurím están siendo grabados, y se encuentran a tu disposición dentro del Beit-Midrásh.



Martes, a las 18 hs. de Israel (15 hs. en Argentina, 11 hs. en México, 17 hs. en España):
Clase sobre Purím:  tema y moréh a confirmar.
Miércoles,  a las 18 hs. de Israel (15 hs. en Argentina, 11 hs. en México, 17 hs. en España):

Parashát Hashavúa, con daniEl I. Ginerman
Jueves, a las 18 hs. de Israel (15 hs. en Argentina, 11 hs. en México, 17 hs. en España):
"El Sendero de los Justos" (Mesilát Iesharím), con Rav Guideón Muzykanski

Solicita información a beitmidrash@ieshivah.net, Y
VISITANOS YA EN http://www.beitmidrash.org/,
DONDE NUESTROS RABANIM ESPERAN TU PRESENCIA.

¡ATENCION! ¡PLAZAS LIMITADAS!
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FORO POR E-MAIL PARA LOS LECTORES Y PARTICIPANTES DE MATÓK MIDVÁSH!
LEE LOS MENSAJES DESTACADOS DE LA SEMANA (PRESENTACIONES, PREGUNTAS Y RESPUESTAS) AQUÍ, E INSCRIBETE ENVIANDO UN E-MAIL A ortora-sefarad@montesinai.net
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¿Qué es ser un esclavo, y quién es un hombre libre?

por Rav Rajamim Cohen, ravrajamim@banayichzion.com

En nuestra parasháh, Moshéh enseña al pueblo de Israel acerca de la necesidad de nombrar "daianím" (jueces / intérpretes de la ley), que administren justicia y establezcan el dictamen de la Ley. Y a continuación, pasa nuestra parasháh a enseñar acerca del dictamen de la Toráh para cada caso en una gran variedad de temas, tal como fue transmitido por el Creador a Moshéh, con minucioso detalle que queda claro en la expresión: "... que pondrás ante ellos": tal como lo explica Rashi, significa que las leyes que vienen a continuación están dispuestas como una mesa lista para el banquete, ante la cual sólo hay que tomar asiento y disfrutar del manjar.


Asher Tasím

La primer noción que queda clara a partir de nuestra parasháh es sencilla, y de alcance tremendo: hay Ley, y hay Juez. No puede un hombre decirse "ya que nadie me ve, puedo hacer lo que antoje mi corazón", porque tras partir de este mundo, habrá cada uno de presentarse ante el Supremo Tribunal en el Reino Superior, y declarará -y será juzgado- por cada acto y por cada omisión.

Concentrémonos en la primera ley pronunciada en esta parasáh, entregada al pueblo de Israel a través de Moshéh, y que trata del "eved ivrí": el esclavo hebreo. Y comienza diciendo: "Cuando adquieras -o tomes posesión de- un esclavo hebreo...."...


Ki Tiknéh

La primer pregunta que obviamente nos surge es: ¿De dónde sale esta idea del "esclavo hebreo"? ¿Es que no son todos los hebreos hombres libres?

Y viene la Toráh con esta ley y nos advierte que existe la posibilidad de que el hebreo arribe a una situación en la que deba venderse a sí mismo a un amo, y servirle como esclavo. ¡Una idea durísima!

No hay quien no se resista naturalmente a la idea terrible de que alguien debe someter su vida al arbitrio de otra persona, y deba privarse de hacer nada sin solicitar su autorización; y llevar a cabo cuanto su amo le indique sin protesta ni cuestión. Y ésto durante toda la duración de la esclavitud (que tiene por máximo seis años), sirviendo a tu amo cada día sin el menor albedrío.

Acudiremos al sustento de esta ley, para hallar su aplicación en nuestras vidas.
Este mundo en que vivimos es una realidad confusa, vertiginosa, y que llama al error. Por un lado, no percibimos al Creador, que ha "desaparecido" de nuestros ojos. La palabra "olám" (mundo, en hebreo) tiene por raíz "hélem" (ocultación, desaparición).
Y si no bastara con ello, este mundo está lleno de tentaciones que nos atraen hacia sí y apetitos que exigen ser satisfechos; y de tales tentaciones y apetitos tomamos la sensación de que en ellos hallaremos el verdadero disfrute y el más intenso deleite, y que sólo con y desde ellos podremos arribar a una "buena vida".

De resultas, nos convertimos automáticamente en esclavos de instintos y apetitos, y no perseguimos sino lo que ellos nos indican de continuo.

Un hombre que elige libremente una vida basada en la Toráh y sus mitsvót, y que toma sobre sí la decisión de servir al Creador, y lo hace a través de conformar su vida entera a través del ejercicio sagrado de lo que la Toráh ordena, es, en términos humanos, un ser libre. Más aún: es el único ser libre, desde que no está sometido a nada que quede por debajo de él.

De ahí que el hombre tiene capacidad de libre elección. Puede decidir ser verdaderamente libre, estado que conseguirá únicamente a través del camino de la Toráh y las mitsvót -y dentro del camino, en la senda connatural a cada uno-; o puede elegir, desde su libertad también, entregarse por esclavo a los apetitos e instintos, a los premios ilusorios de las fugaces tentaciones de este mundo.

Para terminar, una advertencia de nuestros sabios: en la guerra que emprende cada uno para gobernar y doblegar al instinto, es necesario portar, "por cada cucharada de despertar -de luz que se es capaz de absorber-, un balde completo de firmeza", de fuerza aplicada a no dejarse desviar del propósito, y ser precavido y presto a cada paso desde la conciencia del único verdadero crecimiento, y la única verdadera libertad.



Rabi Janania
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Esclavo de D's: nunca esclavo de esclavos

por Rav Dorón Rosilio, ravdoron@banayichzion.com

La parasháh Mishpatím encierra en su interior los fundamentos del jucio y los órdenes legales de la sagrada Toráh. Leyes relativas a daños, a multas y compensaciones, al robo y al extravío, son explicitadas en ella. El pueblo de Israel es joven, apenas si acaba de nacer, ha salido recién de la esclavitud rumbo a la libertad, y da sus primeros pasos protegido y guiado por los "ananéi kabód", las nubes de la majestad y el honor, abrigado más aún de lo que lo está un recién nacido en brazos de sus padres.

Debemos ser concientes de que las leyes de la Toráh son Divinas: perderemos su verdadero valor y magnitud si intentamos medirlas y comprenderlas a través de nuestro limitado intelecto humano, por mayor inteligencia de que se nos haya dotado. Podemos, sí, profundizar en su conocimiento, emocionarnos, latir con ellas, aprehenderlas en nuestra vida, maravillarnos en ellas. Y cuando nos parece que un juicio que nos atañe arriba a su dictamen de modo injusto, debemos reforzar la conciencia de que ante el dictamen Divino nos hallamos, siempre, cual acepta un esclavo el veredicto de su amo sin protestar.

Y obviamente se relaciona con ésto el que nuestra parasháh comience con las leyes relativas al hombre y la mujer hebreos en situación de servidumbre, que forman parte de una conformación social maravillosa, que merece especial estudio y atención. Por lo pronto, me interesa ingresar en la lectura "oculta", en el código más íntimo inscripto en esta parasháh. Dice el Zohar que en esta exposición se encuentra, de modo "cifrado", todo el funcionamiento del sistema de reencarnaciones; ésto es: de circulación de las almas a lo largo de su proceso vital entre éste y el otro mundo.

Hay un fundamento en cuanto se relaciona con el juicio, que podemos sintetizar así: "De nada dispone el juez para su juicio, sino de lo que sus ojos ven". El veredicto se apoya sobre evidencias claras y tras investigación exhaustiva de testigos y testimonios. Y aún si resulta "incorrecto en términos reales", por no disponer el juez de más herramientas de juicio que "lo que sus ojos ven", la profundidad del juicio (y la validez del veredicto) se sustentan en ese camino que recorremos de generación en generación, de vida en vida, a cuyo largo la Verdad absoluta rige y determina y respira y actúa en un marco mucho más amplio que el que somos capaces de percibir, desde nuestro pequeño segmento presente, con estos ojos. No vemos lo que el juez ve, porque estamos insertos en el tema del juicio y carecemos de herramientas y perspectiva, y sólo el Creador tiene las respuestas, y no podemos sino aceptarlas con amor.

Y en nuestras manos puso parashát Mishpatím, para que sepamos en base a qué normas dictar sentencia en este mundo. Y hecho de acuerdo con estas pautas, el juicio es Verdad, aún si no me lo parece en el momento, y aún si sé claramente que soy perjudicado por un error puntual evidente: en la perspectiva que da "todo el tiempo a la vista", no hay sino una justicia perfecta, a cuyas causas y efectos infinitos no accede ni aún nuestra imaginación. Mi percepción no es sino un punto ínfimo en el flujo de la vida. Y no puedo, en este punto, sino retornar a hablar de la fe.

Yo tengo fe plena en que D's dirige su Creación hasta en sus más mínimos detalles, con una atención y supervisión maravillosas, y sus cálculos son sutiles como el grosor de un cabello, y precisos en el máximo de precisión. Yo recibo el veredicto con amor, puesto que sólo el Creador es juez, y no hay más juez que El.

Yo sirvo a D's y no a otros sirvientes. Servir, ser esclavo de D's es manifestación de una absoluta y completa anulación de mi ego para hacer lugar a la manifestación de Su voluntad en mí; porque sé que cuanto proviene del Creador tiene valor absoluto, independientemente de mi capacidad de comprenderlo. Esa es la posición del judío creyente: es un esclavo de D's.

Tengo cuentas y asignaturas pendientes que arrastro conmigo a este mundo desde otras vidas, y cada instancia del juicio guarda relación con lo puntual y con lo global, con quien soy, quien fui y quien seré de uno a otro extremo, y nada está oculto "a los ojos" del único Juez.

Sabed, hermanos queridos, que presento estas cuestiones en apretada síntesis aunque no son sencillos, porque confío en la chispa íntima que guarda en su interior todo hebreo, todo hombre de fe; y sé que arderá en vosotros y se erigirá en verdadera llama a partir de un indicio de verdadera luz. Y entonces, camino junto a vosotros el camino en que la percepción y la concepción de la vida cambia por completo.

Debemos creer en cada instante de cada día en que cada acontecimiento que nos involucra es desencadenado por causas y objetivos que escapan por completo a nuestra percepción, y que sabemos qué hay que hacer, y que no podemos juzgar al Juez; sino que debemos creer con fe plena, sabernos esclavos de D's y anhelar de El la verdadera Redención. Como dice la Toráh: "Hijos sois para D's vuestro E-lokim".

Con amor,
Dorón

Baním Atém 

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Leyes para atrevernos a comprender

por Rav David Meir, ravdavidmeir@banayichzion.com

Las leyes de la Toráh se dividen en dos grandes grupos: los llamados "jukím" (normas constitutivas) y los llamados "mishpatím" (juicios). "Jukím" son aquellas leyes que si no fueran ordenadas por la Toráh, no nacería en el hombre formularlas (como las reglas de "shatnez" que prohiben ciertas mezclas de tejidos, o la mitsváh específica relativa a la "paráh adumáh", la vaca colorada). "Mishpatím", por su parte, son leyes que el hombre podría haber deducido y formulado por cuenta propia, como la prohibición del robo u la del asesinato.

Se pregunta Ibn-Ezra en nuestra parasháh, por qué comienza ésta, llamada precisamente "Mishpatím", con las leyes relacionadas al "eved ivrí": el hebreo en condición de esclavitud. Y habiendo aprendido de su pregunta que el tema merece profundización, intentaremos aproximarnos a él por vía del "drásh".

La Toráh viene aquí a enseñarnos, por vía de comenzar sus "mishpatím" con los atinentes a la condición del esclavo hebreo, que el fundamento de nuestro vínculo con las leyes de la Toráh se halla en nuestra propia condición de consagración a ella; de una consagración en que disolvemos la fuerza de nuestro ego en beneficio de lo trascendente, y nos asumimos esclavos en términos de "servidores de la Verdad". Por vía de someter nuestra limitada mente humana a los criterios de la Mente Divina, superamos el mayor nivel a que podemos arribar desde nuestra desorientación e ignorancia cuando solos, y arribamos a la gloriosa servidumbre del Reino Superior.

Por añadidura: en cada ley de los "mishpatím" de la Toráh, hallamos incluidos cercos conceptuales y detalles y explicaciones asequibles por el intelecto, que configuran de modo nuevo y superior el entendimiento de nuestra mente, y le preparan para la comprensión de los "jukím", las normas constitutivas que en modo alguno podríamos adivinar o intuir, y que pasan a ocupar un lugar que, sin ellas, se evidenciaría vacío. Gracias a ésto, logramos adquirir la luminosa conciencia de la integridad trascendental de la Toráh, del idéntico valor de cada una de sus letras y cada cual de sus detalles, y desde esta conciencia fundamental, somos capaces por fin de atrevernos a la comprensión íntegra de lo que la Toráh tiene para decirnos, en segunda persona, a cada uno.



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El Shabát que guarda nuestras vidas

por Rav David Or haCohén, ravdavidor@banayichzion.com

Dicen nuestros sabios de bendita memoria que la profanación del Shabát equivale al ejercicio de idolatría, guárdenos de ello el Creador. Porque profanar el Shabát es vivir su tiempo como se viven los otros días de la semana, esclavos de las mismas inquietudes, impulsos y preocupaciones, y aún de la influencia de los cuerpos celestes: en este caso, de Saturno, planeta regente del día. Y Israel tiene por capacidad y mandato sobreponerse a todas estas influencias, a todas estas limitaciones, y especialmente en Shabát, acceder a una vida trascendente cuyas reglas están por encima de aquéllas que conocemos como "de la naturaleza".

Quien recibe para sí la Toráh dispone del camino para unirse íntimamente al Creador y Redentor, y tiene el deber de transitarlo, disfrutando y deleitándose del brillo y la bendición que atraerá sobre sí; que llega a su punto cúlmine cada semana, durante la consagración del Shabát. Todo quien cuida del Shabát con esmerado detalle, aún si en los días profanos ha cometido faltas atribuibles incluso a prácticas idolátricas (como ser, por ejemplo, el mero privilegiar en los hechos cualquier ley sobre la Ley), "recibe su heredad sin pasar por Mitsráim", aprehende la libertad sin pagar por ella el precio de la opresión, se eleva sin descender, vive el bien sin cumplir la prueba previa de conocer el mal. Y de este modo, recibe en este mundo cuanto necesita y merece para su vida, y lo adquiere sin sufrimiento ni pesar.

Tal la importancia del cuidado del Shabát: tal la verdad que está en nosotros saber, acerca de cómo el Shabát cuidará de nosotros.



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Los "días por venir", o el fin de estos tiempos (III)


por Rav Natan ben-Jaím, ravnatan@banayichzion.com

Dijeron nuestros sabios sobre los días del Mashíaj: "Y dio la tierra su fruto", no del modo que conocemos, sino como fructificaba en los días de Adám: en el mismo día de la siembra, se recogerá el fruto de lo sembrado. "Y los árboles del campo darán su fruto", tampoco a través del proceso que nos es familiar, sino que, al decir del Mahará"l, el mismo día en que un árbol sea plantado llegará a fructificar: tal como sucedía en los tiempos de Adám, el primer hombre. Más aún: según la profecía, "será pan salvaje de la tierra"; ésto es, que la tierra dará pan, caliente y listo para el consumo.

El Rambá"m prefiere tomar la profecía en sentido metafórico. Así como se dice "halló pan caliente" de quien encuentra algo listo, opina que la profecía está indicando que todo estará al alcance de la mano, que el alimento será de fácil acceso, mas no que literalmente dará "pan caliente" la tierra.

Asimismo, estudiamos de Hiljót Shimoní que en los días del Mashíaj, acabarán los litigios por temas materiales, desde que si un hombre reclama a otro cualquier valor, hallarán de camino al juzgado piedras preciosas con las que el deudor cumplirá simbólicamente su deuda y dará por acabado el litigio.



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